Ruling Barragán
Según una de sus definiciones académicas, la metafísica es el “ estudio racional de la naturaleza última de la realidad en sus aspectos más generales”. En cuanto tal, su enseñanza formal se imparte en la universidad (en particular dentro de los departamentos o facultades de filosofía). Así pues, la metafísica universitaria o académica no debe confundirse con lo que podría entenderse por ocultismo, esoterismo, misticismo, espiritismo, gnosticismo, nueva era, cábala, magia, alquimia, hermeticismo, teosofía, religión, espiritualidad, autoayuda, logosofía, o cualquier otra concepción de índole similar.
No obstante, esto no significa que algunas ideas contenidas en estas curiosas concepciones no sean estudiadas también por la metafísica universitaria. En efecto, la metafísica académica trata algunos de los temas que abordan las anteriores concepciones. Por ejemplo, el fundamento último de todo lo que es, lo cual incluye a las leyes, formas o entes “no físicos” que constituyen la naturaleza y el ser humano (tiempo, espacio, causalidad, existencia, libertad, voluntad, conciencia, entre otros). Sin embargo, el modo que toman sus reflexiones y los resultados a los que llega el profesor universitario suelen ser muy distintos de los que tienen aquellos que tratan las concepciones antes mencionadas.
La diferencia está en el instrumento que utiliza la metafísica académica: la sola razón (ordinariamente entendida, no la imaginación ni ningún tipo de supuesta intuición o revelación). Así también, el método (la argumentación), el modo de escritura (prosa argumentativa) y los pensadores a los cuales cita o se refiere. Así pues, la metafísica en los departamentos de filosofía hace referencia a lo que han escrito Aristóteles y Tomás de Aquino, o lo que han pensado autores como Descartes, Kant, Schopenhauer, Hegel, Wittgenstein o Heidegger, entre otros.
En nuestro país solo se enseña metafísica en nuestra primera casa de estudios, en el Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades. Ahí recibe el nombre de “ontología”. Hay quienes dirán (no sin razón) que ha de ser un despilfarro de nuestros impuestos sufragar semejante asignatura. Mucho más en un país en el que priman los problemas políticos y económicos.
Otros señalarán que la metafísica puede ser un bonito adorno de nuestra educación universitaria, pero que es completamente obsoleta. Sería mejor dedicar el presupuesto universitario a cualquier asignatura científica o tecnológica. A fin de cuentas, según entienden la mayoría de los científicos y tecnólogos, ya la tecnociencia moderna ha reemplazado la metafísica desde hace más o menos 200 años.
No estoy muy seguro de esto último. Todavía en las universidades más prestigiosas del mundo, de Europa y de Estados Unidos, la enseñanza de la metafísica goza de buena salud. Si los científicos y tecnólogos que rechazan la metafísica están en lo correcto, debemos entonces felicitar a los metafísicos por ser tan astutos, pues siguen acaparando fondos de investigación, pero sin producir nada práctico o rentable.
Quizá, a pesar del rechazo e inutilidad de la metafísica, ella contiene algo de singular e inestimable valor que ninguna ciencia o tecnología puede reemplazar. Y tampoco comprender, pero que a algunas mentes, en todo tiempo y lugar, les fascina indagar. Tal vez, en última instancia, esa sea la justificación de toda metafísica. Como señalaba Wittgenstein, “se trata de una tendencia del espíritu humano”. Tendencia que, según parece, es profunda e inevitable, al menos para ciertas personas, por lo cual sería mucho más que un mero capricho o entretenimiento intelectual. En tal caso, ha de ser contemplada por el derecho a la cultura, permitiéndosele existir y ser cultivada por quienes se interesen en ella. No lo merece menos que el fútbol o tanto programa de entretenimiento en la televisión.
