Pedro Luis Prados S.
Este artículo debió titularse “Antipsiquiatría y anarcocapitalismo”, porque en verdad se trata de hurgar más allá de las especulaciones de la prensa sobre el cierre del Instituto Nacional de Salud Mental (Insam), antiguo Hospital Psiquiátrico Nacional, producto de las recomendaciones de una comisión técnica que evaluó la necesidad y cualificación del mismo. Porque de seguro, aquellas personas ignoran los criterios que dicha comisión tenga en materia de las más innovadoras y controvertidas teorías en el tratamiento de personas con padecimientos de salud mental.
Estoy seguro, y apuesto los terrenos que me tocan en las áreas revertidas, que esta comisión acudió a los textos de Ronald Laing y David Cooper sobre antipsiquiatría y la necesidad de establecer nuevos vínculos en la relación médico-paciente que regule el dominio del médico sobre el padecimiento del enfermo. Señalan los autores de Psiquiatría y antipisquiatría y Vieja y nueva psiquiatría, que “no hay personas locas, sino familias enfermas” y con esto engloba todo el entorno del paciente incluyendo la sociedad en que vive.
Por esta razón, la cura no está en los centros hospitalarios, sino en una terapia que incluya el entorno familiar y una inserción del sujeto en el núcleo social-cultural al que pertenece, esto conllevaría necesariamente la desaparición de los centros hospitalarios y la decisión del médico para determinar quién es enfermo mental y quién no.
Señala Laing que, al igual que los delincuentes en una prisión, a los dementes se les encierra (con antecedentes bien precisos en la Edad Media) en reclusorios, con la diferencia de que a los primeros por un juez y la comisión de un delito, y a los segundos por un médico que no tiene parámetros evidentes entre cordura y locura. Este principio debe conducir a la eliminación progresiva de los centros hospitalarios y a la renovación de los vínculos de los pacientes con el entorno familiar y a la reducción sistemática de la intervención clínica del médico. Aunque las tesis y los experimentos de los psiquiatras ingleses no tuvieron total éxito, aún siguen siendo tema de investigación en los centros de Palo Alto, California y en la Universidad de Turín.
Se habla, además, de un proyecto encaminado a “privatizar” los terrenos del Instituto Nacional de Salud Mental, del Centro de Reclusión Femenino y el Asilo Bolívar para un magno proyecto urbanístico a gran escala con los parámetros del anarcocapitalismo de David Friedman, según el cual el Estado no debe poseer bienes ni intervenir en la actividad económica privada, con lo que las fronteras, los controles gubernamentales y las políticas estatales desaparecerían a favor de la mundialización del capital.
¿Por qué no vemos también una sana intención de volver a estos ancianos a sus hogares después de tantos años de aislamiento y resocializar a estas mujeres con programas de inserción familiar y comunitaria?
Debemos ver el proyecto de eliminar el Insam como un esfuerzo gubernamental por lograr la inserción social que desde inicios de este gobierno los panameños han estado esperando y que ahora, con los 85 pacientes psiquiátricos y posiblemente los ancianos y reclusas se inicia antes de finalizar el mandato. Ponerse los zapatos del pueblo en un centro psiquiátrico y caminar –y por qué no si los locos son más– por las vías de la integración social y familiar es una medida prudente y largamente esperada por los panameños.
Pregúntese, mi estimado lector, ¿si los locos son más –y hay pruebas irrefutables de ello– y los médicos dictaminaran su encierro, cuántos miles de kilómetros y millones de dólares necesitaría este país para su cuidado?
Somos de la opinión que la comisión técnica que dictaminó el cierre del centro hospitalario debe explicar en un programa de amplia difusión, ante especialistas en el tema, sus argumentos para esa decisión y, estoy seguro, tal como yo lo visualice en un ejercicio paranormal, que el pueblo panameño terminará por comprenderlo.http://www.prensa.com/impreso/opinion/psiquiatria-y-globalizacion-pedro-luis-prados-s/187330
martes, 25 de junio de 2013
martes, 4 de junio de 2013
La democracia como ficción
Francisco Díaz Montilla
La democracia, el gobierno del pueblo, es una de las ficciones políticas modernas más influyentes. Ya Jean Rousseau manifestaba que “un gobierno tan perfecto no es propio de hombres”. De hecho, en virtud del teorema de Arrow, tampoco lo sería de dioses.
Pese a ello, el sustantivo “democracia” y el adjetivo “democrático” remiten a estados sin los que no podemos concebirnos, aunque ello es más producto de propaganda que de razonamiento; la democracia promete mucho y es poco lo que realiza.
Tal vez por eso, el genio de Jorge Luis Borges llegó a decir que esta es “... un abuso de la estadística”, al tiempo que se preguntaba “¿por qué suponer que la mayoría de la gente entiende de política?”, a lo que respondía en los siguientes términos: “La verdad es que no entienden, y se dejan embaucar por una secta de sinvergüenzas, que por lo general son los políticos nacionales”. Mientras que E. Hubbart, decía: “La democracia tiene por lo menos un mérito, y es que un miembro del Parlamento [Asamblea] no puede ser más incompetente que aquellos que le han votado” y para G. B. Shaw este sistema “... sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida, por la elección hecha merced a una mayoría incompetente”.
