21/10/2014 - El presidente de la República, Juan Carlos Varela, refrendó ayer el proyecto de ley 19 que crea la materia formación del carácter y liderazgo para la vida en sociedad.
La materia será impartida a niños a partir de los seis años de manera obligatoria. De acuerdo al texto de la ley aprobada, la asignatura deberá ser dictada solo por sicólogos, sociólogos, pedagogos y licenciados en orientación.
http://www.prensa.com/uhora/locales/nueva-materia-educacion/411763
martes, 21 de octubre de 2014
viernes, 17 de octubre de 2014
Prólogo al libro "Diálogo de saberes: Filosofía, derechos humanos, ciudadanía y crisis general contemporánea"
Urania A. Ungo
El presente libro recoge las ponencias presentadas po los expositores/as en el Seminario de Actualización Filosofía, derechos humanos, ciudadanía y crisis general contemporánea que organizara el Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá.
Con tal jornada el Departamento de Filosofía no sólo recuperaba la actualización como uno de los procesos importantes de su vida académica sino también replanteaba el modo de relacionarse con otras disciplinas, se planteaba el abordaje de asuntos antes no examinados a la luz del pensamiento filosófico en nuestro país eingresaba al debate sobre la naturaleza de la actual crisis global.
Algunas de las conferencias impartidas no fueron entregadas, no son por tanto parte de esta compilación. Sin embargo son mayoría las ponencias que integran el libro, tal como son sin duda representativa de los temas debatidos, la calidad de las presentaciones y el nivel de solvencia intelectual de las y lso ponentes, como se verá.
Una inquietud importante circuló en los días en que se realizaba la jornada, no solo en su gran mayoría las y los conferencistas no son filósofos sino algunos de los problemas a examinar no han sido problemas filosóficos. Al respecto repito lo que dijese en la inauguración del evento:
«Por primera vez en su Historia toda la Humanidad se enfrenta una crisis general, global y multidimensional. No ha habido algo así antes. Ni siquiera la noción de crisis capitalista es hoy suficiente para entender la situación que enfrenta la humanidad. Lo que hoy hay es una confluencia histórica de múltiples dimensiones, una crisis civilizatoria, que integra –por lo menos– cuatro crisis simultáneas: ecológica, climática, energética y alimentaria, que además se superponen de modo tal que es casi no posible pensar en la solución de alguna sin que forzosamente se tenga que pensar en la solución de todas las otras... Es un objeto multidimensional y complejo que como tal debe ser estudiado».
En consecuencia el evento se convirtió como lo denominara Guillermo Castro en un "Diálogo de saberes", es decir en un modo de ver desde las distintas disciplinas de las Ciencias Sociales un conjunto de los problemas que integran la crisis civilizatoria. Claramente no son los ponentes los que tienen que tener una perspectiva filosófica, ellos nos darían sus perspectivas disciplinarias y por el contrario seríamos las y los filósofos quienes deberíamos interpretar todo ello en el marco de nuestras concepciones y tradiciones filosóficas.
Y con ello hacer de un conjunto disperso de problemas humanos un objeto de estudio. Vale decir en una fuente de reflexión ética sobre el sentido de un horizonte futuro para una Humanidad que no sea solo aquella situada en los lugares de poder y que haga que pensar y sentir desde estos otros lugares del mundo, que es valioso vivir en común,
Ello supondría a su vez un ejercicio de inter y transdisciplinariedad, de análisis teórico, ético y epistemológico de dichos discursos y argumentaciones. Cosa valiosa ahora que se dice la Filosofía no sirve para nada, justamente en el momento que la actual crisis general, es decir los problemas que abruman a la Humanidad, son de tal complejidad e intensidad que ponen en cuestión la misma civilización.
El "Diálogo de saberes" aquí planteado intentó justamente eso: examinar desde diversas perspectivas teóricas el estado de nuestro 'conocimiento del mundo' para poder pensar que es ahora lo correcto, racional y justo. Como se verá es un inicio, que ojalá pueda proseguirse.
Seguramente sólo nos hemos empezado a asomar al complejo asunto, si ese es el caso es bastante. Es un buen inicio para desarrollar reflexiones articulados que engarcen desenredando la densa trama que impide ver y pensar un otro orden posible en el mundo.
