sábado, 25 de septiembre de 2010

Educación, un árbol sin sombra

Ela Urriola

Cada amanecer confirma nuestra condición de país de las improvisaciones. En esta ocasión no haremos referencia al caos de la vida cotidiana; a la ineficiencia del transporte ni a la falta de efectividad de la campaña contra la violencia; nuestro motivo es la improvisación materializada en algunas de las autoridades que nos representan.

La Real Academia define autoridad como: “Poder que gobierna o ejerce el mando. Potestad, facultad, legitimidad. Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad y competencia en alguna materia…”.

De suerte que autoridad, legitimidad y competencia están ligadas a las figuras que ejercen el poder ya sea este político, religioso o académico. Lo cual valida la frase de Confucio, “el hombre superior no lo es por jerarquía sino por moral”.

Hace unas semanas la ministra de Educación declaró en un canal de televisión, refiriéndose a la reestructuración del sistema educativo, que “no serían reuniones donde se va a filosofar durante meses”.

La pregunta es ¿qué autoridad o competencia refleja la ministra de Educación si se expresa despectivamente de la más antigua de todas las disciplinas, denotando un desconocimiento no sólo de los vínculos históricos, sino también teóricos entre la educación y la filosofía? Comprendemos que esto lo manifieste un humilde vendedor de bocadillos en la acera, debido a las limitaciones que han marcado su vida, pero que así lo exprese la máxima autoridad en materia educativa es inaudito, por no decir escandaloso.

El acto de “filosofar” está relacionado directamente con “el pensar”, es la reflexión lógica –no las pasiones, voliciones o impulsos– la que toma el papel protagónico en la conciencia y extrae de esa experiencia conclusiones racionales, válidas para todas las circunstancias posibles. En particular, cuando se trata de la educación de todo un pueblo las opciones deben ser producto de una reflexión metódica que analice todas las aristas y situaciones de manera que los correctivos entre la teoría y la acción sean mínimos y los efectos colaterales afecten la menor cantidad de actores.

La planificación educativa no es para hacer “cosas hermosas” que satisfagan el ego de una autoridad, como tampoco para proclamar que “hacemos historia” con una placa en una escuela; su finalidad es desarrollar un proceso de conocimiento integral que convierta a nuestros niños y jóvenes en ciudadanos, es decir, en hombres y mujeres morales, capaces, reflexivos, solidarios y, sobre todo, con una elevada dignidad personal como condición precedente a la formación profesional, que debe ser la otra instancia del componente educativo. Ignorar este contexto en el currículum educativo es suplantar la sana competencia por el conocimiento por la patética consiga “pelea por tu beca”.

Está de más señalar que desde sus orígenes la filosofía estuvo vinculada a la educación –Sócrates, Platón y Aristóteles– fueron los primeros filósofos de la educación al introducir objetivos, métodos y sistema a sus enseñanzas, básicamente moral. Que los forjadores de la educación en el medioevo fueron los más insignes filósofos del cristianismo –San Agustín y Tomás de Aquino–; la educación de la modernidad fue el producto de pensadores de la Ilustración como Diderot, Montesquieu y Rousseau; los conceptos doctrinales de la educación en la sociedad contemporánea fue concebida por filósofos destacados en otros campos como John Dewey, William James y Alfred North Whitehead.

Pero lo más importante es que la concepción educativa europea actual, estrechamente vinculada a los medios de comunicación, y esto debe ser del conocimiento de la Sra. ministra por su formación y experiencia profesional, se le debe a Jurgën Habermas, filósofo de la Escuela de Frankfurt y a su obra Teoría de la acción comunicativa en la que examina el papel de los medios en una educación dinámica y participativa dentro de la sociedad industrial avanzada y la globalización del conocimiento.

Toda esta trayectoria del pensamiento educativo y sus vínculos con la filosofía se imparten en la Universidad de Panamá en una cátedra llamada Filosofía de la Educación, instituida y dictada por el Dr. Octavio Méndez Pereira, quien comprendió los indisolubles vínculos entre ambos saberes. Concebir una educación sin el marco teórico de la filosofía es pensar en la clásica imagen del árbol, que por su falta de follaje, no puede dar sombra.

Sería favorable que los asesores de la Sra. ministra le explicaran que la construcción de un sistema educativo no es tema para “filosofar durante meses”, pues la adecuación de la educación al desarrollo de la sociedad y a la formación integral a veces tarda años y en muchas ocasiones ha rebasado generaciones enteras. Entendemos el interés de la titular en “hacer historia” y esas “ansías de inmortalidad” a la que se refiere Unamuno la padecemos todos y por lo visto también la comparten otros de sus compañeros de equipo.

Pero si hay algo que todos aprendimos en nuestros cursos de filosofía en el bachillerato y que debemos aplicar en nuestra vida personal y profesional, es la primera regla del método de Descartes: “No aceptar por verdadero nada que no haya sido comprobado racionalmente y evitar en lo posible la prevención y la precipitación…” es decir, los prejuicios y los apasionamientos.

http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2010/09/25/hoy/opinion/2348023.asp