Ruling Barragán
De acuerdo con el más reciente Resumen Ejecutivo sobre Libertad de Culto en Panamá (2014), del Departamento de Estado de Estados Unidos, nuestro país ya no es tan tolerante en materia de religión; en particular, en cuanto a minorías religiosas se refiere. En él se registran por primera vez algunos brotes de intolerancia religiosa a nivel de prácticas gubernamentales y actitudes sociales.
Así, por ejemplo, en cuanto a las primeras, menciona que “algunos grupos religiosos no católicos dijeron que percibían que el catolicismo romano tenía ciertas ventajas sancionadas por el Estado sobre las demás denominaciones, tales como el uso exclusivo de celebrantes católicos romanos para realizar las invocaciones religiosas en algunos eventos del Gobierno”. Asimismo, señala que “los líderes religiosos no católicos expresaron su inquietud en cuanto a que el Gobierno le concedió trato preferencial a las escuelas católicas al momento de asignar los subsidios para las escuelas religiosas”.
Por otra parte, en relación con las segundas, indica que “tanto las comunidades rastafari como las comunidades musulmana y afropanameña informaron sobre discriminación social hacia sus miembros debido a su apariencia. Indicaron que empleadores potenciales tendían a discriminar, especialmente si los que realizaban las entrevistas eran evangélicos”.
Adicionalmente, el Resumen informa que a pesar de unas invitaciones del Comité Ecuménico de Panamá para realizar varios eventos que promovían el aprecio y el respeto entre varios grupos religiosos, aquellas no fueron recibidas por una comunidad musulmana y dos congregaciones judías. “No se unieron al comité, a pesar de recibir invitaciones para hacerlo”, señala el documento.
Si bien el Resumen también menciona algunos loables episodios, notablemente, la carta pública titulada: “Judíos, cristianos y musulmanes: unidos por la paz y la dignidad humana”, los incidentes mencionados (y otros que no menciono aquí) no dejan lugar a dudas de que las cosas comienzan a cambiar en nuestra nación en materia de libertad religiosa. Y no precisamente para bien. Si esto es así, tanto el Estado como su sociedad civil deberán realizar algunos esfuerzos para corregir los incipientes brotes de intolerancia religiosa que aparecen. Aunque poco notada (y para muchos, ignorada), la diversidad religiosa en Panamá es culturalmente rica y fascinante. Y lo es en gran medida por el hecho de que las más distintas confesiones religiosas han coexistido durante toda nuestra historia en relativa paz, sin mayores problemas. Al menos, hasta donde nos dice el citado Resumen.
Al respecto, es increíble que, con la posible excepción del número 511 (nov./dic. 2013) de la Revista Lotería, titulado “La libertad de culto en Panamá”, aparentemente, no existe publicación en el país, sea sociológica, histórica, antropológica o filosófica, que trate la diversidad religiosa, desde una perspectiva neutral y pluralista. Ni instituciones gubernamentales ni universidades públicas o privadas parecen ocuparse o preocuparse por este tema, desde tal perspectiva. Como si el pluralismo religioso e ideológico istmeño (que incluiría a minorías no creyentes) no tuviera relevancia en nuestro ser y quehacer nacional.
Ojalá pudiéramos conocer, comprender y valorar mejor la diversidad religiosa que constituye nuestra identidad cultural como nación. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de caer en la intolerancia religiosa, en especial, contra las religiones minoritarias y las minorías no creyentes que existen en Panamá. O, igualmente, intolerancia por parte de minorías religiosas o no creyentes hacia otras minorías o mayorías religiosas.