http://www.prensa.com/opinion/Metafisica-cultura_0_4816768369.html
jueves, 3 de agosto de 2017
viernes, 28 de julio de 2017
Viene la fiesta de las letras
Mariela Sagel
Agosto es el mes de las letras en Panamá desde el año 2001, y Panamá será ‘la ciudad de los libros', ya que éste es el lema que ha escogido la Cámara Panameña del Libro (CPL) para la realización de la XIII Feria Internacional del Libro de Panamá, del 15 al 20 de agosto, en el Centro de Convenciones Atlapa. Lo que empezó como una fiesta bianual ahora se ha consolidado como una cita anual obligatoria y este año se verá prestigiada por tener a Colombia como el país invitado, coincidiendo con la celebración de los 50 años de la publicación de Cien Años de Soledad, obra cumbre del Nobel colombiano Gabriel García Márquez.
http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/viene-fiesta-letras/24014856
Agosto es el mes de las letras en Panamá desde el año 2001, y Panamá será ‘la ciudad de los libros', ya que éste es el lema que ha escogido la Cámara Panameña del Libro (CPL) para la realización de la XIII Feria Internacional del Libro de Panamá, del 15 al 20 de agosto, en el Centro de Convenciones Atlapa. Lo que empezó como una fiesta bianual ahora se ha consolidado como una cita anual obligatoria y este año se verá prestigiada por tener a Colombia como el país invitado, coincidiendo con la celebración de los 50 años de la publicación de Cien Años de Soledad, obra cumbre del Nobel colombiano Gabriel García Márquez.
http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/viene-fiesta-letras/24014856
jueves, 13 de julio de 2017
Una reflexión sobre el mundo de hoy
Roberto Arosemena Jaén
La sabiduría milenaria de ayer afirmaba, soberbiamente: no hay nada nuevo bajo el sol. La de hoy supone que todo lo nuevo es creatura de la tecno-ciencia. No solo lo supone, sino que lo demuestra. Desaparecen los límites de la naturaleza, sobre todo de esa naturaleza identificada con Dios. Hasta el siglo XVIII, lo más ridículo era pensar un mundo sin naturaleza, es decir, sin Dios. Ninguno con dos dedos de frente se atrevía a decir que la naturaleza era un invento de la inteligencia humana; sin naturaleza no podía existir un conocimiento científico.
El mito de Ícaro, de la Torre de Babel y ahora de los Twitter de Trump demuestran que la “sabiduría” de ayer y de hoy tiene lugares comunes. Hay que ponerle límites a la naturaleza no como lo intentó hacer el mito, sino como lo hace la tecno-ciencia actualmente. La verificación es el secreto entre la superstición, el mito, la fantasía y la estupidez. El conocimiento avanza no porque se cree, sino porque se verifica. El problema es que los “verificadores” son minorías, la gran masa, y vivimos en la era de la masificación, son creyentes que no distinguen realidad de constructos virtuales.
De la misma manera que la humanidad le puso límites a la naturaleza y a sus leyes mediante el conocimiento verdadero –la verificación científica- la tecno-ciencia tiene que imponerse límites. Ni la naturaleza fue realmente Dios, ni la tecno-ciencia puede levantarse contra la naturaleza. Ambas son categorías para calificar el potencial humano y no la existencia divina.
Por ejemplo, la tecno-ciencia de las redes de comunicación, como el Twitter del jefe del Ejército de Armas Apocalípticas tiene límites que la inteligencia de TRUMP no percibe. Trump tiene el pensamiento simple de que si el Twitter fue un buen instrumento para ganarse el voto estadounidense, también le servirá para arrodillar a Europa, China y Rusia.
Esas bravuconadas de la tecno-ciencia tienen la virtud de crear dioses y demonios; para la gente sensata, cosas virtuales; para la otra generación de humanos, ideologías reales por las cuales vale la pena morir y hasta matar. Allí está la prepotencia de los dueños de las armas de destrucción apocalípticas y de su contraparte natural, el terrorismo. Allí está la ideología del género y su contraparte, el fundamentalismo reproductivo. El mundo de hoy no puede ser más de excesos, sino de límites y respetos.
