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jueves, 5 de julio de 2018

El escritor Enrique Jaramillo Levi presenta sus más recientes obras

Lourdes García Armuelles

Recientemente en las instalaciones de la Biblioteca Simón Bolívar, de la Universidad de Panamá, el reconocido autor panameño Enrique Jaramillo Levi presentó sus dos más reciente obras literarias tituladas En el jardín y En plena forma.

El autor explica que En el Jardín es un extracto de cuentos propios que ‘rescató' de sus otras publicaciones. La nueva obra está dirigida a niños y adolescentes.

Leer noticia completa:
http://laestrella.com.pa/vida-cultura/cultura/escritor-enrique-jaramillo-levi-presenta-recientes-obras/24071470

martes, 3 de julio de 2018

Invita a doble gala literaria

Rosalina Orocú Mojica

Quienes siguen de cerca la trayectoria del profesor Enrique Jaramillo Levi se darán cita hoy a las 7:00 p.m., en la Biblioteca Interamericana Simón Bolívar de la Universidad de Panamá, donde los escritores panameños Ela Urriola y Rodolfo de Gracia los pondrán al tanto de sus impresiones acerca de los dos más recientes libros de Enrique Jaramillo Levi, dos antologías.

Leer noticia completa:
https://www.panamaamerica.com.pa/variedades/invita-doble-gala-literaria-1109744

viernes, 27 de abril de 2018

Espacios para la literatura panameña

Lourdes García Armuelles

Ya hace más de diecisiete años que se aprobó la ley que declara el 25 de abril como el Día de la Escritora y el Escritor Panameños, un gran paso para reconocer la labor de los autores nacionales, algunos aglutinados en el Consejo Nacional de Escritoras y Escritores Panameños (Coneyep). Asimismo, el lunes pasado se conmemoró el Día del Libro. Sin duda, la que termina ha sido una semana especial para la literatura.

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http://laestrella.com.pa/estilo/cultura/espacios-para-literatura-panamena/24060374

lunes, 11 de diciembre de 2017

Revista 'Maga' No. 81 será presentada el 12

Rosalina Orocú

Con broche de oro cierra la Revista "Maga" sus ediciones de 2017. El próximo número, el 81, donde aparecen trabajos de más de una treintena de escritores de Panamá y Centroamérica, especialmente, será presentado por la Universidad Tecnológica de Panamá (de la cual es la publicación oficial) mañana a las 7:00 p.m. en el vestíbulo de su teatro.'

http://www.panamaamerica.com.pa/ey/revista-maga-no-81-sera-presentada-el-12-1090943

martes, 30 de mayo de 2017

Invisibles

Ela Urriola

Hay situaciones que resultan invisibles para la mayoría, porque su naturaleza está entre nosotros. Habría que tomar una distancia prudencial, esa misma distancia que nos permitiría identificar si un modo de ser es costumbre, idiosincrasia o mal endémico. El suceso del gato no es solo un problema sobre el gato. Y tampoco es exclusivamente de los que mataron al felino, sino algo mucho más grave: es un problema de la sociedad. Una sociedad que cultiva la falta de sensibilidad, así como se cultiva un hongo en los zapatos o una cepa de virus en el laboratorio. El problema del gato conlleva la invisibilidad de las consecuencias.

Más allá del hecho abominable, padeces de una especie de ceguera, y no precisamente la descripción de Saramago. Desde los gobernantes hasta el estudiante, conocen las normativas de convivencia. Nadie mata un animal sin saber lo que hace, ni nadie roba o deja robar a otros sin saber lo que está permitido. De la misma manera en que esos "hijos de alguien" uniformados lanzaron el gato a la muerte, el político se embolsa la coima; O el representante de la ley se duerme; O un sistema de salud deja morir los pacientes frente a nuestros ojos; O un alcalde baraja los buhoneros de las aceras, pero permite a los hoteles que las secuestren y lancen los peatones a la calle; Y otros oficializan la "vandalización" del ambiente; Y que levitan, porque no pasan sus días atascados entre los tranques y los cráteres; O la política cultural premia escritores, pero confina las obras en bodegas, lejos de las librerías; Y el docente universitario incumple, pero es premiado. Luego está el resto, que observa. Esa mayoría que no es el diputado corrupto ni el mandatario, ni el magistrado fantasma, ni el funcionario coimero, ni "los hijos de este ni de aquel ..." (que como buenos "hijos de" también roban en mayúsculas). El resto son los invisibles.

Esos invisibles coincidir en que los asesinos del gato no han sido expulsados, que un mejor castigo sería limpiar jaulas en albergues durante 40 semanas. Los invisibles quizás argumentarían que, a quienes usurparon cargos públicos por delinquir, no hay darle casa por cárcel ni país por cárcel, ni mucho menos hospitales por cárcel (esto vale la leyenda urbana de que en Panamá hay que robar más del millón, porque este Umbral hace la diferencia en el castigo); Que reúne todos los gastos necesarios para arreglar las vísceras de quien realmente lo necesite; Que la violencia no es percepción; Que la miseria es otra forma de violencia.

Pero resulta que los invisibles bien pudieron ser la masa de Wright Mills o los extranjeros de Erich Fromm, y en este caso harían lo que fuera por el que reparte el jamón, o el que tiene los millones en Suiza. Porque si no los vean, ellos sí miran. Miran la impunidad, la riqueza fácil y la burla frente a ellos, que son invisibles. Entonces, aspirar a dejar de serlo. En Panamá, las leyes se rompen sin consecuencias; Rompemos hasta las leyes de la física: aquí no todas las causas tienen efecto. Ese es el peligroso mensaje que fomentamos.