http://impresa.prensa.com/opinion/Intolerancia-religiosa-Panama-Ruling-Barragan_0_4434306586.html
jueves, 10 de marzo de 2016
domingo, 6 de marzo de 2016
Retos en materia de derechos humanos
Francisco Díaz Montilla
A propósito de la selección de la persona que dirigirá la Defensoría del Pueblo el próximo quinquenio, la mirada se dirige a una institución desacreditada y de la que no pocos dudan de su relevancia en materia de protección de derechos humanos. No hay que soslayar que en esta materia el Estado panameño, en tanto que estado de derecho, tiene importantes retos que no debe eludir. Primero, porque se trata de cumplir con instrumentos internacionales, según lo enunciado en el Art. 4 del texto constitucional; segundo, porque está en juego la protección de derechos fundamentales de los habitantes de la República; y tercero, porque la estatura moral del Estado es proporcional al grado de cumplimiento de estos derechos. Para ello, la labor de la Defensoría es esencial, a pesar de la poca –tal vez nula– relevancia que hasta ahora ha tenido. Los retos son diversos, algunos de ellos son los siguientes:
http://impresa.prensa.com/opinion/Retos-derechos-Francisco-Diaz-Montilla_0_4431306868.html
A propósito de la selección de la persona que dirigirá la Defensoría del Pueblo el próximo quinquenio, la mirada se dirige a una institución desacreditada y de la que no pocos dudan de su relevancia en materia de protección de derechos humanos. No hay que soslayar que en esta materia el Estado panameño, en tanto que estado de derecho, tiene importantes retos que no debe eludir. Primero, porque se trata de cumplir con instrumentos internacionales, según lo enunciado en el Art. 4 del texto constitucional; segundo, porque está en juego la protección de derechos fundamentales de los habitantes de la República; y tercero, porque la estatura moral del Estado es proporcional al grado de cumplimiento de estos derechos. Para ello, la labor de la Defensoría es esencial, a pesar de la poca –tal vez nula– relevancia que hasta ahora ha tenido. Los retos son diversos, algunos de ellos son los siguientes:
- Panamá tiene una de las tasas de privados de libertad más altas de América Latina. Sin embargo, ello no significa que la finalidad de la privación se haya logrado. Es necesario revisar la política penitenciaria en consonancia con los valores constitucionales (cfr. Art. 28 de la Constitución) y los parámetros consignados en los principios y buenas prácticas sobre la protección de las personas privadas de libertad en las Américas (Comisión Iberoamericana de Derechos Humanos, 2008).
- Derechos de los pueblos indígenas. Según el Censo de 2010, el 12% de la población del país es indígena. Pese a que hay un aparato normativo que recoge algunas aspiraciones de estos grupos (v.g., las leyes comarcales), las relaciones con el Estado han sido más bien tensas. Es necesario replantear la naturaleza de la relación Estado-pueblos indígenas; un paso importante sería la ratificación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo.
- Derechos de los inmigrantes. Este es un país expuesto a la inmigración. En los últimos años ha habido un significativo movimiento de personas provenientes de Centro y Sudamérica. Con frecuencia estas son explotadas laboralmente y no se les reconocen prestaciones sociales. Es imperativo que el Estado defina una política migratoria cónsona con el respeto de derechos fundamentales del trabajador migrante. Esto implica la ratificación de la convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y sus familias.
- Derechos de segunda y tercera generación. Aunque hay avances en la protección de estos derechos, es innegable que quedan retos pendientes para hacerlos efectivos. Es necesario desarrollar e implementar mecanismos que permitan a los ciudadanos el pleno disfrute de dichos derechos, ya sea para exigir y obtener atención médica inmediata en centros hospitalarios, acceso a medicamentos, o la protección contra prácticas ambientalmente perniciosas.
http://impresa.prensa.com/opinion/Retos-derechos-Francisco-Diaz-Montilla_0_4431306868.html
miércoles, 17 de febrero de 2016
¿Crisis en la administración de justicia?
Francisco Díaz Montilla
Las declaraciones de un magistrado de la Corte Suprema de Justicia en relación con el proceso de selección del presidente de esta corporación han tenido al menos dos consecuencias: Una sobredimensión mediática de lo dicho, y una activación de grupos organizados, quienes –al tenor de lo declarado– demandan la renuncia de los nueve integrantes de la máxima corporación de justicia.
Tanto la proyección mediática de las declaraciones como las “desinteresadas” muestras de preocupación de quienes dirigen tales grupos refieren a la crisis en la que –palabras más, palabras menos– se encuentra sumida la administración de justicia en Panamá. ¿Pero es así?
“Crisis” es una palabra sobrevalorada, un tópico que revela cierta proclividad a la exageración, a visiones apocalípticas, a pesar de que –si nos atenemos a la definición que ofrece el Diccionario de la lengua española– semánticamente no habría lugar para tanto.
En efecto, la palabra “crisis” tiene siete sentidos, uno de ellos en desuso, y el resto no tiene las connotaciones presupuestas por quienes han sobredimensionado unas declaraciones que evidencian más bien una gran inmadurez por parte de quien las diera; de modo que no queda claro a qué se refieren los generadores de opinión pública y los dirigentes de grupos organizados cuando hablan de la crisis en la administración de justicia.