La naturaleza y la tecno-ciencia enloquecen a los promotores de excesos. Los antiguos cultivadores de la ya anacrónica soberbia.
La aparente perversión del mundo de hoy mantiene el germen de su recuperación. La única actividad humana más corrupta, la política, es la actividad que todavía llena de esperanzas a los indignados, a los violentos protestatarios y a las masas silenciosas. No se trata del viejo mesianismo de que vendrá el “Ungido” a renovar el mundo perdido. Las religiones de libro y revelación han insistido en que la redención es una misión divina, no obstante, un líder carismático, surgido en la periferia del Imperio Romano, nos dice que somos nosotros mismos los que tenemos que sobrellevar la carga de la naturaleza y de las civilizaciones.
La misión de cambiar y mejorar es un objetivo de la humanidad de seres libres e inteligentes. No obstante, se sabe que la responsabilidad de la humanidad en su conjunto tiene que ser asumida por individuos y comunidades que sepan actuar con sentido de bien universal compartido, que precisamente es el objetivo pragmático de la política.
Esta propuesta es sumamente compleja y algunos dirán utópica, porque no se encuentra en ninguna experiencia, ni de la sabiduría antigua sometida a la naturaleza, ni de la sabiduría contemporánea sometida a la tecno-ciencia. La única palanca capaz de iniciar el movimiento para remover la corrupción de los políticos es nuestra decisión y convencimiento de hacer política coherente y sanamente.
http://www.prensa.com/opinion/reflexion-mundo-hoy_0_4801019973.html
La sabiduría milenaria de ayer afirmaba, soberbiamente: no hay nada nuevo bajo el sol. La de hoy supone que todo lo nuevo es creatura de la tecno-ciencia. No solo lo supone, sino que lo demuestra. Desaparecen los límites de la naturaleza, sobre todo de esa naturaleza identificada con Dios. Hasta el siglo XVIII, lo más ridículo era pensar un mundo sin naturaleza, es decir, sin Dios. Ninguno con dos dedos de frente se atrevía a decir que la naturaleza era un invento de la inteligencia humana; sin naturaleza no podía existir un conocimiento científico.
El mito de Ícaro, de la Torre de Babel y ahora de los Twitter de Trump demuestran que la “sabiduría” de ayer y de hoy tiene lugares comunes. Hay que ponerle límites a la naturaleza no como lo intentó hacer el mito, sino como lo hace la tecno-ciencia actualmente. La verificación es el secreto entre la superstición, el mito, la fantasía y la estupidez. El conocimiento avanza no porque se cree, sino porque se verifica. El problema es que los “verificadores” son minorías, la gran masa, y vivimos en la era de la masificación, son creyentes que no distinguen realidad de constructos virtuales.
De la misma manera que la humanidad le puso límites a la naturaleza y a sus leyes mediante el conocimiento verdadero –la verificación científica- la tecno-ciencia tiene que imponerse límites. Ni la naturaleza fue realmente Dios, ni la tecno-ciencia puede levantarse contra la naturaleza. Ambas son categorías para calificar el potencial humano y no la existencia divina.
Por ejemplo, la tecno-ciencia de las redes de comunicación, como el Twitter del jefe del Ejército de Armas Apocalípticas tiene límites que la inteligencia de TRUMP no percibe. Trump tiene el pensamiento simple de que si el Twitter fue un buen instrumento para ganarse el voto estadounidense, también le servirá para arrodillar a Europa, China y Rusia.
Esas bravuconadas de la tecno-ciencia tienen la virtud de crear dioses y demonios; para la gente sensata, cosas virtuales; para la otra generación de humanos, ideologías reales por las cuales vale la pena morir y hasta matar. Allí está la prepotencia de los dueños de las armas de destrucción apocalípticas y de su contraparte natural, el terrorismo. Allí está la ideología del género y su contraparte, el fundamentalismo reproductivo. El mundo de hoy no puede ser más de excesos, sino de límites y respetos.