La democracia es un espectáculo que se realiza cada cierto tiempo y, aunque es una tomadura de pelo, el pueblo –su gran artífice– no puede sustraerse de ella: está en juego su futuro (las prebendas, el nombramiento, la bolsa de comida). Sheldon Wolin lo describe gráficamente: “Y hay, por supuesto, el momento culminante de las elecciones nacionales, cuando la atención de la nación está obligada a hacer una elección de personalidades más que entre alternativas.
Lo que está ausente es la política, el compromiso de encontrar donde se encuentra el bien común en medio de la confusión de los financieros y los altamente organizados... con un solo propósito, los intereses de poder buscan rabiosamente a los favores gubernamentales... y la administración pública por un mar de dinero”.
Se entiende por qué esas personalidades insisten en que hay que preservar la democracia; y por qué lo contrario a ella resulta sospechoso e inaceptable. La democracia en peligro debe ser defendida, impuesta, pues no admite alternativas: es la democracia totalitaria de la mayoría, aunque ejercida por minoría.
Por eso no es extraño que nuestros sistemas políticos sean proclives a eso que Wolin llama totalitarismo invertido, teniendo como resultado que “la ciudadanía, o lo que queda de ella, se practica en medio de un perpetuo estado de preocupación” y que terminen –los ciudadanos– sometiéndose, pues como señalaba Thomas Hobbes “cuando los ciudadanos se sienten inseguros y al mismo tiempo impulsados por aspiraciones competitivas, anhelan estabilidad política más que compromiso cívico; protección más que participación política”.
De eso se trata, de creer que participar políticamente es como avistar un cometa y de que lo demás corre por cuenta de los gobiernos y de los partidos políticos y de sus candidatos. Lo que usted como ciudadano tenga que decir no cuenta porque otro lo ha dicho y otros han decidido cuáles son sus alternativas.
http://impresa.prensa.com/opinion/democracia-ficcion-Francisco-Diaz-Montilla_0_3676882352.html
La democracia, el gobierno del pueblo, es una de las ficciones políticas modernas más influyentes. Ya Jean Rousseau manifestaba que “un gobierno tan perfecto no es propio de hombres”. De hecho, en virtud del teorema de Arrow, tampoco lo sería de dioses.
Pese a ello, el sustantivo “democracia” y el adjetivo “democrático” remiten a estados sin los que no podemos concebirnos, aunque ello es más producto de propaganda que de razonamiento; la democracia promete mucho y es poco lo que realiza.
Tal vez por eso, el genio de Jorge Luis Borges llegó a decir que esta es “... un abuso de la estadística”, al tiempo que se preguntaba “¿por qué suponer que la mayoría de la gente entiende de política?”, a lo que respondía en los siguientes términos: “La verdad es que no entienden, y se dejan embaucar por una secta de sinvergüenzas, que por lo general son los políticos nacionales”. Mientras que E. Hubbart, decía: “La democracia tiene por lo menos un mérito, y es que un miembro del Parlamento [Asamblea] no puede ser más incompetente que aquellos que le han votado” y para G. B. Shaw este sistema “... sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida, por la elección hecha merced a una mayoría incompetente”.
La democracia es un espectáculo que se realiza cada cierto tiempo y, aunque es una tomadura de pelo, el pueblo –su gran artífice– no puede sustraerse de ella: está en juego su futuro (las prebendas, el nombramiento, la bolsa de comida). Sheldon Wolin lo describe gráficamente: “Y hay, por supuesto, el momento culminante de las elecciones nacionales, cuando la atención de la nación está obligada a hacer una elección de personalidades más que entre alternativas.
Lo que está ausente es la política, el compromiso de encontrar donde se encuentra el bien común en medio de la confusión de los financieros y los altamente organizados... con un solo propósito, los intereses de poder buscan rabiosamente a los favores gubernamentales... y la administración pública por un mar de dinero”.
Se entiende por qué esas personalidades insisten en que hay que preservar la democracia; y por qué lo contrario a ella resulta sospechoso e inaceptable. La democracia en peligro debe ser defendida, impuesta, pues no admite alternativas: es la democracia totalitaria de la mayoría, aunque ejercida por minoría.
Por eso no es extraño que nuestros sistemas políticos sean proclives a eso que Wolin llama totalitarismo invertido, teniendo como resultado que “la ciudadanía, o lo que queda de ella, se practica en medio de un perpetuo estado de preocupación” y que terminen –los ciudadanos– sometiéndose, pues como señalaba Thomas Hobbes “cuando los ciudadanos se sienten inseguros y al mismo tiempo impulsados por aspiraciones competitivas, anhelan estabilidad política más que compromiso cívico; protección más que participación política”.