No está de más señalar que –en todo caso– la Corte Suprema es un componente de la administración de justicia; por lo cual las diferencias reales o ficticias que pueda haber entre sus miembros –so pena de la falacia de composición- no implica necesariamente que haya crisis, independientemente del sentido que se le quiera dar a esta palabra.
El artículo tres del Código Judicial identifica los distintos actores que de manera permanente ejercen la administración de justicia, siendo ellos –además de la Corte Suprema de Justicia– los tribunales superiores de justicia, los jueces de circuito, los jueces municipales, etcétera; así como las personas particulares que, en calidad de jurados, arbitradores o árbitros participen en las funciones jurisdiccionales. Incluye –también– a los agentes del Ministerio Público en calidad de funcionarios de instrucción mediante el ejercicio de la acción penal.
De modo que suponer la existencia de un estado de crisis en la administración de justicia, a partir de eventos noticiosos contingentes relacionados con un componente de dicha estructura, es a todas luces desproporcionado o exagerado.
Por supuesto, la Corte Suprema es la máxima corporación de justicia, y como tal está más expuesta a los avatares institucionales y políticos que el resto. Sin embargo, ello no implica que la administración de justicia en Panamá descansa sobre los hombros de nueve magistrados.
De hecho, según datos del Centro de Estadísticas Judiciales, entre enero y agosto de 2015 ingresaron al Órgano Judicial 103 mil 653 casos. Esto revela un índice de litigiosidad de más de 2 mil casos por cada 100 mil habitantes.
En el mismo periodo, 333 juzgadores resolvieron 97 mil 736. Se trata, pues, de funcionarios que –inmersos en una serie de limitaciones institucionales y presupuestarias– realizan las funciones para las que fueron designados por Constitución y por ley. Ello no sería posible si las voces pregoneras de crisis fuesen ciertas.
http://impresa.prensa.com/opinion/Crisis-administracion-Francisco-Diaz-Montilla_0_4417808227.html
Las declaraciones de un magistrado de la Corte Suprema de Justicia en relación con el proceso de selección del presidente de esta corporación han tenido al menos dos consecuencias: Una sobredimensión mediática de lo dicho, y una activación de grupos organizados, quienes –al tenor de lo declarado– demandan la renuncia de los nueve integrantes de la máxima corporación de justicia.
Tanto la proyección mediática de las declaraciones como las “desinteresadas” muestras de preocupación de quienes dirigen tales grupos refieren a la crisis en la que –palabras más, palabras menos– se encuentra sumida la administración de justicia en Panamá. ¿Pero es así?
“Crisis” es una palabra sobrevalorada, un tópico que revela cierta proclividad a la exageración, a visiones apocalípticas, a pesar de que –si nos atenemos a la definición que ofrece el Diccionario de la lengua española– semánticamente no habría lugar para tanto.
En efecto, la palabra “crisis” tiene siete sentidos, uno de ellos en desuso, y el resto no tiene las connotaciones presupuestas por quienes han sobredimensionado unas declaraciones que evidencian más bien una gran inmadurez por parte de quien las diera; de modo que no queda claro a qué se refieren los generadores de opinión pública y los dirigentes de grupos organizados cuando hablan de la crisis en la administración de justicia.
No está de más señalar que –en todo caso– la Corte Suprema es un componente de la administración de justicia; por lo cual las diferencias reales o ficticias que pueda haber entre sus miembros –so pena de la falacia de composición- no implica necesariamente que haya crisis, independientemente del sentido que se le quiera dar a esta palabra.
El artículo tres del Código Judicial identifica los distintos actores que de manera permanente ejercen la administración de justicia, siendo ellos –además de la Corte Suprema de Justicia– los tribunales superiores de justicia, los jueces de circuito, los jueces municipales, etcétera; así como las personas particulares que, en calidad de jurados, arbitradores o árbitros participen en las funciones jurisdiccionales. Incluye –también– a los agentes del Ministerio Público en calidad de funcionarios de instrucción mediante el ejercicio de la acción penal.
De modo que suponer la existencia de un estado de crisis en la administración de justicia, a partir de eventos noticiosos contingentes relacionados con un componente de dicha estructura, es a todas luces desproporcionado o exagerado.