La naturaleza y la tecno-ciencia enloquecen a los promotores de excesos. Los antiguos cultivadores de la ya anacrónica soberbia.
La aparente perversión del mundo de hoy mantiene el germen de su recuperación. La única actividad humana más corrupta, la política, es la actividad que todavía llena de esperanzas a los indignados, a los violentos protestatarios y a las masas silenciosas. No se trata del viejo mesianismo de que vendrá el “Ungido” a renovar el mundo perdido. Las religiones de libro y revelación han insistido en que la redención es una misión divina, no obstante, un líder carismático, surgido en la periferia del Imperio Romano, nos dice que somos nosotros mismos los que tenemos que sobrellevar la carga de la naturaleza y de las civilizaciones.
La misión de cambiar y mejorar es un objetivo de la humanidad de seres libres e inteligentes. No obstante, se sabe que la responsabilidad de la humanidad en su conjunto tiene que ser asumida por individuos y comunidades que sepan actuar con sentido de bien universal compartido, que precisamente es el objetivo pragmático de la política.
Esta propuesta es sumamente compleja y algunos dirán utópica, porque no se encuentra en ninguna experiencia, ni de la sabiduría antigua sometida a la naturaleza, ni de la sabiduría contemporánea sometida a la tecno-ciencia. La única palanca capaz de iniciar el movimiento para remover la corrupción de los políticos es nuestra decisión y convencimiento de hacer política coherente y sanamente.
http://www.prensa.com/opinion/reflexion-mundo-hoy_0_4801019973.html
miércoles, 12 de julio de 2017
Donación del exvicepresidente Ricardo Arias Calderón
La Biblioteca Simón Bolívar de la
Universidad de Panamá, recibió en concepto de donación 1,300 libros de
filosofía, historia y ciencias políticas, de diferentes autores, los
cuales eran parte de la colección de libros del exvicepresidente de la
república, Ricardo Arias Calderón (Q.E.P.D.). La esposa del exvicepresidente, Teresita
Yániz de Arias, fue la encargada de entregar los libros a la directora
de la Biblioteca Simón Bolívar, Damaris Tejedor. Señaló Yániz de Arias, que su esposo
consideraba a la Universidad de Panamá como su casa, por ello cree que
el mejor lugar para dejarlos es ahí.
viernes, 30 de junio de 2017
Continúa el apoyo a Cuba ante el cambio político de gobierno de EE.UU.
Redacción Digital Granma
Los miembros del Consejo Mundial del Proyecto José Martí de Solidaridad Internacional apoyan este viernes el mensaje de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), a favor de las buenas relaciones entre Estados Unidos y este país
Los miembros del Consejo Mundial del Proyecto José Martí de Solidaridad Internacional apoyan este viernes el mensaje de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), a favor de las buenas relaciones entre Estados Unidos y este país.
Continuar leyendo el artículo:
http://www.granma.cu/cuba/2017-06-30/continua-el-apoyo-a-cuba-ante-el-cambio-politico-de-gobierno-de-eeuu-30-06-2017-07-06-57
Los miembros del Consejo Mundial del Proyecto José Martí de Solidaridad Internacional apoyan este viernes el mensaje de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), a favor de las buenas relaciones entre Estados Unidos y este país
Los miembros del Consejo Mundial del Proyecto José Martí de Solidaridad Internacional apoyan este viernes el mensaje de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), a favor de las buenas relaciones entre Estados Unidos y este país.