De eso se trata, de creer que participar políticamente es como avistar un cometa y de que lo demás corre por cuenta de los gobiernos y de los partidos políticos y de sus candidatos. Lo que usted como ciudadano tenga que decir no cuenta porque otro lo ha dicho y otros han decidido cuáles son sus alternativas.
http://impresa.prensa.com/opinion/democracia-ficcion-Francisco-Diaz-Montilla_0_3676882352.html
lunes, 29 de abril de 2013
´La V República´
Roberto Arosemena Jaén
¿Qué puede pasar en Venezuela en los próximos días y meses? Se va a desmantelar el proyecto inicial que adelantó Hugo Chávez con apoyo electoral precipitándose en una especie de fascismo de camisas rojas, o surgirá un cambio para radicalizar la democracia. Un personaje carismático está surgiendo en la figura de Henrique Capriles, al mismo tiempo que el chavismo amenaza, retrocede, extiende la mano y aprieta el puño.
Capriles exige que se cuenten los votos y se le reconozca el triunfo y convoca a una concentración para el 1 de mayo bajo la consigna de aumento general de salarios. ¿Podrán las masas de votantes transformarse en masas de calle; de a pie, diría el viejo historiador del siglo XX? ¿Será cierto que desde la revolución iraní ni el gobierno se mantiene desde arriba ni la última palabra la tienen las fuerzas armadas? Los cambios de la primavera árabe emanaron de la ciudadanía urbana concentrada en las calles y plazas. Es el nuevo fenómeno de cambio político de las últimas décadas del siglo pasado y primeras del siglo XXI. ¿Podrá el pueblo venezolano erigirse en actor político?
Las elecciones del 14 de abril permitieron la organización del Comando Simón Bolívar, extendido por todo el territorio, e hizo emerger el ícono de una oposición creíble que realizó su primer ensayo, en el pasado octubre, en vida del mismísimo comandante. Lo que resta para determinar la lealtad de las Fuerzas Armadas es el votante de a pie que confirme en la calle lo que se dio en las urnas.
Este es el terrible dilema de la V República: ¿configuración de un poder constituido ilegítimo e inconstitucional o, por el contrario, lograr respetar la democracia electoral y multitudinaria?
Reconozco que la situación política de la V República es impredecible y fuertemente crítica. Crisis, como momento de confrontación que tiene que ser solucionado. El problema es que todos saben y reconocen que hay que salir de la crisis, que se va a salir de la misma, pero desconocen el cómo y el cuándo. En México, por ejemplo, se asesinó en la Plaza de Tlatelolco en 1968 y nada pasó políticamente, lo mismo sucedió con la masacre de Tiananmen de 1989. No creo que se vaya a llegar a estos extremos en la Venezuela de 2013. Además, ya existe una alternativa política que reconoce la constitución de la V República y se presume un ejército al servicio de la sociedad y no de la pluralidad de partidos políticos que postularon a Nicolás Maduro.
No obstante, hay miedo de perder la hegemonía política y hay endiosamiento de un caudillo que encarna destinos históricos e imaginarios de inexorables identidades continentales. Este miedo y este endiosamiento están presentes en los poderes constituidos venezolanos y no es fácil, desde el liderazgo del Comando Simón Bolívar, ejercitar el derecho a la democracia de a pie con manifestaciones no violentas.
La esperanza y el continuismo se debaten y se seguirán debatiendo hasta la solución de la crisis de gobernabilidad bolivariana. Impotencia de una parte, impunidad de la otra ante la opinión pública latinoamericana. Que las manos de afuera no se metan a soliviantar ni a enredar las expectativas de un pueblo que empieza a preocuparse de su estabilidad y convivencia futura.
La época de los extremismos debe ceder en beneficio de la época de la reconciliación democrática y del respeto mutuo a la constitucionalidad del derecho y de los poderes constituidos. El signo más alentador es la Constitución de la V República en manos de Maduro y de Capriles. ¡Que se pase de los gestos a las acciones!
http://impresa.prensa.com/opinion/Republica-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3649885058.html
¿Qué puede pasar en Venezuela en los próximos días y meses? Se va a desmantelar el proyecto inicial que adelantó Hugo Chávez con apoyo electoral precipitándose en una especie de fascismo de camisas rojas, o surgirá un cambio para radicalizar la democracia. Un personaje carismático está surgiendo en la figura de Henrique Capriles, al mismo tiempo que el chavismo amenaza, retrocede, extiende la mano y aprieta el puño.
Capriles exige que se cuenten los votos y se le reconozca el triunfo y convoca a una concentración para el 1 de mayo bajo la consigna de aumento general de salarios. ¿Podrán las masas de votantes transformarse en masas de calle; de a pie, diría el viejo historiador del siglo XX? ¿Será cierto que desde la revolución iraní ni el gobierno se mantiene desde arriba ni la última palabra la tienen las fuerzas armadas? Los cambios de la primavera árabe emanaron de la ciudadanía urbana concentrada en las calles y plazas. Es el nuevo fenómeno de cambio político de las últimas décadas del siglo pasado y primeras del siglo XXI. ¿Podrá el pueblo venezolano erigirse en actor político?