La Filosofía, por cierto, no ha sido nunca pensamiento para la inmediatez. Por ello mismo cuando se discute sobre la crisis civilizatoria, al final se discute sobre nuestra existencia, valor y destino como humanos.
El presente libro recoge las ponencias presentadas po los expositores/as en el Seminario de Actualización Filosofía, derechos humanos, ciudadanía y crisis general contemporánea que organizara el Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá.
Con tal jornada el Departamento de Filosofía no sólo recuperaba la actualización como uno de los procesos importantes de su vida académica sino también replanteaba el modo de relacionarse con otras disciplinas, se planteaba el abordaje de asuntos antes no examinados a la luz del pensamiento filosófico en nuestro país eingresaba al debate sobre la naturaleza de la actual crisis global.
Algunas de las conferencias impartidas no fueron entregadas, no son por tanto parte de esta compilación. Sin embargo son mayoría las ponencias que integran el libro, tal como son sin duda representativa de los temas debatidos, la calidad de las presentaciones y el nivel de solvencia intelectual de las y lso ponentes, como se verá.
Una inquietud importante circuló en los días en que se realizaba la jornada, no solo en su gran mayoría las y los conferencistas no son filósofos sino algunos de los problemas a examinar no han sido problemas filosóficos. Al respecto repito lo que dijese en la inauguración del evento:
«Por primera vez en su Historia toda la Humanidad se enfrenta una crisis general, global y multidimensional. No ha habido algo así antes. Ni siquiera la noción de crisis capitalista es hoy suficiente para entender la situación que enfrenta la humanidad. Lo que hoy hay es una confluencia histórica de múltiples dimensiones, una crisis civilizatoria, que integra –por lo menos– cuatro crisis simultáneas: ecológica, climática, energética y alimentaria, que además se superponen de modo tal que es casi no posible pensar en la solución de alguna sin que forzosamente se tenga que pensar en la solución de todas las otras... Es un objeto multidimensional y complejo que como tal debe ser estudiado».
En consecuencia el evento se convirtió como lo denominara Guillermo Castro en un "Diálogo de saberes", es decir en un modo de ver desde las distintas disciplinas de las Ciencias Sociales un conjunto de los problemas que integran la crisis civilizatoria. Claramente no son los ponentes los que tienen que tener una perspectiva filosófica, ellos nos darían sus perspectivas disciplinarias y por el contrario seríamos las y los filósofos quienes deberíamos interpretar todo ello en el marco de nuestras concepciones y tradiciones filosóficas.
Y con ello hacer de un conjunto disperso de problemas humanos un objeto de estudio. Vale decir en una fuente de reflexión ética sobre el sentido de un horizonte futuro para una Humanidad que no sea solo aquella situada en los lugares de poder y que haga que pensar y sentir desde estos otros lugares del mundo, que es valioso vivir en común,
Ello supondría a su vez un ejercicio de inter y transdisciplinariedad, de análisis teórico, ético y epistemológico de dichos discursos y argumentaciones. Cosa valiosa ahora que se dice la Filosofía no sirve para nada, justamente en el momento que la actual crisis general, es decir los problemas que abruman a la Humanidad, son de tal complejidad e intensidad que ponen en cuestión la misma civilización.
El "Diálogo de saberes" aquí planteado intentó justamente eso: examinar desde diversas perspectivas teóricas el estado de nuestro 'conocimiento del mundo' para poder pensar que es ahora lo correcto, racional y justo. Como se verá es un inicio, que ojalá pueda proseguirse.
Seguramente sólo nos hemos empezado a asomar al complejo asunto, si ese es el caso es bastante. Es un buen inicio para desarrollar reflexiones articulados que engarcen desenredando la densa trama que impide ver y pensar un otro orden posible en el mundo.