Un día es un hombre que se desprende y es invisible, o se despertó en escarabajo. Y, como el gato, es lanzado a la muerte; Es lanzado de las aceras, de los hospitales y de un estado de bienestar y seguridad. No hay culpables, mucho menos un castigo acorde al hecho. No hace falta adivinar el final. El problema del gato es más que el problema del gato.

http://www.prensa.com/opinion/Invisibles_0_4768023226.html


viernes, 7 de abril de 2017

El oficio de pensar

Michelle Montenegro

Son las 7:45 p.m. de un martes en que la selección de fútbol de Panamá disputa un partido de eliminatoria para el Mundial. Contrario a toda predicción, poco a poco el aula 301 de la escuela de filosofía de la universidad de Panamá se va llenando de estudiantes. Minutos más tarde, el curso de axiología del primer año de la carrera que dicta la profesora Ela Urriola tiene asistencia suficiente: diez de la veintena de alumnos matriculados. ¿Qué los motiva?

La entrevista grupal para conocer las razones que los llevaron a estudiar la carrera pronto se convierte en un ameno conversatorio acerca de la necesidad y la utilidad de la filosofía, como una herramienta de formación que no se agota. La mayoría ya ha estudiado una carrera: son administradores, docentes de educación media, abogados.

Tener herramientas para perfeccionar el aprendizaje de los alumnos a su cargo, comprender qué nos define como latinoamericanos; tener bases para enfrentar los problemas ambientales, son algunas de sus razones. Todos hablan con propiedad. “Los que estamos aquí lo hacemos porque amamos conocer”, afirma Israel Núñez, secretario general de la Asociación de Estudiantes de Filosofía, que es parte de la clase.

http://ellas.prensa.com/entre-nos/el-oficio-de-pensar

sábado, 7 de mayo de 2016

Panamá indefendible

Ela Urriola

La primera vez que vi al poeta José Franco fue durante la premiación de un certamen literario en el que participé aun siendo estudiante. Recibir de sus manos aquel pergamino tuvo una connotación simbólica: suyo era aquel poema que mi padre conserva todavía en su biblioteca. Hoy nos llegan los detalles sobre la accidentada ceremonia y sentimos vergüenza. Sea por desgreño administrativo –como pareciera ser el caso–, o por un desacierto personal –como la anécdota sobre una exdirectora que alquiló el histórico lugar (afectando nuestra máxima gala literaria) para fines relacionados con su profesión–; solo cabe una pregunta: ¿Cuándo nos tomaremos en serio la cultura?

Desde que dejamos de defender a Panamá de los gringos, la cuestión ha sido defenderla de nosotros mismos. Los gobiernos de turno manejaron las áreas revertidas como una inmobiliaria o las regalaron como canastitas de cumpleaños a sus amigos y amiguitas; promovieron la rebatiña de nuestros recursos naturales al mejor postor; permitieron la construcción de centros comerciales en nichos históricos, e hicieron de la diplomacia una farsa en la que confluyen las mismas familias, los mismos socios y los mismos ineptos.

A pesar de los supuestos avances en justicia, andan libres como el viento muchos y muchas responsables de gastarse el dinero destinado a la compra de medicamentos, el de nuestros niños de áreas marginales; el dinero de nuestros impuestos. Pero los ladrones son tratados como héroes, y los héroes… bueno, ya lo sabemos.

Ese Panamá es indefendible. No merecemos los megarrobos, las farsas ni la indiferencia, ni ahogarnos en la basura y la corrupción, ni envejecer en las paradas y tranques, ni la seguridad y la salud pública como sinónimos de desastre, ni escuelas que tengan coladores en lugar de techos; no merecemos la lentitud con la que nos acercan lo que nos corresponde por derecho.

¿Entonces, qué defender? No una Asamblea títere, para la que un pedazo del pastel es la máxima motivación de las bandas; no una patria sin espacios para la historia –un país que desmantela o encajeta su museo sumerge a nuestros jóvenes en la oscuridad, pues no conocerán su patrimonio sino de forma virtual–; un país indefendible, con una crisis de identidad, de justicia y de equidad. Ya ni hablemos de cultura.

Ni con videos de maripositas ni ranas en peligro de extinción se puede defender la papelera sucia con la que nos señala el mundo; vivimos en un país en el que robar millones te exime de ir a la cárcel y te deja refrescarte en el jacuzzi. Vergüenza es lo que debe darnos la lección de integridad de los países vecinos, aquellos a los que solemos ver por encima del hombro (porque no tienen dólares o un Canal) pues ellos sí están aplicando la justicia a sus maleantes.

¿Hay algo que defender todavía? Seguramente el poeta nos dirá que sí: quizás, alejados de las consignas partidistas y las promesas, es posible que escuchemos los ecos de los mártires y las voces de miles de panameños honestos y responsables. Seguramente hay algo que defender, y es nuestro deber hacerlo. Pero mientras tanto, las autoridades y los funcionarios deben hacer su trabajo. Y hacerlo bien. Lo demás, ojalá fuera poesía, porque de no serlo podríamos despertar un día con Panamá convertida en una pesadilla.

http://impresa.prensa.com/opinion/Panama-indefendible-Ela-Urriola_0_4477802206.html

viernes, 1 de abril de 2016

Noticia: Cuando la poesía es el hilo conductor

Rosalina Orocú Mojica

Javier Alvarado, Premio nacional de literatura Ricardo Miró 2015 en poesía, Premio centroamericano de literatura Rogelio Sinán 2011 y varias veces galardonado con el Premio nacional de poesía joven Gustavo Batista Cedeño opina que el papel de la poesía en la sociedad es transformar, llevar valores y una conciencia patriótica.