Las elecciones del 14 de abril permitieron la organización del Comando Simón Bolívar, extendido por todo el territorio, e hizo emerger el ícono de una oposición creíble que realizó su primer ensayo, en el pasado octubre, en vida del mismísimo comandante. Lo que resta para determinar la lealtad de las Fuerzas Armadas es el votante de a pie que confirme en la calle lo que se dio en las urnas.
Este es el terrible dilema de la V República: ¿configuración de un poder constituido ilegítimo e inconstitucional o, por el contrario, lograr respetar la democracia electoral y multitudinaria?
Reconozco que la situación política de la V República es impredecible y fuertemente crítica. Crisis, como momento de confrontación que tiene que ser solucionado. El problema es que todos saben y reconocen que hay que salir de la crisis, que se va a salir de la misma, pero desconocen el cómo y el cuándo. En México, por ejemplo, se asesinó en la Plaza de Tlatelolco en 1968 y nada pasó políticamente, lo mismo sucedió con la masacre de Tiananmen de 1989. No creo que se vaya a llegar a estos extremos en la Venezuela de 2013. Además, ya existe una alternativa política que reconoce la constitución de la V República y se presume un ejército al servicio de la sociedad y no de la pluralidad de partidos políticos que postularon a Nicolás Maduro.
No obstante, hay miedo de perder la hegemonía política y hay endiosamiento de un caudillo que encarna destinos históricos e imaginarios de inexorables identidades continentales. Este miedo y este endiosamiento están presentes en los poderes constituidos venezolanos y no es fácil, desde el liderazgo del Comando Simón Bolívar, ejercitar el derecho a la democracia de a pie con manifestaciones no violentas.
La esperanza y el continuismo se debaten y se seguirán debatiendo hasta la solución de la crisis de gobernabilidad bolivariana. Impotencia de una parte, impunidad de la otra ante la opinión pública latinoamericana. Que las manos de afuera no se metan a soliviantar ni a enredar las expectativas de un pueblo que empieza a preocuparse de su estabilidad y convivencia futura.
La época de los extremismos debe ceder en beneficio de la época de la reconciliación democrática y del respeto mutuo a la constitucionalidad del derecho y de los poderes constituidos. El signo más alentador es la Constitución de la V República en manos de Maduro y de Capriles. ¡Que se pase de los gestos a las acciones!
http://impresa.prensa.com/opinion/Republica-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3649885058.html
Poder corrupto
Roberto Arosemena Jaén
Corrupción y poder son categorías históricas propias de toda sociedad. El invento de la ciudadanía en la antigüedad y en la moderna ilustración es el antídoto contra la corrupción de lo político. Su enemigo inherente es el clientelismo que hace del ciudadano un pelele político. El mundo llega a ser un circo y un gran mercado de consumo, lucro, tráfico de influencia y negociado.
Esta desnaturalización del poder ciudadano nos hace retroceder a la época de los mitos y fantasías. El fabricante de publicidad cobra más significado que el diálogo, los debates y la búsqueda del bien común. En este contexto, vuelve a tener sentido, el derecho elemental de “defiéndete tú mismo” y así es natural que cualquiera con autoestima rete al Presidente de la República (ícono del poder) a un duelo a muerte en igualdad de condiciones. Ya lo había sugerido Herbert Spencer en el Individuo contra el Estado (1884).
En Panamá se dan indicios de la hegemonía del poder corrupto que se mantuvo agazapado en los días de la invasión y ahora vuelve a encontrar interlocutores por doquier. La sociedad mediática, de manera acelerada, acaba con la separación de la esfera pública y privada. El invento liberal contra el absolutismo –la vida íntima– se hace añicos por la tecnología de la comunicación. El que no quiere verse perjudicado por su vida privada en la política, que actúe bien moralmente. Ya el secretismo, la vida oculta de los poderos y pretendientes a serlo es una banalidad del liberalismo, que incluso afectó al mismo Vaticano. Lo perverso de nuestro poder corrupto no es lo que se hace, sino que no se sepa ni llegue a conocimientos del gran público. Nuestra sociedad es gobernada por un mandamás de ocasión que desde el poder corrompe y se corrompe, con impunidad. La crisis de credibilidad y gobernabilidad moral es que el clientelismo ni sabe ni puede castigar, porque es resultado de la misma corrupción. Si pensáramos, hablásemos y actuásemos como ciudadanos, nadie se atrevería a tener una vida personal plagada de cuestionamientos y una vida pública de riqueza, poder y reconocimiento.
No se puede ser un ingenuo ciudadano sin caer en el clientelismo y transformarse en pelele político. La división anacrónica liberal de la esfera pública y privada mantiene la ingenuidad de que lo que se es privadamente no influye en lo que se será públicamente. Lo que se quiere es que el gobernante y el aspirante a gobernar decidan, ética y moralmente, que sus actos y sus intenciones puedan ser escrutadas por su público votante. La ley de transparencia y privacidad no es una patente de corso para encubrir voluntades, malas intenciones ni ataques sorpresivos a una ciudadanía consciente de su poder. La magia del candidato del cambio fue haber sorprendido a la ciudadanía con sus actos de clientelismo, sin importarle las promesas, la plata, el palo y hasta el plomo. No afirmo que la privacidad tiene que ser irrespetada, sino que todo político desde que aspira a gobernante está obligado a hacerse conocer tal como es y ha sido. No se trata de ir tirando piedras en el vidrio ajeno, sino de romper el propio para que todo se haga lúcido y transparente. La corrupción de los gobernantes es una basura que la ciudadanía tiene que destruir en los próximos meses de campaña electoral.