La Filosofía, por cierto, no ha sido nunca pensamiento para la inmediatez. Por ello mismo cuando se discute sobre la crisis civilizatoria, al final se discute sobre nuestra existencia, valor y destino como humanos.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Androcentrismo en las Ciencias
Sara Morales Gallego
Catorce investigadoras panameñas son las autoras del libro ‘Androcentrismo en las Ciencias: Retos en la Investigación, el conocimiento y en la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres’, publicado por el Centro de Estudios y Capacitación Familiar (CEFA), el Centro de Investigación Social y Asistencia Técnica (CISAT) y la Universidad de Panamá (UP).
http://laestrella.com.pa/estilo/cultura/androcentrismo-ciencias/23807342
Catorce investigadoras panameñas son las autoras del libro ‘Androcentrismo en las Ciencias: Retos en la Investigación, el conocimiento y en la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres’, publicado por el Centro de Estudios y Capacitación Familiar (CEFA), el Centro de Investigación Social y Asistencia Técnica (CISAT) y la Universidad de Panamá (UP).
http://laestrella.com.pa/estilo/cultura/androcentrismo-ciencias/23807342
lunes, 8 de septiembre de 2014
Reseña del Café Filosófico "Discurso religioso, intolerancia y Estado Laico"
Francisco Díaz Montilla
Esta sesión del Café Filosófico estuvo dedicada a explorar el tema de la religión en la sociedad panameña, tomando el discurso religioso como enfoque de análisis y de reflexión. Dicha exploración, que incluyó entre otras observaciones las características de sus presupuestos y sobreentendidos semánticos, buscó asimismo distinguir el pensamiento religioso de otros tipos de pensamiento humano como el científico. De cómo una intencionalidad religiosa puede insertarse en una sociedad con criterios de veracidad propios del discurso científico y los peligros de fundamentalismo y de intolerancia social que esto conlleva. Por ello se buscó discutir las posibles ventajas de la proclamación de un Estado laico en Panamá. Se revisaron los términos y condiciones legales actuales de nuestra Constitución sobre el tema, lo mismo que el estatus confesional de la educación oficial. Se analizaron las experiencias de laicismo en países cercanos a nuestra realidad latinoamericana y se abrió el espacio para que los presentes manifestaran sus ideas, siempre en la búsqueda de un diálogo intercultural que promueva los derechos humanos y la convivencia pacífica.
Esta sesión del Café Filosófico estuvo dedicada a explorar el tema de la religión en la sociedad panameña, tomando el discurso religioso como enfoque de análisis y de reflexión. Dicha exploración, que incluyó entre otras observaciones las características de sus presupuestos y sobreentendidos semánticos, buscó asimismo distinguir el pensamiento religioso de otros tipos de pensamiento humano como el científico. De cómo una intencionalidad religiosa puede insertarse en una sociedad con criterios de veracidad propios del discurso científico y los peligros de fundamentalismo y de intolerancia social que esto conlleva. Por ello se buscó discutir las posibles ventajas de la proclamación de un Estado laico en Panamá. Se revisaron los términos y condiciones legales actuales de nuestra Constitución sobre el tema, lo mismo que el estatus confesional de la educación oficial. Se analizaron las experiencias de laicismo en países cercanos a nuestra realidad latinoamericana y se abrió el espacio para que los presentes manifestaran sus ideas, siempre en la búsqueda de un diálogo intercultural que promueva los derechos humanos y la convivencia pacífica.
domingo, 7 de septiembre de 2014
La violencia contra la mujer, mal sin solución
Urania Atenea Ungo M.
Según una noticia reciente ‘…de enero a abril de este año, había 4 mil 78 niñas embarazadas en el país, incluyendo las comarcas… en mayo, la estadística creció a 4 mil 425 casos… 347 niñas más resultaron grávidas; un promedio de once casos nuevos al día solo en mayo. ( La Estrella de Panamá , 21/06/2014). Otra reciente encuesta publicada este mes resaltó que ‘…62 mil mujeres en Panamá justifican que un hombre le pegue a su pareja’. ( La Prensa 14/07/2014).
Que niñas de 10 y 11 años sean ‘madres’ y que las mismas mujeres justifiquen ser víctimas de agresión, evidencia la creciente sinrazón socialmente imperante y denuncia la pobre visión existente sobre la complejidad social amen del precario concepto sobre el futuro de nuestra sociedad y del mundo por las jerarquías políticas.
Veinte años se cumplen del compromiso denominado Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará) y a veinte años también arriba la celebración de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo 1994), ambas junto a la Conferencia Mundial de Derechos Humanos ( Viena 1993) y la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing 1995) se constituyeron como referentes de la acción mundial para hacer avanzar la condición de las mujeres y los derechos humanos de todos.