Por supuesto, la Corte Suprema es la máxima corporación de justicia, y como tal está más expuesta a los avatares institucionales y políticos que el resto. Sin embargo, ello no implica que la administración de justicia en Panamá descansa sobre los hombros de nueve magistrados.
De hecho, según datos del Centro de Estadísticas Judiciales, entre enero y agosto de 2015 ingresaron al Órgano Judicial 103 mil 653 casos. Esto revela un índice de litigiosidad de más de 2 mil casos por cada 100 mil habitantes.
En el mismo periodo, 333 juzgadores resolvieron 97 mil 736. Se trata, pues, de funcionarios que –inmersos en una serie de limitaciones institucionales y presupuestarias– realizan las funciones para las que fueron designados por Constitución y por ley. Ello no sería posible si las voces pregoneras de crisis fuesen ciertas.
http://impresa.prensa.com/opinion/Crisis-administracion-Francisco-Diaz-Montilla_0_4417808227.html
lunes, 15 de febrero de 2016
Charla Lama Lobsang Samten: Alcanzar la cima mental
Charla abierta al público.
Originario del Tibet, Lama Samten se refugió en la India para escapar de la represión que sufren miles de tibetanos bajo ocupación china. Terminó sus estudios en filosofía budista tibetana en el monasterio de Ganden, reestablecido en el sur de la India por el XIV Dalai Lama, donde obtuvo el título de Geshe (equivalente a Doctor). Reside actualmente en Quebec, donde dirige el Centro Paramita.
Originario del Tibet, Lama Samten se refugió en la India para escapar de la represión que sufren miles de tibetanos bajo ocupación china. Terminó sus estudios en filosofía budista tibetana en el monasterio de Ganden, reestablecido en el sur de la India por el XIV Dalai Lama, donde obtuvo el título de Geshe (equivalente a Doctor). Reside actualmente en Quebec, donde dirige el Centro Paramita.
- Lugar: Auditorio Isaías García, arriba del Paraninfo Universitario, segundo piso de la Facultad de Humanidades, Universidad de Panamá
- Día: miércoles 17 de febrero del 2016
- Hora: 10:00 am
- Entrada gratuita
sábado, 5 de diciembre de 2015
Yihadismo ‘hipermoralista’
Ruling Barragán
Los recientes ataques terroristas en París han desencadenado una inmediata serie de medidas de orden político, diplomático, militar y policial que busca castigar al Estado Islámico (EI) y proteger a los habitantes (no necesariamente ciudadanos) franceses y de otras nacionalidades, previniendo así futuros ataques en Francia y más allá de sus fronteras.
Si bien estas medidas son pertinentes, tienen un grave inconveniente. La guerra contra el terrorismo islamista (no “islámico”) del EI es una de tipo “no convencional”, y en cuanto tal, ninguna de las señaladas medidas resultará satisfactoria a mediano y, menos aún, a largo plazo.
El terrorismo islamista del EI –al que llamaré aquí (por brevedad y mayor precisión), yihadismo– puede ser entendido como una forma político–religiosa de “hipermoralismo”. Este concepto, acuñado por el filósofo alemán A. Gehlen, suele utilizarse en el contexto de la filosofía moral y las ciencias políticas para significar un excesivo celo o fanatismo por la adopción y cumplimiento de exigentes principios y convicciones morales.
El adjetivo “excesivo” es clave aquí. Un hipermoralista se indigna excesivamente cuando los principios morales que fundamentan su existencia o forma de vida se ven amenazados. Y esta indignación suele manifestarse en odio y violencia de variados grados y modalidades. Toda tendencia ultraconservadora en política, y ultraortodoxa en religión, es hipermoralista.
El hipermoralismo suele manifestarse históricamente en revoluciones e instituciones políticas y religiosas, a menudo impulsadas por singulares figuras. En la historia moderna de Occidente podemos encontrar instancias de hipermoralismo en personajes como Torquemada (la Inquisición española), Calvino (la Reforma en Ginebra), Cromwell (el Puritanismo inglés), así como Robespierre (la revolución francesa), solo para mencionar algunos.