El elector no es vulnerable al miedo, a la paliza, a la mentira y menos al buen trozo de jamón, al tanquecito de gas ni a los millones de 100 a los 70, la beca universal y obras de infraestructura. El clientelismo no es un problema jurídico, sino moral por las actitudes implícitas en el poder corrupto como forma de someter a la sociedad. La ciudadanía es paciente y tendrá tiempo para erradicar esta práctica y moralizar la política, con o sin pacto ético, pero eso sí, con un compromiso personal y colectivo de enfrentar el clientelismo en todos los escenarios.
http://impresa.prensa.com/opinion/Poder-corrupto-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3681381927.html
Corrupción y poder son categorías históricas propias de toda sociedad. El invento de la ciudadanía en la antigüedad y en la moderna ilustración es el antídoto contra la corrupción de lo político. Su enemigo inherente es el clientelismo que hace del ciudadano un pelele político. El mundo llega a ser un circo y un gran mercado de consumo, lucro, tráfico de influencia y negociado.
Esta desnaturalización del poder ciudadano nos hace retroceder a la época de los mitos y fantasías. El fabricante de publicidad cobra más significado que el diálogo, los debates y la búsqueda del bien común. En este contexto, vuelve a tener sentido, el derecho elemental de “defiéndete tú mismo” y así es natural que cualquiera con autoestima rete al Presidente de la República (ícono del poder) a un duelo a muerte en igualdad de condiciones. Ya lo había sugerido Herbert Spencer en el Individuo contra el Estado (1884).
En Panamá se dan indicios de la hegemonía del poder corrupto que se mantuvo agazapado en los días de la invasión y ahora vuelve a encontrar interlocutores por doquier. La sociedad mediática, de manera acelerada, acaba con la separación de la esfera pública y privada. El invento liberal contra el absolutismo –la vida íntima– se hace añicos por la tecnología de la comunicación. El que no quiere verse perjudicado por su vida privada en la política, que actúe bien moralmente. Ya el secretismo, la vida oculta de los poderos y pretendientes a serlo es una banalidad del liberalismo, que incluso afectó al mismo Vaticano. Lo perverso de nuestro poder corrupto no es lo que se hace, sino que no se sepa ni llegue a conocimientos del gran público. Nuestra sociedad es gobernada por un mandamás de ocasión que desde el poder corrompe y se corrompe, con impunidad. La crisis de credibilidad y gobernabilidad moral es que el clientelismo ni sabe ni puede castigar, porque es resultado de la misma corrupción. Si pensáramos, hablásemos y actuásemos como ciudadanos, nadie se atrevería a tener una vida personal plagada de cuestionamientos y una vida pública de riqueza, poder y reconocimiento.
No se puede ser un ingenuo ciudadano sin caer en el clientelismo y transformarse en pelele político. La división anacrónica liberal de la esfera pública y privada mantiene la ingenuidad de que lo que se es privadamente no influye en lo que se será públicamente. Lo que se quiere es que el gobernante y el aspirante a gobernar decidan, ética y moralmente, que sus actos y sus intenciones puedan ser escrutadas por su público votante. La ley de transparencia y privacidad no es una patente de corso para encubrir voluntades, malas intenciones ni ataques sorpresivos a una ciudadanía consciente de su poder. La magia del candidato del cambio fue haber sorprendido a la ciudadanía con sus actos de clientelismo, sin importarle las promesas, la plata, el palo y hasta el plomo. No afirmo que la privacidad tiene que ser irrespetada, sino que todo político desde que aspira a gobernante está obligado a hacerse conocer tal como es y ha sido. No se trata de ir tirando piedras en el vidrio ajeno, sino de romper el propio para que todo se haga lúcido y transparente. La corrupción de los gobernantes es una basura que la ciudadanía tiene que destruir en los próximos meses de campaña electoral.
El elector no es vulnerable al miedo, a la paliza, a la mentira y menos al buen trozo de jamón, al tanquecito de gas ni a los millones de 100 a los 70, la beca universal y obras de infraestructura. El clientelismo no es un problema jurídico, sino moral por las actitudes implícitas en el poder corrupto como forma de someter a la sociedad. La ciudadanía es paciente y tendrá tiempo para erradicar esta práctica y moralizar la política, con o sin pacto ético, pero eso sí, con un compromiso personal y colectivo de enfrentar el clientelismo en todos los escenarios.
http://impresa.prensa.com/opinion/Poder-corrupto-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3681381927.html
miércoles, 10 de abril de 2013
Cultura política y poder
Roberto Arosemena Jaén
Venezuela es una comunidad digna de estudio y reflexión. En estos días, se desangra entre la esperanza del cambio y la desilusión de una revolución inconclusa. Henrique Capriles Radonski encarna el cambio; Nicolás Maduro Moros, el esfuerzo de concluir la revolución chavista. Como corolario a este dilema político surge el discurso “cuasi religioso” de ambos contendientes.