Para él la poesía es "mi cualidad vital, mi modus".

La noche del Día Mundial de la Poesía, 21 de marzo, en el Arco Chato, en el Casco Antiguo de Panamá, se escuchó poesía de Javier, Magdalena Camarco, Edilberto Trejos, Javier Alvarado, David Robinson, Ela Urriola y Moravia Ochoa.

Más información:
http://www.panamaamerica.com.pa/ey/cuando-la-poesia-es-el-hilo-conductor-1020190

viernes, 16 de octubre de 2015

Anuncian fallo del Premio Nacional de Cuento José María Sánchez 2015

Literatura panameña hoy

La Universidad Tecnológica de Panamá anunció en la tarde de hoy a la ganadora del Premio Nacional de Cuento "José María Sánchez" que cerró el pasado 24 de julio. La ganadora resultó ser Ela Urriola, por el libro Agujeros Negros. La colección de cuentos fue presentada bajo el seudónimo Vera Rubin.

http://www.escritorespanama.com/2015/10/anuncian-fallo-del-premio-nacional-de.html

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Entrevista con Ela Urriola

Michelle Montenegro

La poesía es, de cierta manera, un medio de acceder a un mejor disfrute de este mundo. ¿Cual sería la forma para acercar al lector común a ese placer?

Con la poesía sucede lo mismo que con la filosofía, a veces se percibe como distante, como algo fabricado, estructurado e inalcanzable, pero tanto la filosofía como la poesía están cerca de la vida. Entre más simple, más sencilla, es más real, así que no se trata solo de escribir, sino de leer poesía. La forma en que se nos presenta o se nos enseña en las escuelas. Yo enseño a jóvenes y adultos y sé que la manera de llegar al conocimiento tiene que partir de eso, de lo esencial, de lo básico, solamente así puede el otro identificarse con lo que le muestras.

http://www.ellas.pa/entre-nos/ela-urriola

viernes, 24 de octubre de 2014

Premios Ricardo Miró 2014

Nuestras felicitaciones a los ganadores del Premio Ricardo Miró 2014, en especial a nuestros colegas Ela Urriola y Víctor Manuel Rodríguez, quienes obtuvieron el galardón en la sección de poesía y ensayo respectivamente.

Vencedores del Ricardo Miró
Fanny D. Arias CH.

http://www.prensa.com/impreso/vivir/vencedores-del-ricardo-miro/413103

viernes, 15 de junio de 2012

Un veto a la nación

Ela Urriola

Muchos de los defensores de la creación del Ministerio de Cultura han visto el veto del Ejecutivo como un freno a la institucionalización de una actividad prioritaria de la sociedad y los sectores involucrados en ella, pero en esa reacción ante lo inmediato han perdido de vista lo medular del hecho. No se ha vetado la creación de un Ministerio de Cultura por razones jurídicas, se ha vetado a la nación por razones viscerales.

Cultura y nación tienen como común denominador la identidad en tanto que una, la primera, sustenta necesariamente la segunda. No entender eso, sencillamente es no comprender la razón política del Estado y mucho menos la razón de ser de un gobierno. La identidad cultural es la carne, el espíritu y único fundamento de la identidad nacional. Son miembros de la misma ecuación que da como resultado el Estado Nacional. Una no puede existir sin la otra, de lo contrario sería demagógica la concepción de una sociedad basada únicamente en imágenes simbólicas o su posición geográfica. Serían hordas ocupando un espacio y enarbolando un cráneo en la punta de una lanza.

La cultura de una nación, utilizando una definición muy simple, son todas las creaciones espirituales, materiales, científicas, técnicas que conforman una sociedad; su forma de vida, sistema de creencias, vestimentas y convicciones políticas; es su pasado, presente y futuro. Desde el sancocho y el arroz con coco hasta las sinfonías dodecafónicas de Roque Cordero; el traje ngäbe y la pollera santeña; la diversidad lingüística y los bailes regionales; la riqueza ecológica y la arquitectura urbana. Esas diversidades étnicas, lingüísticas, históricas y de costumbres terminan sintetizándose en un proyecto compartido que le da forma a la nación, de lo contrario estaríamos en una lucha permanente entre unos y otros. La cultura es un ente vivo que como la corriente de un río se alimenta de afluentes, quebradas, manantiales y depresiones pluviales para crear esa fuerza que lo caracteriza y le da personalidad en los mapas.

Sin cultura no hay nación, y sin nación es imposible concebir la figura jurídica del Estado que concede poderes al gobierno para lograr los fines de la sociedad. Negar la validez institucional de la cultura es ignorar el principio lógico que permite la existencia de los otros, es un salto hacia el pasado que nos lleva de la convivencia democrática a la horda. Del dominio de las instituciones a la ley del más fuerte. La cultura es todo lo que una sociedad ha hecho en su decurso histórico, lo que hace para lograr sus objetivos colectivos y proyecta realizar en un futuro a corto y largo plazo. Es la única forma de engrandecimiento nacional y de pertenencia colectiva.