20 AÑOS DE BELEM DO PARÁ: FIRMAR NO ES CUMPLIR
Producto del énfasis que las feministas latinoamericanas pusieron sobre el asunto de la violencia contra las mujeres en el marco de las demandas globales femeninas, se produjo este instrumento regional que fue el primero de su clase en el mundo y que a la fecha ha sido ratificado por 32 de los 34 miembros de la Organización de Estados Americanos.
En Panamá el Estado ratificó la Convención Interamericana contra la Violencia hacia la Mujer en marzo de 1995 y con ello se inició una trayectoria en el marco de las leyes relativas a la violencia contra las mujeres (Ley 27 de 1995, Ley 38 de 2001) que ha encontrado un nuevo hito en la Ley 82 de octubre de 2013, donde se establece el femicidio como delito.
Es decir que Belem do Para ha sido una importante fuente de conceptos y de compromiso para nuestra legislación nacional y un instrumento que ha generado una importante arquitectura regional de mecanismos de seguimiento, protocolos de actuación, un comité regional de expertas independientes y sistemas de indicadores sobre su cumplimiento.
Sin embargo, hasta ahora lo que ha garantizado su cumplimiento (mínimo) es la acción de los movimientos de mujeres.
Un ejemplo de esto lo constituye la Estrategia País de Seguridad Ciudadana (EPSC N•84 del 24 de junio de 2012 ) que en el marco de la Estrategia de Seguridad Centroamericana (ESCA) incluye la violencia contra las mujeres como uno de los problemas que desafían las políticas de seguridad en la subregión, sin embargo en dicho documento se establece que toda la acción será en prevención y estará a cargo del Instituto Nacional de la Mujer (INAMU).
Lo que debería ser parte de un concepto integral de seguridad que incluye a las mujeres, se configura como nueva supervisión sobre el mecanismo nacional que hará lo que históricamente ha hecho. El Ministerio de Seguridad no hará nada.
20 AÑOS DE LA CONFERENCIA DE CAIRO: EL DERECHO A TENER DERECHOS
Realizada en El Cairo en septiembre de 1994, la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo se convirtió en un debate mundial sobre el futuro demográfico de la especie humana, el desarrollo sostenible, la sexualidad, la diversidad sexual y las concepciones sobre la condición de las mujeres y su relación con los hombres, la familia y la suerte misma del planeta. Fueron incontables las reservas a diversos planteamientos sobre las mujeres y su rol en la reproducción, así como radicales rechazos conservadores al aborto como derecho de las mujeres.
De esos años acá ese debate ha ido endureciéndose, los discursos anti aborto hoy son ya discursos contra los derechos femeninos y una intensa reacción patriarcal expresa su aversión a la independencia y control de las mujeres de su propio cuerpo y sexualidad, el concepto de derechos sexuales y reproductivos les genera fobia y niegan que haya autonomía física femenina o más de una opción de vida para las mujeres.
Este fundamentalismo se apoya en un sentido común muy chato, inmediatista, conservador y pancista. Tiene grandes aliados: el temor, la pobreza, la angustia, la desintegración generalizada, la inseguridad permanente, características de la vida cotidiana en estos años, instalando en nuestra sociedad una confusa sensación de modernidad tecnológica, caos y atraso cultural.
Sería largo enumerar los diversos episodios de estas disputas en Panamá, al respecto es importante recordar brevemente tres de alta significaciòn:
— En marzo de 2001 cuando los fundamentalistas portando una virgen ingresaron al hemiciclo legislativo intentando impedir que la Asamblea Legislativa ratificara el Protocolo Facultativo de la CEDAW. El protocolo fue ratificado en intensa jornada en la que se venció el temor político al poder no democrático.
— En marzo de 2005, en la 49ava Sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) de las Naciones Unidas en la que los Estados debían informar de sus avances a diez años de Beijing 95. En dicha reunión del CSW, las Ministras ‘de la mujer’ de los dos países relativamente ‘progresistas’ de la región –Costa Rica y Panamá— fueron presionadas y obligadas a hacer declaraciones aplaudidas por la representante norteamericana. Su triunfo consistió en la declaración hecha por la representante gubernamental de Panamá: la Plataforma de Acción de Beijing ‘no crea ni establece nuevos derechos’
—En diciembre de 2008, luego de un largo y tortuoso proceso la comisión de salud de la Asamblea Legislativa retiró indefinidamente el proyecto 442. El proyecto enfocado sobre la educación sexual de la niñez y la juventud hizo que el fundamentalismo aterrorizara al poder político. La consulta y validación fue un proceso de más de tres años, en que movimientos y grupos sociales distintos consensuaron la necesidad de un enfoque integral de los derechos de las personas. La iracundia vociferante, confesional de los fundamentalistas exigió que sus convicciones fuesen políticas de Estado, detuvieron el proceso hacia la ley.