Continuar leyendo el artículo:
http://www.granma.cu/cuba/2017-06-30/continua-el-apoyo-a-cuba-ante-el-cambio-politico-de-gobierno-de-eeuu-30-06-2017-07-06-57
Edilia Camargo: ‘Este país tiene pendiente elaborar su propio pensamiento'
Panamá no puede seguir entre mercachifles y matarifes. Hay que desmitificar, romper cárceles académicas y pensar por nosotros mismos. La sociología sustituye a la filosofía. Hay que pensar más. Es una reflexión que hay que hacer sin que la historia nos enfrente a grandes violencias. El panameño no puede seguir haciéndose la guerra con un enemigo que no existe, porque lo tenemos adentro. Habiendo tenido tanto nos hemos atrevido a muy poco. Hay que sacar al país de su letargo acomodaticio. Nos conformamos con consignas electorales que adocenan: ‘el pueblo primero', ‘los zapatos del pueblo', el pueblo panameño le ha cedido su voz a otros, deja que otros hablen por él. Yo vengo de ese pueblo, que es un pueblo que resiste, insolente que se burla de su propia miseria, que no es pueblo estúpido. El ‘juega vivo' no es una filosofía y no define al panameño. La filosofía es conocimiento, es pensar con independencia. El país tiene pendiente elaborar su propio pensamiento. Y no es poco.http://laestrella.com.pa/panama/nacional/este-pais-tiene-pendiente-elaborar-propio-pensamiento/24010184
jueves, 15 de junio de 2017
Actualizar o no actualizar
Francisco Díaz Montilla
Cuando de impuestos se trata es una ilusión pensar que los contribuyentes tendremos algún tipo de concesión gratuita por parte del fisco, pues ya sea que se reduzca o elimine alguno, de acuerdo con el principio constitucional de renta sustitutiva, o se crean nuevas rentas o se aumentan las existentes. ¡El fisco siempre gana!
El polémico Decreto 130, en ese sentido, es parte de una estrategia en que el fisco no hace sino atar cabos sueltos mediante acciones coordinadas de municipios, DGI, Anati, notarías y Registro Público (¡casi nada!). No es para menos: los contribuyentes deben pagar por las buenas o por las malas, máxime si hay baches en las finanzas públicas, en cuyo caso todos han de hacer sacrificios, menos el Gobierno y los municipios -claro- ahora los primeros beneficiados del impuesto de inmuebles.
Se puede aceptar que todo ciudadano tiene obligaciones, una de ellas el pago de impuesto. Sin embargo, esa obligación debe implicar algún derecho. Sobre esto, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en el artículo 16 decía que “Todos los ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o a través de sus representantes, la necesidad de la contribución pública, de aceptarla libremente, de vigilar su empleo y de determinar su prorrata, su base, su recaudación y su duración”. Posiblemente, parte de nuestro problema es que no exigimos nada en ese sentido, y deberíamos hacerlo.
En efecto, cuando se nos dice, por ejemplo, que los impuestos se invierten en infraestructura que beneficia a todos, deberíamos preguntarnos si la calidad de dicha infraestructura justifica el menoscabo patrimonial de nosotros los contribuyentes; o si el pago de tratamientos médicos para funcionarios, en su condición de tales, es un uso legítimo de los impuestos; entre otros. Y si la respuesta es negativa, ¡exigir!
Por ello, pienso que la reacción ciudadana ante el Decreto 130 es positiva, aunque el problema de fondo no radica en el decreto, sino en la propia ley fiscal, que concibe la posibilidad de avalúos (generales o específicos) de oficio, con todo lo que ello implica para el contribuyente. Digo que positiva, porque si el decreto no hace sino atar cabos sueltos, significa que por ahora no podrá hacerlo. De paso, dicha reacción podría ser el inicio del surgimiento de una conciencia tributaria del contribuyente que lo obligue a estar vigilante del uso y abuso que hacen los gobernantes de dinero que no les pertenece.