Es cierto que la cultura se hace en las calles, en las plazas, en los hogares y en los pueblos: hay cultura en un baile congo y en un tamborito; en un bullarengue y en un concierto de la sinfónica; en la pintura de un bus y en el Museo de Arte; en el desierto de Sarigua y en los manglares de la bahía. Está en todas partes, la sentimos y la respiramos a cada momento, pero a esa pulsaciones del quehacer popular es necesario darle un ritmo para que la sociedad entera la viva al unísono y se sienta partícipe de ella, que le dé esa monolítica consistencia del espíritu nacional, y eso solo se logra con un reconocimiento de todos por medio de un organismo cuya institucionalidad garantice el pleno derecho a la creación, participación y disfrute del bien cultural.

La desafortunada decisión del Ejecutivo de vetar la creación del Ministerio de Cultura no es una medida contra el grupo partidista que la llevó al pleno, es un veto a la nación panameña que por encima de los partidos políticos y de los gobiernos de turno se ha sustentado pacientemente haciendo cada cual lo suyo para construir un país. Es una tragedia administrar una nación de la que se desconoce su pasado distante y presente.

La creación de un Ministerio de Cultura no es la idea de un individuo o colectivo político, es una idea y una lucha largamente gestada desde la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, bajo la jefatura de Rogelio Sinán, y que fue la simiente del Instituto Nacional de Cultura, con el cual se han estructurado las bases que deben conducir, por necesidad histórica y razón administrativa, a un ministerio cuya autonomía de acción, recursos y cobertura de servicios contribuya a consolidar ese anhelo de todos los panameños: ¡ser una nación!

http://www.prensa.com/impreso/opinion/un-veto-la-nacion-ela-urriola/100516

miércoles, 2 de febrero de 2011

El sonido del cuerno

Ela Urriola

El pintor Henry Delacroix inmortalizó en una obra simbólica titulada La libertad guiando al pueblo la lucha de los parisinos contra las órdenes de Felipe X de disolver el Parlamento en 1830.

Jean-Jacques David, el gran maestro del neoclásico, plasmó la oposición de los Estados generales (la Asamblea francesa) a la disolución dictada por Luis XVI en el cuadro El juramento del juego de pelota, evento en el que se consagraron los principios de la Revolución Francesa de 1789...

http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2011/02/11/hoy/opinion/2498775.asp

sábado, 25 de septiembre de 2010

Educación, un árbol sin sombra

Ela Urriola

Cada amanecer confirma nuestra condición de país de las improvisaciones. En esta ocasión no haremos referencia al caos de la vida cotidiana; a la ineficiencia del transporte ni a la falta de efectividad de la campaña contra la violencia; nuestro motivo es la improvisación materializada en algunas de las autoridades que nos representan.

La Real Academia define autoridad como: “Poder que gobierna o ejerce el mando. Potestad, facultad, legitimidad. Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad y competencia en alguna materia…”.

De suerte que autoridad, legitimidad y competencia están ligadas a las figuras que ejercen el poder ya sea este político, religioso o académico. Lo cual valida la frase de Confucio, “el hombre superior no lo es por jerarquía sino por moral”.

Hace unas semanas la ministra de Educación declaró en un canal de televisión, refiriéndose a la reestructuración del sistema educativo, que “no serían reuniones donde se va a filosofar durante meses”.

La pregunta es ¿qué autoridad o competencia refleja la ministra de Educación si se expresa despectivamente de la más antigua de todas las disciplinas, denotando un desconocimiento no sólo de los vínculos históricos, sino también teóricos entre la educación y la filosofía? Comprendemos que esto lo manifieste un humilde vendedor de bocadillos en la acera, debido a las limitaciones que han marcado su vida, pero que así lo exprese la máxima autoridad en materia educativa es inaudito, por no decir escandaloso.

El acto de “filosofar” está relacionado directamente con “el pensar”, es la reflexión lógica –no las pasiones, voliciones o impulsos– la que toma el papel protagónico en la conciencia y extrae de esa experiencia conclusiones racionales, válidas para todas las circunstancias posibles. En particular, cuando se trata de la educación de todo un pueblo las opciones deben ser producto de una reflexión metódica que analice todas las aristas y situaciones de manera que los correctivos entre la teoría y la acción sean mínimos y los efectos colaterales afecten la menor cantidad de actores.

La planificación educativa no es para hacer “cosas hermosas” que satisfagan el ego de una autoridad, como tampoco para proclamar que “hacemos historia” con una placa en una escuela; su finalidad es desarrollar un proceso de conocimiento integral que convierta a nuestros niños y jóvenes en ciudadanos, es decir, en hombres y mujeres morales, capaces, reflexivos, solidarios y, sobre todo, con una elevada dignidad personal como condición precedente a la formación profesional, que debe ser la otra instancia del componente educativo. Ignorar este contexto en el currículum educativo es suplantar la sana competencia por el conocimiento por la patética consiga “pelea por tu beca”.

Está de más señalar que desde sus orígenes la filosofía estuvo vinculada a la educación –Sócrates, Platón y Aristóteles– fueron los primeros filósofos de la educación al introducir objetivos, métodos y sistema a sus enseñanzas, básicamente moral. Que los forjadores de la educación en el medioevo fueron los más insignes filósofos del cristianismo –San Agustín y Tomás de Aquino–; la educación de la modernidad fue el producto de pensadores de la Ilustración como Diderot, Montesquieu y Rousseau; los conceptos doctrinales de la educación en la sociedad contemporánea fue concebida por filósofos destacados en otros campos como John Dewey, William James y Alfred North Whitehead.