No pudieron despolitizar y reprivatizar estos temas, retornarlos a su condición de asuntos privados y el debate público seguirá ahí instalado. Sin embargo, ya no es la mera defensa de los derechos ya existentes, ya inalienables e irrenunciables sino de la capacidad humana de generar y constituir nuevos derechos sobre todo cuando los más negados son aquellos relativos a la soberanía y control de su propio cuerpo por las mujeres y la necesidad de que la niñez y las y los jóvenes tengan información y poder sobre sus vidas.
En el 2015 se examinarán los avances de los Objetivos de Milenio: tendremos algo que mostrar Belém do Pará y el Programa de Acción de Cairo cumplen 20 años, si se examina su cumplimiento en Panamá es posible suscribir lo que dice Cimac Noticias sobre otro Estado latinoamericano: ha creado una ‘simulación sofisticada de cumplimiento’.
http://laestrella.com.pa/panama/politica/violencia-contra-mujer-solucion/23802683
Según una noticia reciente ‘…de enero a abril de este año, había 4 mil 78 niñas embarazadas en el país, incluyendo las comarcas… en mayo, la estadística creció a 4 mil 425 casos… 347 niñas más resultaron grávidas; un promedio de once casos nuevos al día solo en mayo. ( La Estrella de Panamá , 21/06/2014). Otra reciente encuesta publicada este mes resaltó que ‘…62 mil mujeres en Panamá justifican que un hombre le pegue a su pareja’. ( La Prensa 14/07/2014).
Que niñas de 10 y 11 años sean ‘madres’ y que las mismas mujeres justifiquen ser víctimas de agresión, evidencia la creciente sinrazón socialmente imperante y denuncia la pobre visión existente sobre la complejidad social amen del precario concepto sobre el futuro de nuestra sociedad y del mundo por las jerarquías políticas.
Veinte años se cumplen del compromiso denominado Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará) y a veinte años también arriba la celebración de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo 1994), ambas junto a la Conferencia Mundial de Derechos Humanos ( Viena 1993) y la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing 1995) se constituyeron como referentes de la acción mundial para hacer avanzar la condición de las mujeres y los derechos humanos de todos.
20 AÑOS DE BELEM DO PARÁ: FIRMAR NO ES CUMPLIR
Producto del énfasis que las feministas latinoamericanas pusieron sobre el asunto de la violencia contra las mujeres en el marco de las demandas globales femeninas, se produjo este instrumento regional que fue el primero de su clase en el mundo y que a la fecha ha sido ratificado por 32 de los 34 miembros de la Organización de Estados Americanos.
En Panamá el Estado ratificó la Convención Interamericana contra la Violencia hacia la Mujer en marzo de 1995 y con ello se inició una trayectoria en el marco de las leyes relativas a la violencia contra las mujeres (Ley 27 de 1995, Ley 38 de 2001) que ha encontrado un nuevo hito en la Ley 82 de octubre de 2013, donde se establece el femicidio como delito.
Es decir que Belem do Para ha sido una importante fuente de conceptos y de compromiso para nuestra legislación nacional y un instrumento que ha generado una importante arquitectura regional de mecanismos de seguimiento, protocolos de actuación, un comité regional de expertas independientes y sistemas de indicadores sobre su cumplimiento.
Sin embargo, hasta ahora lo que ha garantizado su cumplimiento (mínimo) es la acción de los movimientos de mujeres.
Un ejemplo de esto lo constituye la Estrategia País de Seguridad Ciudadana (EPSC N•84 del 24 de junio de 2012 ) que en el marco de la Estrategia de Seguridad Centroamericana (ESCA) incluye la violencia contra las mujeres como uno de los problemas que desafían las políticas de seguridad en la subregión, sin embargo en dicho documento se establece que toda la acción será en prevención y estará a cargo del Instituto Nacional de la Mujer (INAMU).