Quienes defienden el Decreto 130 señalan que este nada afirma sobre avalúos. Y en esto tienen razón. Pero no se trata de lo que el decreto no afirma, sino de lo que implica; y lo que implica es que –por ejemplo- vía la actualización solicitada de manera voluntaria o de oficio, el contribuyente no mejora su condición, empeora: Si fuese voluntaria, es como si se hiciera un harakiri; si fuese de oficio, entonces el verdugo de la DGI se encargará de él tarde o temprano, pues como se advierte en el artículo 765 del Código Fiscal “Este impuesto grava el inmueble quien quiera que sea el dueño o usuario y tendrá preferencia sobre cualquier otro gravamen que pese sobre dicho bien”. Así las cosas, pareciera que la suerte está echada: Actualizar o no actualizar…
https://web.archive.org/web/20170616170640/http://www.prensa.com/opinion/Actualizar-actualizar_0_4780022097.html
Cuando de impuestos se trata es una ilusión pensar que los contribuyentes tendremos algún tipo de concesión gratuita por parte del fisco, pues ya sea que se reduzca o elimine alguno, de acuerdo con el principio constitucional de renta sustitutiva, o se crean nuevas rentas o se aumentan las existentes. ¡El fisco siempre gana!
El polémico Decreto 130, en ese sentido, es parte de una estrategia en que el fisco no hace sino atar cabos sueltos mediante acciones coordinadas de municipios, DGI, Anati, notarías y Registro Público (¡casi nada!). No es para menos: los contribuyentes deben pagar por las buenas o por las malas, máxime si hay baches en las finanzas públicas, en cuyo caso todos han de hacer sacrificios, menos el Gobierno y los municipios -claro- ahora los primeros beneficiados del impuesto de inmuebles.
Se puede aceptar que todo ciudadano tiene obligaciones, una de ellas el pago de impuesto. Sin embargo, esa obligación debe implicar algún derecho. Sobre esto, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en el artículo 16 decía que “Todos los ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o a través de sus representantes, la necesidad de la contribución pública, de aceptarla libremente, de vigilar su empleo y de determinar su prorrata, su base, su recaudación y su duración”. Posiblemente, parte de nuestro problema es que no exigimos nada en ese sentido, y deberíamos hacerlo.
En efecto, cuando se nos dice, por ejemplo, que los impuestos se invierten en infraestructura que beneficia a todos, deberíamos preguntarnos si la calidad de dicha infraestructura justifica el menoscabo patrimonial de nosotros los contribuyentes; o si el pago de tratamientos médicos para funcionarios, en su condición de tales, es un uso legítimo de los impuestos; entre otros. Y si la respuesta es negativa, ¡exigir!
Por ello, pienso que la reacción ciudadana ante el Decreto 130 es positiva, aunque el problema de fondo no radica en el decreto, sino en la propia ley fiscal, que concibe la posibilidad de avalúos (generales o específicos) de oficio, con todo lo que ello implica para el contribuyente. Digo que positiva, porque si el decreto no hace sino atar cabos sueltos, significa que por ahora no podrá hacerlo. De paso, dicha reacción podría ser el inicio del surgimiento de una conciencia tributaria del contribuyente que lo obligue a estar vigilante del uso y abuso que hacen los gobernantes de dinero que no les pertenece.
Quienes defienden el Decreto 130 señalan que este nada afirma sobre avalúos. Y en esto tienen razón. Pero no se trata de lo que el decreto no afirma, sino de lo que implica; y lo que implica es que –por ejemplo- vía la actualización solicitada de manera voluntaria o de oficio, el contribuyente no mejora su condición, empeora: Si fuese voluntaria, es como si se hiciera un harakiri; si fuese de oficio, entonces el verdugo de la DGI se encargará de él tarde o temprano, pues como se advierte en el artículo 765 del Código Fiscal “Este impuesto grava el inmueble quien quiera que sea el dueño o usuario y tendrá preferencia sobre cualquier otro gravamen que pese sobre dicho bien”. Así las cosas, pareciera que la suerte está echada: Actualizar o no actualizar…
https://web.archive.org/web/20170616170640/http://www.prensa.com/opinion/Actualizar-actualizar_0_4780022097.html
Suscribirse a:
Entradas (Atom)