Pero lo más importante es que la concepción educativa europea actual, estrechamente vinculada a los medios de comunicación, y esto debe ser del conocimiento de la Sra. ministra por su formación y experiencia profesional, se le debe a Jurgën Habermas, filósofo de la Escuela de Frankfurt y a su obra Teoría de la acción comunicativa en la que examina el papel de los medios en una educación dinámica y participativa dentro de la sociedad industrial avanzada y la globalización del conocimiento.

Toda esta trayectoria del pensamiento educativo y sus vínculos con la filosofía se imparten en la Universidad de Panamá en una cátedra llamada Filosofía de la Educación, instituida y dictada por el Dr. Octavio Méndez Pereira, quien comprendió los indisolubles vínculos entre ambos saberes. Concebir una educación sin el marco teórico de la filosofía es pensar en la clásica imagen del árbol, que por su falta de follaje, no puede dar sombra.

Sería favorable que los asesores de la Sra. ministra le explicaran que la construcción de un sistema educativo no es tema para “filosofar durante meses”, pues la adecuación de la educación al desarrollo de la sociedad y a la formación integral a veces tarda años y en muchas ocasiones ha rebasado generaciones enteras. Entendemos el interés de la titular en “hacer historia” y esas “ansías de inmortalidad” a la que se refiere Unamuno la padecemos todos y por lo visto también la comparten otros de sus compañeros de equipo.

Pero si hay algo que todos aprendimos en nuestros cursos de filosofía en el bachillerato y que debemos aplicar en nuestra vida personal y profesional, es la primera regla del método de Descartes: “No aceptar por verdadero nada que no haya sido comprobado racionalmente y evitar en lo posible la prevención y la precipitación…” es decir, los prejuicios y los apasionamientos.

http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2010/09/25/hoy/opinion/2348023.asp

sábado, 15 de mayo de 2010

Cogobierno, sociedad civil y democracia

Ela Urriola

El Banco Mundial –organismo que por su cobertura no podemos calificar como sedicioso o antigubernamental– define la sociedad civil como: “… una amplia gama de organizaciones no gubernamentales y sin fines de lucro que están presentes en la vida pública, expresan los intereses y valores de sus miembros y de otros, según consideraciones éticas, culturales, políticas, científicas, religiosas o filantrópicas”.

La finalidad de la misma, lejos de prohijar el paternalismo y la dependencia del Estado, es concebida como medio para que la persona crezca moralmente autónoma, independiente, autogobernada y responsable de su propia vida.

Según Habermas, la sociedad civil posee un núcleo constituido por asociaciones de voluntarios ajenas al Estado y a la economía y abarcan iglesias, agrupaciones productivas, culturales, deportivas, filantrópicas y de debates, medios de comunicación independientes, academias, grupos de ciudadanos, iniciativas populares, organizaciones de género, raza y sexualidad, hasta las asociaciones profesionales, estudiantiles, ambientalistas, al igual que partidos políticos y sindicatos.

Contrario a las opiniones de quienes consideran a la sociedad civil como una molesta creación contemporánea para contrariar las directrices gubernamentales, sus orígenes se remontan al antiguo Imperio Tebano (3000 a.C.), en donde luego de las masivas ceremonias religiosas se debatían problemas agrícolas, comerciales y del gobierno, a pesar de la rígida estratificación social.

El modelo fue perfeccionado en la Atenas del siglo V a.C, donde los ciudadanos reunidos en el Ágora discutían la política de la Ciudad–Estado, y dio origen a la democracia directa, precursora de nuestra democracia representativa.

Sin embargo, la acepción más próxima al concepto contemporáneo se le debe a uno de los padres de la democracia norteamericana, Alexis de Tocqueville, quien en su obra La democracia en América (1835) destaca el papel de la participación ciudadana como garantía en una democracia basada en la cooperación, solidaridad y correspondencia social.

Este planteamiento, que se sobrepone a la sociedad civil contractual (Rousseau, Hobbes, Locke), la sociedad jurídica (Monstesquieu, Kelsen), la sociedad clasista (Marx, Gramsci) sienta el principio de participación y gobierno de mayorías en la política norteamericana que, con altibajos y distorsiones cíclicas, ha regulado la experiencia democrática de aquel país.

Experiencia que algunos políticos y gobernantes nuestros invocan como modelo, pero de la cual solo perciben un destello ignorando la fuerza que la ilumina.

En una democracia participativa y pluralista la iniciativa de organizarse en asociaciones tiene como finalidad redefinir las relaciones entre la sociedad y el Estado, para garantizar la equidad social y la democratización de las instituciones, sin las cuales las actuaciones colectivas no tendrían repercusión y el Gobierno sería un núcleo absorbente de los derechos ciudadanos.

Los derechos de los más humildes, de los trabajadores agrícolas, billeteros, padres de familia y obreros; al igual que los intereses de los empresarios, profesionales y usuarios de los servicios públicos son las semillas que motiva las agrupaciones de la sociedad civil.

Los últimos 50 años han sido decisivos en la expansión de lo que Vaclav Havel, dramaturgo y ex presidente checo, denominó “la sociedad civil fuerte”, aquella que ha rebasado el ámbito de simple autosatisfacción, para convertirse en actora del cambio y rectificaciones de la vida política, tal es el caso de la revolución de terciopelo que se gestó en la plaza más importante de Praga y que acaparó la atención del mundo.