Lo que debería ser parte de un concepto integral de seguridad que incluye a las mujeres, se configura como nueva supervisión sobre el mecanismo nacional que hará lo que históricamente ha hecho. El Ministerio de Seguridad no hará nada.
20 AÑOS DE LA CONFERENCIA DE CAIRO: EL DERECHO A TENER DERECHOS
Realizada en El Cairo en septiembre de 1994, la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo se convirtió en un debate mundial sobre el futuro demográfico de la especie humana, el desarrollo sostenible, la sexualidad, la diversidad sexual y las concepciones sobre la condición de las mujeres y su relación con los hombres, la familia y la suerte misma del planeta. Fueron incontables las reservas a diversos planteamientos sobre las mujeres y su rol en la reproducción, así como radicales rechazos conservadores al aborto como derecho de las mujeres.
De esos años acá ese debate ha ido endureciéndose, los discursos anti aborto hoy son ya discursos contra los derechos femeninos y una intensa reacción patriarcal expresa su aversión a la independencia y control de las mujeres de su propio cuerpo y sexualidad, el concepto de derechos sexuales y reproductivos les genera fobia y niegan que haya autonomía física femenina o más de una opción de vida para las mujeres.
Este fundamentalismo se apoya en un sentido común muy chato, inmediatista, conservador y pancista. Tiene grandes aliados: el temor, la pobreza, la angustia, la desintegración generalizada, la inseguridad permanente, características de la vida cotidiana en estos años, instalando en nuestra sociedad una confusa sensación de modernidad tecnológica, caos y atraso cultural.
Sería largo enumerar los diversos episodios de estas disputas en Panamá, al respecto es importante recordar brevemente tres de alta significaciòn:
— En marzo de 2001 cuando los fundamentalistas portando una virgen ingresaron al hemiciclo legislativo intentando impedir que la Asamblea Legislativa ratificara el Protocolo Facultativo de la CEDAW. El protocolo fue ratificado en intensa jornada en la que se venció el temor político al poder no democrático.
— En marzo de 2005, en la 49ava Sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) de las Naciones Unidas en la que los Estados debían informar de sus avances a diez años de Beijing 95. En dicha reunión del CSW, las Ministras ‘de la mujer’ de los dos países relativamente ‘progresistas’ de la región –Costa Rica y Panamá— fueron presionadas y obligadas a hacer declaraciones aplaudidas por la representante norteamericana. Su triunfo consistió en la declaración hecha por la representante gubernamental de Panamá: la Plataforma de Acción de Beijing ‘no crea ni establece nuevos derechos’
—En diciembre de 2008, luego de un largo y tortuoso proceso la comisión de salud de la Asamblea Legislativa retiró indefinidamente el proyecto 442. El proyecto enfocado sobre la educación sexual de la niñez y la juventud hizo que el fundamentalismo aterrorizara al poder político. La consulta y validación fue un proceso de más de tres años, en que movimientos y grupos sociales distintos consensuaron la necesidad de un enfoque integral de los derechos de las personas. La iracundia vociferante, confesional de los fundamentalistas exigió que sus convicciones fuesen políticas de Estado, detuvieron el proceso hacia la ley.
No pudieron despolitizar y reprivatizar estos temas, retornarlos a su condición de asuntos privados y el debate público seguirá ahí instalado. Sin embargo, ya no es la mera defensa de los derechos ya existentes, ya inalienables e irrenunciables sino de la capacidad humana de generar y constituir nuevos derechos sobre todo cuando los más negados son aquellos relativos a la soberanía y control de su propio cuerpo por las mujeres y la necesidad de que la niñez y las y los jóvenes tengan información y poder sobre sus vidas.