Desde la distancia del observador se diría que la retórica de los candidatos obedece a la mentalidad de la masa de votantes venezolanos. Catorce millones irán a las urnas el 14 de abril para decir quién es el sucesor del expresidente fallecido.
¿Podrá el rosario de Capriles convencer a la mayoría de que él es el hombre de confianza de la heroica república bolivariana? O por el contrario, ¿podrá Maduro, el candidato que recibe la visión del espíritu alado del comandante y repite la oración de Francisco de Asís, concluir la revolución pendiente de Hugo Chávez?
Esta línea de pensamiento termina afirmando que el éxito o fracaso de los aspirantes a Presidente de la V República bolivariana dependerá de la credibilidad que susciten “el flaco” o el hijo de Chávez con sus discursos. Ellos mismos se descalifican como demagogos, farsantes y mentirosos. Cada uno se coloca como portaestandarte del bien y la estabilidad, y amenaza al pueblo con el revanchismo de derecha o el oportunismo de izquierda –los enchufados–.
El problema de la democracia en nuestro continente no es el de la credibilidad ni el poder del voto libre e inteligente. El problema es si el poder constituido está en capacidad de aceptar una derrota o si la oposición está en capacidad de defender el voto popular depositado en las urnas.
En la práctica, la Venezuela de Chávez es la misma de las cuatro repúblicas anteriores. El poder constituido determinante desde los días de Bolívar es el Ejército, si no que examinen la trayectoria de los presidentes venezolanos. Los militares se cuentan en decenas y los civiles en unidades. Es decir, que si no se cuenta con la anuencia y el apoyo abierto del Ejército no se gobierna ni se puede gobernar en Venezuela.
De allí la insistencia de Henrique Capriles de presentarse como una leal oposición en el contexto de la V República, erigirse en la solución del pésimo gobierno de Nicolás Maduro y en presentarse como un equilibrado comandante en jefe del Ejército bolivariano.
¿Qué sucederá social y políticamente en la hermana república la próxima semana? ¿Cuál será la decisión mayoritaria en las urnas y cuál será el comportamiento del poder constituido, fuera y dentro del Ejército?
¿Será Nicolás Maduro capaz de llevar adelante el proyecto de Chávez o internamente su gobierno será liquidado por el fraccionamiento entre las facciones que luchan por el poder burocrático del Estado? Esta interrogante estará pendiente del resultado de las elecciones el día 14. Lo significativo de este posible desmembramiento entre la legitimidad y la eventual legalidad de la V República es el papel que jugarán las Fuerzas Armadas y el nivel de tolerancia o impaciencia de las masas y de los grupos políticos que se han forjado durante estos años de autocracia electoral y de juego formal de la democracia liberal representativa.
En realidad, se tiene una sociedad sin esperanza y con una revolución sin alternativas. Que dicha experiencia pueda ser exorcizada en nuestras elecciones del 4 de mayo de 2014, no tanto en lo militar sino en lo patrimonial por el excesivo poder del dinero y el voraz clientelismo de las masas y esto, sin tomar en cuenta el talante prepotente del jefe del partido Cambio Democrático y la creciente militarización de la fuerza pública.
http://impresa.prensa.com/opinion/Cultura-politica-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3635636507.html
Venezuela es una comunidad digna de estudio y reflexión. En estos días, se desangra entre la esperanza del cambio y la desilusión de una revolución inconclusa. Henrique Capriles Radonski encarna el cambio; Nicolás Maduro Moros, el esfuerzo de concluir la revolución chavista. Como corolario a este dilema político surge el discurso “cuasi religioso” de ambos contendientes.
Desde la distancia del observador se diría que la retórica de los candidatos obedece a la mentalidad de la masa de votantes venezolanos. Catorce millones irán a las urnas el 14 de abril para decir quién es el sucesor del expresidente fallecido.
¿Podrá el rosario de Capriles convencer a la mayoría de que él es el hombre de confianza de la heroica república bolivariana? O por el contrario, ¿podrá Maduro, el candidato que recibe la visión del espíritu alado del comandante y repite la oración de Francisco de Asís, concluir la revolución pendiente de Hugo Chávez?
Esta línea de pensamiento termina afirmando que el éxito o fracaso de los aspirantes a Presidente de la V República bolivariana dependerá de la credibilidad que susciten “el flaco” o el hijo de Chávez con sus discursos. Ellos mismos se descalifican como demagogos, farsantes y mentirosos. Cada uno se coloca como portaestandarte del bien y la estabilidad, y amenaza al pueblo con el revanchismo de derecha o el oportunismo de izquierda –los enchufados–.
El problema de la democracia en nuestro continente no es el de la credibilidad ni el poder del voto libre e inteligente. El problema es si el poder constituido está en capacidad de aceptar una derrota o si la oposición está en capacidad de defender el voto popular depositado en las urnas.