Hay quien, ingeniosamente, condensa el hipermoralismo en la frase “ser más papistas que el Papa”. Para no ser tan coloquial, opto por decir que el hipermoralista antepone siempre la rectitud, justicia o dignidad a la compasión, el amor o el perdón hacia los demás. El Summum bonum del hipermoralista es constituido por el primer grupo de valores, que realizará“a sangre y fuego” siempre que pueda.
Contrario a lo que equivocadamente piensa la mayoría (influenciados por lo que dicen y repiten muchos políticos y periodistas), los yihadistas del EI no son “psicópatas”, aunque sus actos bien pueden considerarse propios de enajenados. Deben ser tratados como “hipermoralistas”, según trato de argüir aquí.
De hecho, los yihadistas exhiben mucha más coherencia entre sus principios y su conducta que la exhibida por Occidente y sus democracias, casi siempre vinculadas a una “doble moral”, tanto nacional como internacionalmente.
En la teocracia que pretende implantar EI al mundo, no hay espacio para tal moral. Sin embargo, la experiencia histórica occidental enseña a sus Estados y democracias que, en este mundo, es preferible un gobierno imperfecto de hombres que el gobierno perfecto de Dios. Los yihadistas creen que una “política perfectamente moral” no es solo realizable, sino indispensable (y con urgencia). Occidente sabe que tal creencia no es solo impracticable, sino que inevitablemente abre la puerta a los infiernos.
El odio y violencia del yihadista no debe encontrarse en una psicopatía. El sentimiento dominante y detonante en las ejecuciones y ataques que realiza el yihadista es la indignación hipermoral. O, si el lector prefiere recurrir a los personajes antes mencionados, el EI es el Torquemada, Calvino, Cromwell y Robespierre del mundo árabe, pero con armas mucho más poderosas y otras no menos, YouTube, Twitter y Facebook.
Entender el yihadismo como hipermoralismo exige un análisis psicológico de aquellos grandes personajes que han configurado la historia política y religiosa de Europa. Combatir la yihad de EI supondrá comprender la mente de quienes forjaron Occidente, no solo vencer en el plano militar a los terroristas, pues esta guerra es más del espíritu que del cuerpo. Vencer al enemigo implica conocerse a sí mismo.
http://impresa.prensa.com/opinion/Yihadismo-hipermoralista-Ruling-Barragan_0_4362313761.html
Los recientes ataques terroristas en París han desencadenado una inmediata serie de medidas de orden político, diplomático, militar y policial que busca castigar al Estado Islámico (EI) y proteger a los habitantes (no necesariamente ciudadanos) franceses y de otras nacionalidades, previniendo así futuros ataques en Francia y más allá de sus fronteras.
Si bien estas medidas son pertinentes, tienen un grave inconveniente. La guerra contra el terrorismo islamista (no “islámico”) del EI es una de tipo “no convencional”, y en cuanto tal, ninguna de las señaladas medidas resultará satisfactoria a mediano y, menos aún, a largo plazo.
El terrorismo islamista del EI –al que llamaré aquí (por brevedad y mayor precisión), yihadismo– puede ser entendido como una forma político–religiosa de “hipermoralismo”. Este concepto, acuñado por el filósofo alemán A. Gehlen, suele utilizarse en el contexto de la filosofía moral y las ciencias políticas para significar un excesivo celo o fanatismo por la adopción y cumplimiento de exigentes principios y convicciones morales.
El adjetivo “excesivo” es clave aquí. Un hipermoralista se indigna excesivamente cuando los principios morales que fundamentan su existencia o forma de vida se ven amenazados. Y esta indignación suele manifestarse en odio y violencia de variados grados y modalidades. Toda tendencia ultraconservadora en política, y ultraortodoxa en religión, es hipermoralista.
El hipermoralismo suele manifestarse históricamente en revoluciones e instituciones políticas y religiosas, a menudo impulsadas por singulares figuras. En la historia moderna de Occidente podemos encontrar instancias de hipermoralismo en personajes como Torquemada (la Inquisición española), Calvino (la Reforma en Ginebra), Cromwell (el Puritanismo inglés), así como Robespierre (la revolución francesa), solo para mencionar algunos.
Hay quien, ingeniosamente, condensa el hipermoralismo en la frase “ser más papistas que el Papa”. Para no ser tan coloquial, opto por decir que el hipermoralista antepone siempre la rectitud, justicia o dignidad a la compasión, el amor o el perdón hacia los demás. El Summum bonum del hipermoralista es constituido por el primer grupo de valores, que realizará“a sangre y fuego” siempre que pueda.