En el 2015 se examinarán los avances de los Objetivos de Milenio: tendremos algo que mostrar Belém do Pará y el Programa de Acción de Cairo cumplen 20 años, si se examina su cumplimiento en Panamá es posible suscribir lo que dice Cimac Noticias sobre otro Estado latinoamericano: ha creado una ‘simulación sofisticada de cumplimiento’.
http://laestrella.com.pa/panama/politica/violencia-contra-mujer-solucion/23802683
miércoles, 13 de agosto de 2014
Moralidad, razón y emoción
Francisco Díaz Montilla
David Hume, el célebre pensador escocés, postuló una teoría acerca de lo moral que –al menos en los círculos filosóficos- no ha sido tan atendida o valorada. Tal vez por los supuestos empiristas en que se fundamenta y las consecuencia teóricas (filosóficas) que surgen de ella.
http://doxa-filosofica.blogspot.com/2014/08/moralidad-razon-y-emocion.html
David Hume, el célebre pensador escocés, postuló una teoría acerca de lo moral que –al menos en los círculos filosóficos- no ha sido tan atendida o valorada. Tal vez por los supuestos empiristas en que se fundamenta y las consecuencia teóricas (filosóficas) que surgen de ella.
http://doxa-filosofica.blogspot.com/2014/08/moralidad-razon-y-emocion.html
Pluralismo religioso y neutralidad del Estado
Ruling Barragán Yáñez
En el estudio académico de la religión y las ciencias políticas, por “pluralismo religioso” se indica una actitud o postura política que, a partir de la modernidad, adopta el Estado ante la diversidad de credos (incluyendo convicciones filosóficas o ideológicas “no religiosas”, como el humanismo) que coexisten en una sociedad.
De acuerdo al pluralismo, el Estado otorga iguales libertades y obligaciones a todas las religiones y convicciones ideológicas, procurando que sus manifestaciones públicas no menoscaben a las de las demás. Al reconocer y proteger el pluralismo, el Estado no solo impide potenciales conflictos, sino que procura la convivencia pacífica entre distintas confesiones religiosas o no.
El pluralismo se asienta sobre una situación de facto y otra de jure: la diversidad de credos y el imperativo estatal de proteger las libertades de pensamiento, conciencia y religión, así como las de asociación, expresión y prensa que reclama cada visión del mundo en la actualidad. Este imperativo no resulta difícil de practicar hoy en sociedades abiertas y tolerantes (e.g. Estados Unidos, Suecia o el Reino Unido). Sin embargo, en las cerradas e intolerantes (e.g. Sudán, Corea de Norte o Eritrea), el imperativo ni siquiera existe.
Desde un punto de vista “epistémico” (relativo al conocimiento) el respeto y protección del pluralismo religioso por parte del Estado supone que asuma cierto “agnosticismo” sobre la verdad que reclama cada fe o ideología. En otras palabras, el Estado no puede favorecer de forma pública las pretensiones de verdad de ninguna religión porque no las puede conocer. Quod est veritas (¿Qué es la verdad?) preguntó Pilatos a Cristo. César (el poder) no puede reconocer a Cristo (la verdad). Mahoma o Buda habrían escuchado la misma pregunta de Pilatos.
El agnosticismo del Estado en materia religiosa es, en cierta forma, la garantía de su neutralidad. Al no poder conocer la verdad de ningún credo o convicción ideológica, no puede favorecer a ninguno. Por ende, tiene que mantenerse neutral. No obstante, esta no es absoluta. Desde un punto de vista ético, el Estado se sostiene sobre ciertos valores (e.g. hoy denominados “derechos humanos”) que, en mayor o menor medida, pueden ser (o no) compartidos por las diversas confesiones. En este caso, el Estado se alinea con los cultos que comparten esos valores, pero contraría a aquellos que tienden a excluirlos. Así, ejerce una neutralidad relativa, no absoluta.
Ningún Estado es ni puede ser “absolutamente neutral” en materia religiosa. El ideal es que se vuelva “relativamente neutral”, favoreciendo a todas las concepciones religiosas, filosóficas o ideológicas que respetan el orden normativo que promueven y protegen los derechos humanos. Aquellas religiones, filosofías, o ideologías que tienden a desestimarlos, tendrán dificultades y conflictos con el Estado, tal como este se concibe y ejerce su poder desde la modernidad.
Todo lo anterior podría resumirse del siguiente modo: el Estado no reconoce ninguna verdad absoluta de índole religiosa o existencial. No obstante, toma muy en serio los derechos y deberes que corresponden a todas las cosmovisiones, procurando que no choquen entre sí en la esfera pública (en la privada, siempre chocarán). Su imperativo es procurar el orden, seguridad, paz y justicia entre los ciudadanos, no descubrir cuál es la verdad última acerca del mundo y el ser humano.