En la práctica, la Venezuela de Chávez es la misma de las cuatro repúblicas anteriores. El poder constituido determinante desde los días de Bolívar es el Ejército, si no que examinen la trayectoria de los presidentes venezolanos. Los militares se cuentan en decenas y los civiles en unidades. Es decir, que si no se cuenta con la anuencia y el apoyo abierto del Ejército no se gobierna ni se puede gobernar en Venezuela.
De allí la insistencia de Henrique Capriles de presentarse como una leal oposición en el contexto de la V República, erigirse en la solución del pésimo gobierno de Nicolás Maduro y en presentarse como un equilibrado comandante en jefe del Ejército bolivariano.
¿Qué sucederá social y políticamente en la hermana república la próxima semana? ¿Cuál será la decisión mayoritaria en las urnas y cuál será el comportamiento del poder constituido, fuera y dentro del Ejército?
¿Será Nicolás Maduro capaz de llevar adelante el proyecto de Chávez o internamente su gobierno será liquidado por el fraccionamiento entre las facciones que luchan por el poder burocrático del Estado? Esta interrogante estará pendiente del resultado de las elecciones el día 14. Lo significativo de este posible desmembramiento entre la legitimidad y la eventual legalidad de la V República es el papel que jugarán las Fuerzas Armadas y el nivel de tolerancia o impaciencia de las masas y de los grupos políticos que se han forjado durante estos años de autocracia electoral y de juego formal de la democracia liberal representativa.
En realidad, se tiene una sociedad sin esperanza y con una revolución sin alternativas. Que dicha experiencia pueda ser exorcizada en nuestras elecciones del 4 de mayo de 2014, no tanto en lo militar sino en lo patrimonial por el excesivo poder del dinero y el voraz clientelismo de las masas y esto, sin tomar en cuenta el talante prepotente del jefe del partido Cambio Democrático y la creciente militarización de la fuerza pública.
http://impresa.prensa.com/opinion/Cultura-politica-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3635636507.html
sábado, 9 de marzo de 2013
Del amor de masas al terror
Roberto Arosemena Jaén
El término adquiere mayor significado ante el hecho doloroso, con sabor de lágrimas de multitudes, por la desaparición física de Hugo Chávez. No se puede negar; fue amado y es amado colectivamente. Por distorsiones cientificistas, oponemos amor a odio.
Políticamente, la dicotomía de amor no es odio, sino terror de masas. Mal hace la oposición chavista al festejar el odio, cuando en realidad debe prepararse para superar el posible terror que se desate, eventualmente.
La solución de la crisis, por fortuna, tiene una salida pacífica electoral. El líder opositor rechaza la provocación de la ambivalencia masiva y habla de la unidad de todos los venezolanos para derrotar al chavismo en unas próximas elecciones populares. Lo mismo que anticipó el comandante, ante la inminente muerte que se le venía encima. Dejó, testamentariamente, como candidato de su partido a un hombre fiel, que se pone a llorar y llama padre al que considera el “segundo liberador”.
Con este trasfondo, tanto Capriles como Maduro son fieles creyentes –así se espera– en procesos electorales como salida democrática a las rivalidades interpartidistas.
En este contexto, se hace abstracción de la retórica de victoria y muerte y la defensa del socialismo hasta el último soldado.
En estos 30 días, la oposición y el chavismo van a dirimir su hostilidad política en las urnas. Ninguno de los dos promueve la confrontación armada ni la persecución jurídica y constitucional contra su contrincante. El mayor creyente en los poderes constituidos de la quinta república y de su Constitución es Capriles y parece ser que el “bonachón” de Maduro, también apuesta por la Constitución bolivariana. Se espera que la actitud de ambos sea consistente por lo menos iuris tantum (presunción).
El problema es que el amor de masas con facilidad se transforma en odio y cuando alcanza a sus opositores se transforma en “terror de masas”. Eso lo sabía Chávez cuando prefiere dejar a Maduro como heredero del partido y prescindir de sus halcones dispersos en la Asamblea Nacional, las gobernaciones y el ejército bolivariano.
¿Cuál, entonces, es el futuro de la quinta república, que laboriosa y fatigosamente terminó por aceptar un dirigente como Henrique Capriles Radonski? ¿Están los halcones de Chávez, con asesoría cubana o sin su asesoría, dispuestos a liquidar la quinta república e instaurar una dictadura de terror?
La situación, terriblemente frágil y delicada, de nuestra hermana, que se hace llamar bolivariana, es el delirio de las masas por papá Chávez, el odio malsano de sectores importantes de la oposición contra el chavismo y la posibilidad real de los poderes constituidos venezolanos de liquidar la quinta república con la fuerza militar y con el terror de masas.
Este escenario de sobresaltos abre un trágico abanico de alternativas.
¿Qué hacer, entonces, frente a un escenario tan amenazador?
Discretamente, pienso que Capriles actúa como un táctico y estratega digno de imitar. Su objetivo, desde que fue derrotado por el chavismo, fue esperar sin prisa y sin pausa. Dada la brevedad del período electoral de 30 días, la oposición está cerrando filas detrás de Capriles.