Contrario a lo que equivocadamente piensa la mayoría (influenciados por lo que dicen y repiten muchos políticos y periodistas), los yihadistas del EI no son “psicópatas”, aunque sus actos bien pueden considerarse propios de enajenados. Deben ser tratados como “hipermoralistas”, según trato de argüir aquí.
De hecho, los yihadistas exhiben mucha más coherencia entre sus principios y su conducta que la exhibida por Occidente y sus democracias, casi siempre vinculadas a una “doble moral”, tanto nacional como internacionalmente.
En la teocracia que pretende implantar EI al mundo, no hay espacio para tal moral. Sin embargo, la experiencia histórica occidental enseña a sus Estados y democracias que, en este mundo, es preferible un gobierno imperfecto de hombres que el gobierno perfecto de Dios. Los yihadistas creen que una “política perfectamente moral” no es solo realizable, sino indispensable (y con urgencia). Occidente sabe que tal creencia no es solo impracticable, sino que inevitablemente abre la puerta a los infiernos.
El odio y violencia del yihadista no debe encontrarse en una psicopatía. El sentimiento dominante y detonante en las ejecuciones y ataques que realiza el yihadista es la indignación hipermoral. O, si el lector prefiere recurrir a los personajes antes mencionados, el EI es el Torquemada, Calvino, Cromwell y Robespierre del mundo árabe, pero con armas mucho más poderosas y otras no menos, YouTube, Twitter y Facebook.
Entender el yihadismo como hipermoralismo exige un análisis psicológico de aquellos grandes personajes que han configurado la historia política y religiosa de Europa. Combatir la yihad de EI supondrá comprender la mente de quienes forjaron Occidente, no solo vencer en el plano militar a los terroristas, pues esta guerra es más del espíritu que del cuerpo. Vencer al enemigo implica conocerse a sí mismo.
http://impresa.prensa.com/opinion/Yihadismo-hipermoralista-Ruling-Barragan_0_4362313761.html
viernes, 6 de noviembre de 2015
Tales de Mileto: transición del mito a la ciencia y filosofía (II)
Fernando E. Ríos C.
Afirma Aristóteles en su Metafísica que la concepción del filósofo presocrático Tales de Mileto es que la Tierra está sobre el agua, con lo cual pareció imaginarla como un delgado disco flotante, y por encima de ella y a su alrededor existía agua de la cual provenían las lluvias; de igual manera los astros eran vapor en estado incandescente navegando por encima de la Tierra.
Sostuvo que todas las cosas habían nacido del mar y que, por lo tanto, el océano era fuente de toda vida, siendo el agua importante para toda forma de vida, ya sea animales o plantas, y que sin ésta nada fructifica. Sostiene de igual manera que la simiente de todos los eres vivos son húmedas. Concebía las cosas como formas cambiantes de un primario y último elemento, planteando así la cuestión acerca de la naturaleza fundamental del mundo. Su creencia deja entrever una creencia común en la cosmogonía oriental que sostenía que el origen fundamental de todas las cosas estaba en el caos primigenio acuoso, fundamentado tal vez en el hecho de que la humedad es el elemento en el que surge la vida.
Lo que le atribuye a Tales de Mileto el rango de ser el primer filósofo griego es la concepción de la noción de la Unidad en la Diversidad, que explica a su vez las evidentes diferencias que se perciben en lo múltiple. La ‘evidencia axiomática de la unidad del todo ', lo recoge Tales de las concepciones órficas, sobre la creencia y la práctica religiosa derivada del fondo ancestral de la religión griega arcaica. De allí que se interprete que la naturaleza se concibió como una unidad a partir de un principio único.
Al analizar la naturaleza a la luz de la razón, los presocráticos organizaron el rostro diverso de la naturaleza sobre un principio único. En el caso específico de Tales, el agua constituía la base de su concepción materialista, la cual reducía la dualidad inherente a la naturaleza —materia y espíritu— a lo meramente material.
Pese a que la concepción filosófica de Tales no podemos aceptarla, ya que no va más allá de una generalización empírica realizada sobre el universo, su actitud intelectual de buscar un principio regulador de la variedad del mundo, constituye un aporte indiscutible al proceso gnoseológico del mundo.