En Estados Unidos las organizaciones cívicas fueron decisivas para acelerar la ley de derechos civiles y ponerle fin a la guerra de Vietnam. En el caso de nuestro país, la Cruzada Civilista fue determinante en la lucha contra la dictadura militar.

El presente es alentador para el crecimiento de la sociedad civil, gracias a la incorporación masiva de los ciudadanos en agrupaciones representativas en todas partes del mundo, conscientes de su derecho y deber de cogobernar debido a que la representatividad no es garantía de equidad social ni democracia institucional.

La manipulación, la cooptación de la oposición política, el control de los órganos del Estado y la experiencia de los totalitarismos de izquierda y derecha que dominaron la escena política del siglo pasado y que rondan golosos en el presente, pesan demasiado en la memoria ciudadana de todos los países.

Actualmente, este cogobierno ejercido desde fuera mediante recursos tradicionales de crítica y reorientación, se expande con la incorporación de nuevas tecnologías y los medios de comunicación y logra alcances inusitados favoreciendo la inclusión de sectores tradicionalmente marginados de la vida política de la nación.

Rechazar el cogobierno con la sociedad civil es cercenar a la ciudadanía organizada –la misma que individualmente ejerció el derecho al sufragio y depositó su confianza en los gobernantes– el legítimo derecho a disentir, solicitar rectificaciones y proponer opciones alternas en las acciones políticas del gobierno.

Por medio de la sociedad civil la masa dispersa y serializada de los individuos en el colectivo social toma forma, se concentra y se convierte en la sustancia misma de la vida democrática, pues en ella –citando a Rousseau– “la voluntad de todos se convierte en la voluntad general”.

Desconocer este logro de las sociedades modernas es dejar abierto el camino a la autocracia y a la más rudimentaria forma de totalitarismo.

http://impresa.prensa.com/opinion/Cogobierno-sociedad-civil-democracia_0_2839966100.html

domingo, 11 de abril de 2010

Vuelve el debate sobre la minería

Ela Urriola

“Sueños de oro, corrientes envenenadas”, con este título vio la luz la investigación de Jim Lyons y Carlos de Rosa, publicada por el Centro de Políticas Mineras (Washington, 1997) que ha servido como referente en numerosos debates sobre minería en el continente, obligando a tomar medidas preventivas sobre el tema.

Así, mientras la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, sanciona una ley prohibiendo la minería –en especial la de cielo abierto, dominante hoy en día por el menor costo de operación– y en Ecuador y Chile los gobiernos hacen los ajustes para prohibir la actividad, el Sr. Ricardo Martinelli proclama a viva voz su disposición de permitirla para incentivar el desarrollo del país.

Lo que por allá no se puede, aquí “sí se puede”. De manera que su ministro de Comercio, por debida obediencia –como en tiempo de los militares– o, por simple “mala fe” –el acto de engañarse a sí mismo para engañar a los demás, (Sartre, 1943)– sale a la palestra televisada promoviendo las bondades del proyecto y la urgencia de modificar el Código de Minería.

Contrario a la minería subterránea, que aprovecha las vetas para extraer mineral de calidad, la de cielo abierto remueve grandes extensiones de la capa superficial para obtener mayor cantidad de material en el subsuelo, pero de inferior calidad.

El uso de grandes maquinarias, cintas transportadoras, tuberías de lavado y uso de explosivos permiten remover montañas enteras en cuestión de horas. El proceso requiere que el yacimiento abarque vastas extensiones y se encuentre cerca de la superficie; como consecuencia, se cavan cráteres gigantescos que pueden llegar a tener más de 150 hectáreas de extensión y 500 metros de profundidad.

Pero el daño no se limita al epicentro de la explotación, lo más afectado es la periferia que puede abarcar miles de kilómetros a la redonda debido a la deforestación, contaminación de aguas, del subsuelo y la degradación general del ecosistema. En los casos de las minas para extracción de oro, como Petaquilla, el uso de la lixiviación con cianuro –procedimiento para lograr la precipitación del oro rociándolo con cianuro (75 gls por pie cúbico de material)– se logra la extracción de un gramo de oro por tonelada de material, contaminando las aguas superficiales y subterráneas, y eliminado toda forma de vida a su alrededor.

Según especialistas en la materia, (Vaughan, Salinas, Elizondo y Kussmaul) luego de investigaciones en Argentina, Chile y Costa Rica, los efectos colaterales más sensibles son: devastación y modificación de la morfología que deja al descubierto grandes cantidades de material estéril; afectación del entorno y pérdida de atracción escénica; contaminación del aire; afectación de las aguas superficiales y subterráneas; impacto sobre el microclima; afectación de flora y fauna y fauna; contaminación residual del entorno e impacto sobre poblaciones desplazadas por la extensión del proyecto.

El saldo negativo a largo plazo no compensa de ninguna manera los daños por una actividad con una duración estimada de 20 años.

El proyecto minero de Cerro Colorado, utilizado como distractor de opinión durante los debates de los Tratados del Canal, logró su objetivo y luego fue olvidado por razones que nadie pudo explicar. Los yacimientos cupríferos que supuestamente excedían las posibilidades de la mina El Teniente, en Chile, no fueron jamás mencionados y quedó en un limbo hasta el presente, cuando posiblemente sea utilizado real o hipotéticamente para una finalidad gubernamental.