Respecto a los poderes constituidos, sospecho la posibilidad de que se fracture “el testamento de Chávez” y que el “bonachón” de Maduro no sea capaz de neutralizar a los halcones.
El trabajo arduo de la construcción del Estado bolivariano en 14 años está en peligro de ser fagocitado por seguidores fanatizados en el próximo escrutinio electoral.
http://impresa.prensa.com/opinion/masas-terror-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3611638866.html
El término adquiere mayor significado ante el hecho doloroso, con sabor de lágrimas de multitudes, por la desaparición física de Hugo Chávez. No se puede negar; fue amado y es amado colectivamente. Por distorsiones cientificistas, oponemos amor a odio.
Políticamente, la dicotomía de amor no es odio, sino terror de masas. Mal hace la oposición chavista al festejar el odio, cuando en realidad debe prepararse para superar el posible terror que se desate, eventualmente.
La solución de la crisis, por fortuna, tiene una salida pacífica electoral. El líder opositor rechaza la provocación de la ambivalencia masiva y habla de la unidad de todos los venezolanos para derrotar al chavismo en unas próximas elecciones populares. Lo mismo que anticipó el comandante, ante la inminente muerte que se le venía encima. Dejó, testamentariamente, como candidato de su partido a un hombre fiel, que se pone a llorar y llama padre al que considera el “segundo liberador”.
Con este trasfondo, tanto Capriles como Maduro son fieles creyentes –así se espera– en procesos electorales como salida democrática a las rivalidades interpartidistas.
En este contexto, se hace abstracción de la retórica de victoria y muerte y la defensa del socialismo hasta el último soldado.
En estos 30 días, la oposición y el chavismo van a dirimir su hostilidad política en las urnas. Ninguno de los dos promueve la confrontación armada ni la persecución jurídica y constitucional contra su contrincante. El mayor creyente en los poderes constituidos de la quinta república y de su Constitución es Capriles y parece ser que el “bonachón” de Maduro, también apuesta por la Constitución bolivariana. Se espera que la actitud de ambos sea consistente por lo menos iuris tantum (presunción).
El problema es que el amor de masas con facilidad se transforma en odio y cuando alcanza a sus opositores se transforma en “terror de masas”. Eso lo sabía Chávez cuando prefiere dejar a Maduro como heredero del partido y prescindir de sus halcones dispersos en la Asamblea Nacional, las gobernaciones y el ejército bolivariano.
¿Cuál, entonces, es el futuro de la quinta república, que laboriosa y fatigosamente terminó por aceptar un dirigente como Henrique Capriles Radonski? ¿Están los halcones de Chávez, con asesoría cubana o sin su asesoría, dispuestos a liquidar la quinta república e instaurar una dictadura de terror?
La situación, terriblemente frágil y delicada, de nuestra hermana, que se hace llamar bolivariana, es el delirio de las masas por papá Chávez, el odio malsano de sectores importantes de la oposición contra el chavismo y la posibilidad real de los poderes constituidos venezolanos de liquidar la quinta república con la fuerza militar y con el terror de masas.
Este escenario de sobresaltos abre un trágico abanico de alternativas.
¿Qué hacer, entonces, frente a un escenario tan amenazador?
Discretamente, pienso que Capriles actúa como un táctico y estratega digno de imitar. Su objetivo, desde que fue derrotado por el chavismo, fue esperar sin prisa y sin pausa. Dada la brevedad del período electoral de 30 días, la oposición está cerrando filas detrás de Capriles.
Respecto a los poderes constituidos, sospecho la posibilidad de que se fracture “el testamento de Chávez” y que el “bonachón” de Maduro no sea capaz de neutralizar a los halcones.
El trabajo arduo de la construcción del Estado bolivariano en 14 años está en peligro de ser fagocitado por seguidores fanatizados en el próximo escrutinio electoral.
http://impresa.prensa.com/opinion/masas-terror-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3611638866.html
Fuzzy Truth, Consistency and Ontological Vagueness
Francisco Díaz Montilla
The discussion about vagueness inevitable becomes a discussion about truth: Which is the truth-value of a vague sentence? Is ‘truth’ vague? And if so, how can wegive a coherent formulation of such a vague notion?For us in this paper the question of whether ‘truth’
is a sharp or vague notion isnot so important. The important point is that ‘truth’ can be understood as a sharp notionand as a vague notion as well. Our task, then, will be to characterize ‘truth’ as a vaguenotion and derive further consequences of this for ontology...
http://doxa-filosofica.blogspot.com/2013/03/view-fuzzy-truth-consistency-and_9.html
The discussion about vagueness inevitable becomes a discussion about truth: Which is the truth-value of a vague sentence? Is ‘truth’ vague? And if so, how can wegive a coherent formulation of such a vague notion?For us in this paper the question of whether ‘truth’
is a sharp or vague notion isnot so important. The important point is that ‘truth’ can be understood as a sharp notionand as a vague notion as well. Our task, then, will be to characterize ‘truth’ as a vaguenotion and derive further consequences of this for ontology...
http://doxa-filosofica.blogspot.com/2013/03/view-fuzzy-truth-consistency-and_9.html
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