Las indagaciones posteriores, aunque han refinado su acceso para conocer el universo, mantienen el modelo cognoscitivo de buscar la unidad en la diversidad.
http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/tales-mileto-transicion-mito-ciencia-filosofia/23902222
Afirma Aristóteles en su Metafísica que la concepción del filósofo presocrático Tales de Mileto es que la Tierra está sobre el agua, con lo cual pareció imaginarla como un delgado disco flotante, y por encima de ella y a su alrededor existía agua de la cual provenían las lluvias; de igual manera los astros eran vapor en estado incandescente navegando por encima de la Tierra.
Sostuvo que todas las cosas habían nacido del mar y que, por lo tanto, el océano era fuente de toda vida, siendo el agua importante para toda forma de vida, ya sea animales o plantas, y que sin ésta nada fructifica. Sostiene de igual manera que la simiente de todos los eres vivos son húmedas. Concebía las cosas como formas cambiantes de un primario y último elemento, planteando así la cuestión acerca de la naturaleza fundamental del mundo. Su creencia deja entrever una creencia común en la cosmogonía oriental que sostenía que el origen fundamental de todas las cosas estaba en el caos primigenio acuoso, fundamentado tal vez en el hecho de que la humedad es el elemento en el que surge la vida.
Lo que le atribuye a Tales de Mileto el rango de ser el primer filósofo griego es la concepción de la noción de la Unidad en la Diversidad, que explica a su vez las evidentes diferencias que se perciben en lo múltiple. La ‘evidencia axiomática de la unidad del todo ', lo recoge Tales de las concepciones órficas, sobre la creencia y la práctica religiosa derivada del fondo ancestral de la religión griega arcaica. De allí que se interprete que la naturaleza se concibió como una unidad a partir de un principio único.
Al analizar la naturaleza a la luz de la razón, los presocráticos organizaron el rostro diverso de la naturaleza sobre un principio único. En el caso específico de Tales, el agua constituía la base de su concepción materialista, la cual reducía la dualidad inherente a la naturaleza —materia y espíritu— a lo meramente material.
Pese a que la concepción filosófica de Tales no podemos aceptarla, ya que no va más allá de una generalización empírica realizada sobre el universo, su actitud intelectual de buscar un principio regulador de la variedad del mundo, constituye un aporte indiscutible al proceso gnoseológico del mundo.
Las indagaciones posteriores, aunque han refinado su acceso para conocer el universo, mantienen el modelo cognoscitivo de buscar la unidad en la diversidad.
http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/tales-mileto-transicion-mito-ciencia-filosofia/23902222
jueves, 5 de noviembre de 2015
Tales de Mileto: transición del mito a la ciencia y filosofía (I)
Fernando E. Ríos C.
Correspondió a este filósofo cosmogónico, nacido entre los siglos VII y VI a.n.t., ser el primero en crear una teoría en torno a los orígenes y formación del universo, al margen de toda explicación mítica. ‘En Tales vemos claramente la transición desde el mito a la ciencia y a la filosofía, y por ello conserva su carácter tradicional de iniciador de la filosofía griega'.
Considerado como uno de los siete sabios de Grecia y el fundador —según Aristóteles— de la filosofía griega y por extensión de la Occidental. Según Diógenes Laercio, Tales es el primero en recibir el nombre de sabio .
Además de filósofo, incursionó en la ingeniería, astronomía, finanzas y política. Viajó por Egipto y trajo nuevos conocimientos sobre geometría e introdujo esta ciencia en Grecia. Esos conocimientos le valieron para elaborar un sistema de triángulos semejantes, al confeccionar un método para medir la distancia de los barcos en la costa y la distancia de las naves en el mar. Descubrió el Teorema de Geometría que conserva su nombre; y por primera vez se logra la demostración de un teorema. También se le atribuye ser el primero en lograr la medida exacta del tiempo. Entre otras actividades figura la elaboración de un almanaque y la introducción de la práctica fenicia de orientación por medio de la Osa Menor en la navegación. Valiéndose de las Tablas Astronómicas Babilónicas, predijo un eclipse que —según Heródoto— se produjo al final de la guerra entre lidios y medos.