El hecho es que la extracción de cobre, al igual que la de oro u otro mineral, a pesar de utilizar otros purificadores químicos, contaminan y afectan de la misma manera el entorno y la vida humana en todas sus facetas. De manera que el “ahora le toca al pueblo” parece no incluir las comunidades indígenas o campesinas víctimas directas del proyecto, ancestralmente expuestas al exterminio por hambre y enfermedades y que ahora son amenazadas por una moderna forma de genocidio sin necesidad de cámaras de gas: la contaminación.

La premura y entusiasmo con el cual el Sr. Martinelli expresó: “Con mucho gusto la cambiamos (la ley). Yo quiero que el gobierno coreano, junto con accionistas canadienses, norteamericanos y de la bolsa de valores, desarrollen esa mina (yacimiento de cobre de Cerro Colorado en la comarca Ngäbe-Buglé)”, nos trajo del inconsciente un oscuro pasaje de nuestra historia escenificado en una habitación del Waldorf Astoria hace poco más de una centuria y que costó 80 años de sufrimientos. ¿No será que la pandereta por los corredores es para acallar las cascadas de cianuro? Ojalá los inversionistas coreanos nos dejen suficiente cobre para el busto del Sr. Martinelli en alguna plaza de Tolé.

http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2010/04/11/hoy/opinion/2150300.asp

viernes, 25 de diciembre de 2009

El guayacán tiene quien le escriba

Ela Urriola

En nuestro país, donde los actos públicos están revestidos de teatralidad, aunque la mayoría son histriónicos, es extraño que este género artístico no prospere.

Las actuaciones políticas, sociales, familiares y aun las íntimas se presentan de forma pomposa y a todo color. De manera cotidiana los dramas de dolor y muerte de nuestros semejantes se convierten en festín para los medios, que se nutren del dolor ajeno y les permite impulsar irresponsables campañas que se calcan unas a las otras.

En el año 1981, el desprendimiento de vigas de un inmueble del Casco Viejo causó la muerte de un niño que jugaba en el patio de las ruinas. De inmediato los medios desataron una campaña sobre la inestabilidad de esas construcciones coloniales y la necesidad de demolerlas por seguridad.

El alcalde de entonces, Dr. Roberto Velásquez, y el mayor Pedro Ayala, oficial de la Guardia Nacional, se aprestaron al lugar con una inmensa grúa de demolición y una caravana de camiones dispuestos a arrasar lo que el tiempo no había podido.

A golpes de la inmensa bola se destruyó un edificio del siglo XVII contiguo a la Embajada de Francia, las ruinas del Hospital San Juan de Dios, edificación religiosa del mismo periodo, y se dirigían a tumbar el edificio de la Logia Masónica cuando funcionarios de Patrimonio Histórico y de la Comisión Nacional de Arqueología y Monumentos intervinieron ante el presidente Aristides Royo, quien frenó la acción. Todo fue filmado y transmitido, paso a paso, para solaz de las cámaras de televisión.

La caída de un árbol que segó la vida de un joven profesional, hecho lamentable que conmueve a todos los panameños, es motivo para reflexionar sobre nuestra seguridad en las calles, ya sea como consecuencia de los fenómenos naturales o por la crisis que vive la sociedad en general. Pero, sobre todo, para que las medidas que se tomen no sean una respuesta visceral para aplacar la presión o satisfacer el índice de sintonía de los medios de comunicación, sino opciones racionales, consecuencia de criterios científicos y claridad de objetivos.

Al igual que el incidente anterior, la solución ha sido destruir para que las escenas complazcan la voracidad de las cámaras y no estudiar las causas y hallar soluciones que protejan los pocos bienes arqueológicos o ecológicos que posee esta devastada ciudad.

Una trágica muerte causada por la caída de un árbol o el desprendimiento de un soporte colonial son hechos en extremo raros, tal vez por eso llaman más la atención morbosa que los cientos de asesinatos cometidos por los “diablos rojos”, pero a los usuarios no se les ha ocurrido ir a las piqueras a incendiar estas chatarras, como ocurrió en Perú hace una década. Hay más muertes causadas por violencia familiar, derrames, úlceras, cirrosis o cáncer a consecuencia del seco y ninguna autoridad de ayer o de hoy se ha pronunciado en contra de este veneno con patente de licor.

La incidencia del cigarrillo en el cáncer pulmonar no ha sido motivo para ordenar el cierre de las tabacaleras, y los cotidianos ajusticiamientos no han llevado ni a la promulgación de la pena capital ni a justificar los escuadrones de la muerte. Y sencillamente no lo hacemos porque frente a estos hechos anteponemos la razón de la ley para evitar los apasionamientos que provocan el estupor o el miedo.

Lamentablemente, los árboles, animales, monumentos históricos y ecosistemas no hablan y no pueden defenderse. Por eso es fácil arrasar una selva tropical para horadar una mina, demoler impunemente edificios simbólicos por el ego castrense, contaminar un río para evacuar desperdicios, cazar especies en extinción por el placer de matar o talar decenas de árboles para entretener la opinión.

Pan y circo, aquí todo es posible, porque voltear el rostro es más fácil que aprender. ¿Por qué los directivos de la Anam no aprenden de la Autoridad del Canal que tiene una dirección especializada para el control y mantenimiento de áreas verdes y que se ha mantenido como una prioridad? ¿O por qué el alcalde capitalino no abandona su ridícula actuación en episodios y se pone a trabajar para el puesto que fue, lamentablemente, elegido? ¿Dónde está la Subgerencia de Ornato y Medio Ambiente de la Alcaldía, que “tiene como responsabilidad dirigir el plan de desarrollo y mantenimiento de los espacios abiertos del distrito de Panamá”…?