Esto no significa que el Estado debe cerrarse a escuchar y así desestimar lo que tienen que decir las religiones. Si bien no podrá asumir ningún discurso de este tipo, puede recibir de ellos algunos elementos que le permita reconstruir para sí las verdades en común –de orden moral, no metafísico– que pueden encontrarse en las más diversas visiones del mundo. Estas deberán coincidir con los valores que representan los derechos humanos. Solo así el Estado podrá mantener su relativa neutralidad ante la diversidad religiosa e ideológica, así como sus potenciales (y más aún, reales) conflictos.
http://www.prensa.com/impreso/opinion/pluralismo-religioso-y-neutralidad-del-estado-ruling-barragan-yanez/373806
De acuerdo al pluralismo, el Estado otorga iguales libertades y obligaciones a todas las religiones y convicciones ideológicas, procurando que sus manifestaciones públicas no menoscaben a las de las demás. Al reconocer y proteger el pluralismo, el Estado no solo impide potenciales conflictos, sino que procura la convivencia pacífica entre distintas confesiones religiosas o no.
El pluralismo se asienta sobre una situación de facto y otra de jure: la diversidad de credos y el imperativo estatal de proteger las libertades de pensamiento, conciencia y religión, así como las de asociación, expresión y prensa que reclama cada visión del mundo en la actualidad. Este imperativo no resulta difícil de practicar hoy en sociedades abiertas y tolerantes (e.g. Estados Unidos, Suecia o el Reino Unido). Sin embargo, en las cerradas e intolerantes (e.g. Sudán, Corea de Norte o Eritrea), el imperativo ni siquiera existe.
Desde un punto de vista “epistémico” (relativo al conocimiento) el respeto y protección del pluralismo religioso por parte del Estado supone que asuma cierto “agnosticismo” sobre la verdad que reclama cada fe o ideología. En otras palabras, el Estado no puede favorecer de forma pública las pretensiones de verdad de ninguna religión porque no las puede conocer. Quod est veritas (¿Qué es la verdad?) preguntó Pilatos a Cristo. César (el poder) no puede reconocer a Cristo (la verdad). Mahoma o Buda habrían escuchado la misma pregunta de Pilatos.
El agnosticismo del Estado en materia religiosa es, en cierta forma, la garantía de su neutralidad. Al no poder conocer la verdad de ningún credo o convicción ideológica, no puede favorecer a ninguno. Por ende, tiene que mantenerse neutral. No obstante, esta no es absoluta. Desde un punto de vista ético, el Estado se sostiene sobre ciertos valores (e.g. hoy denominados “derechos humanos”) que, en mayor o menor medida, pueden ser (o no) compartidos por las diversas confesiones. En este caso, el Estado se alinea con los cultos que comparten esos valores, pero contraría a aquellos que tienden a excluirlos. Así, ejerce una neutralidad relativa, no absoluta.
Ningún Estado es ni puede ser “absolutamente neutral” en materia religiosa. El ideal es que se vuelva “relativamente neutral”, favoreciendo a todas las concepciones religiosas, filosóficas o ideológicas que respetan el orden normativo que promueven y protegen los derechos humanos. Aquellas religiones, filosofías, o ideologías que tienden a desestimarlos, tendrán dificultades y conflictos con el Estado, tal como este se concibe y ejerce su poder desde la modernidad.
Todo lo anterior podría resumirse del siguiente modo: el Estado no reconoce ninguna verdad absoluta de índole religiosa o existencial. No obstante, toma muy en serio los derechos y deberes que corresponden a todas las cosmovisiones, procurando que no choquen entre sí en la esfera pública (en la privada, siempre chocarán). Su imperativo es procurar el orden, seguridad, paz y justicia entre los ciudadanos, no descubrir cuál es la verdad última acerca del mundo y el ser humano.
Esto no significa que el Estado debe cerrarse a escuchar y así desestimar lo que tienen que decir las religiones. Si bien no podrá asumir ningún discurso de este tipo, puede recibir de ellos algunos elementos que le permita reconstruir para sí las verdades en común –de orden moral, no metafísico– que pueden encontrarse en las más diversas visiones del mundo. Estas deberán coincidir con los valores que representan los derechos humanos. Solo así el Estado podrá mantener su relativa neutralidad ante la diversidad religiosa e ideológica, así como sus potenciales (y más aún, reales) conflictos.
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