En Tales de Mileto puede verse claramente la conjunción del filósofo y el científico práctico que se dio entre los llamados presocráticos. La característica fundamental que define a estos primeros filósofos es que la conformación del pensamiento que aplican a la concepción de las cosas es, por lo general, la que por su interés activo han extraído de las cuestiones prácticas. No elucubran ni contemplan pasivamente el mundo que les rodea.
La explicación de los fenómenos reales, por lo tanto, no parte de concepciones míticas como se había hecho hasta el momento. De allí que se diga que el pensamiento presocrático es esencialmente naturalista o, dicho de otra manera, tiene como tema la naturaleza, de modo que ‘el hallazgo de una coherencia que explicase el mundo visible a la luz de la razón, es fundamental '.
Es enorme la aportación realizada por este grupo de pensadores, no solo a la filosofía, sino también a la ciencia; pues al dejar de lado los fenómenos de intervenciones sobrenaturales, se da paso en forma decisiva hacia una interpretación de la naturaleza en forma sistemática y aplicada.
Las anécdotas que a propósito de él se refieren y que pueden leerse en La vida de Tales , escrita por Diógenes Laercio, son relevantes y pintorescas. Se cuenta que cayó a un pozo mientras estaba contemplando las estrellas. También que en previsión de una escasa cosecha de olivas, almacenó gran cantidad de aceite. Tal vez estos relatos no pasan de ser historias del tipo de las que fácilmente se originan en torno a los sabios famosos.
http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/tales-mileto-transicion-mito-ciencia-filosofia/23902047
Correspondió a este filósofo cosmogónico, nacido entre los siglos VII y VI a.n.t., ser el primero en crear una teoría en torno a los orígenes y formación del universo, al margen de toda explicación mítica. ‘En Tales vemos claramente la transición desde el mito a la ciencia y a la filosofía, y por ello conserva su carácter tradicional de iniciador de la filosofía griega'.
Considerado como uno de los siete sabios de Grecia y el fundador —según Aristóteles— de la filosofía griega y por extensión de la Occidental. Según Diógenes Laercio, Tales es el primero en recibir el nombre de sabio .
Además de filósofo, incursionó en la ingeniería, astronomía, finanzas y política. Viajó por Egipto y trajo nuevos conocimientos sobre geometría e introdujo esta ciencia en Grecia. Esos conocimientos le valieron para elaborar un sistema de triángulos semejantes, al confeccionar un método para medir la distancia de los barcos en la costa y la distancia de las naves en el mar. Descubrió el Teorema de Geometría que conserva su nombre; y por primera vez se logra la demostración de un teorema. También se le atribuye ser el primero en lograr la medida exacta del tiempo. Entre otras actividades figura la elaboración de un almanaque y la introducción de la práctica fenicia de orientación por medio de la Osa Menor en la navegación. Valiéndose de las Tablas Astronómicas Babilónicas, predijo un eclipse que —según Heródoto— se produjo al final de la guerra entre lidios y medos.
En Tales de Mileto puede verse claramente la conjunción del filósofo y el científico práctico que se dio entre los llamados presocráticos. La característica fundamental que define a estos primeros filósofos es que la conformación del pensamiento que aplican a la concepción de las cosas es, por lo general, la que por su interés activo han extraído de las cuestiones prácticas. No elucubran ni contemplan pasivamente el mundo que les rodea.
La explicación de los fenómenos reales, por lo tanto, no parte de concepciones míticas como se había hecho hasta el momento. De allí que se diga que el pensamiento presocrático es esencialmente naturalista o, dicho de otra manera, tiene como tema la naturaleza, de modo que ‘el hallazgo de una coherencia que explicase el mundo visible a la luz de la razón, es fundamental '.
Es enorme la aportación realizada por este grupo de pensadores, no solo a la filosofía, sino también a la ciencia; pues al dejar de lado los fenómenos de intervenciones sobrenaturales, se da paso en forma decisiva hacia una interpretación de la naturaleza en forma sistemática y aplicada.
Las anécdotas que a propósito de él se refieren y que pueden leerse en La vida de Tales , escrita por Diógenes Laercio, son relevantes y pintorescas. Se cuenta que cayó a un pozo mientras estaba contemplando las estrellas. También que en previsión de una escasa cosecha de olivas, almacenó gran cantidad de aceite. Tal vez estos relatos no pasan de ser historias del tipo de las que fácilmente se originan en torno a los sabios famosos.
http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/tales-mileto-transicion-mito-ciencia-filosofia/23902047
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