El silencio y el mirar a otro lado son actitudes de largo aprendizaje que permiten a los estudios de impacto ambiental devastar al país en nombre del desarrollo global. Con dolor hemos visto derribar esos señoriales ciudadanos de plazas, calles, patios y avenidas; hemos contemplado la ordalía del hacha y la motosierra ensañarse sobre los troncos centenarios de esos amigos de siempre y por eso tengo que escribir, para que los panameños sepan que el guayacán, el panamá, los corutúes, los caobos, cedros y espavés tienen quien les escriba. Mientras tanto, miles de panameños se preguntan indignados: ¿hasta cuándo el circo?

http://impresa.prensa.com/opinion/guayacan-escriba_0_2734226625.html

lunes, 12 de mayo de 2008

Receta contra el ‘charrismo’

Ela Urriola

Parodiando a Marx hacemos patente la desgarradora situación en que se debaten miles de panameños frente a los crímenes contra la naturaleza y contra la calidad de sus vidas. Proliferando en forma de epidemia –lo que en el argot popular se ha traducido como "charrismo"– ha degenerado en la devastación de grandes extensiones de bosques, selvas, manglares, montañas, contaminación de ríos y playas, al punto de que este mal se ha convertido en una de las más grandes amenazas que se ha cernido sobre el país, y se volvió crónico durante la última estación seca.

La falta de voluntad política, la indiferencia e incompetencia de funcionarios, los compromisos familiares y políticos hacen virtualmente imposible la aplicación de una ley de protección ambiental de manera coherente, extensiva y democrática (a los fabricantes de carbón de Punta Chame se les persigue, pero hay quienes allí arrasan con una treintena de hectáreas de este arbusto y son agraciados con la impunidad ante la ley). Esta enfermedad que azota al istmo y se agrava en la medida en que se agudizan las lesiones al patrimonio natural con las concesiones que el Gobierno otorga a las empresas urbanísticas y de desarrollo turístico, de tierras costeras, islas y montañas y que hacen casi imposible ejercer fiscalización y control alguno.

De la misma manera como nos intoxica la proliferación de crímenes y violencia intrafamiliar recogidos en los periódicos, igualmente proliferan las denuncias por devastación de manglares, destrucción de ecosistemas insulares, depredación de las montañas y no menos doloroso: el desalojo de sus habitantes. Al institucionalizar el Gobierno la política del despojo, la sociedad civil consciente de la importancia del medio ambiente para la salud humana y la calidad de vida debe cerrar filas en un proyecto homogéneo para hacer un alto a la venta del país, pero sobre todo para defender nuestro derecho a la vida. Con ese propósito nos atrevemos a proponer algunas recomendaciones a manera de receta para paliar en alguna medida la epidemia de "charrismo" que ha infectado al país:

Nombrar a un director de la Anam que surja de propuestas de los grupos ecologistas jurídicamente establecidos, que presentarán una terna al Presidente de la República, de modo tal que la escogencia se realice por su idoneidad, experiencia, probidad y compromiso social.

Hacer una revisión integral de la legislación sobre control, manejo y protección del ambiente y el patrimonio natural que comprenda aquellos aspectos contenidos en los acuerdos internacionales, sin menoscabo de las formas de vida y atendiendo las necesidades de las comunidades que habitan en ellas.

Realizar un diagnóstico científico y objetivo de la administración de la Anam para determinar su operatividad y hacer los correctivos necesarios para que su acción se haga sentir en todo el territorio nacional.

Crear un juzgado para asuntos del ambiente que delibere y sancione, de conformidad a lo establecido en la ley, los delitos.

Crear como parte de la Anam una policía ambiental, con jurisdicción nacional y los recursos materiales para hacer cumplir la ley, aplicando las sanciones de manera expedita.

Gravar a las empresas inmobiliarias, de desarrollo turístico, de explotación de recursos naturales y proyectos urbanísticos con un impuesto especial para el cumplimiento de los fines establecidos por ley.

Desarrollar como parte del currículo transversal de la educación primaria, media y universitaria nociones sobre derecho ambiental, la protección del patrimonio natural y la calidad de vida, mediante acuerdos con la Anam, el Ministerio de Educación y las universidades.

Obligar a los medios de comunicación al cumplimiento de la ley para que los espacios radiales y televisivos estén orientados a la divulgación sobre el valor del patrimonio cultural y natural.

Perfeccionar el mecanismo de participación institucional en los programas internacionales de protección del ambiente, con proyectos puntuales y prioritarios que optimicen la utilización de los recursos del Estado.

Declarar al patrimonio histórico y natural bienes en peligro inminente, comprometiendo al Estado, al sector privado y a la ciudadanía como agentes responsables de su salvaguarda y protección.

Este recetario lo ponemos a disposición de los candidatos que aspiran a la Presidencia de la República (y que prometen de forma vehemente curar los males que tenemos y los que aún no tenemos), para ver cuál de ellos, revestido de una verdadera conciencia social, un sentimiento de identidad y amor patrio, asume la apremiante tarea de salvarnos de nosotros mismos.

http://impresa.prensa.com/opinion/Receta-charrismo_0_2290271132.html