Roberto Arosemena Jaén
Es un viejo clamor. Desde 1981, hace 33 años, se sintió un grito: ¡Constituyente ya! En 2004, producto de inquietudes recogidas en el Grupo de Concertación Nacional, 20-20, Néstor Jaén S.I., ya resucitado en la fe, recogió firmas para sensibilizar a la opinión pública con la conveniencia de una convocatoria constitucional que constituyese un nuevo orden político y jurídico en Panamá.
Producto de esta iniciativa moral, el gobierno entrante de Martín Torrijos y el saliente de Mireya Moscoso acuerdan una reforma constitucional, que entre otras cosas modificó el título sobre Reforma Constitucional e incluyó el artículo 314 que dice: “Podrá adoptarse una nueva Constitución a través de una asamblea constituyente paralela, que podrá ser convocada por decisión del Órgano Ejecutivo, ratificada por la mayoría absoluta del Órgano Legislativo”.
Según este texto, el próximo Presidente, por sí solo, no está facultado para convocar a una constituyente, se requiere la ratificación por dos tercios de los diputados –48 de 71–. Esto significa ponerse de acuerdo con los jefes políticos de la Asamblea Nacional sin abandonar la agenda del pueblo sobre intereses, ambiciones y negociaciones.
La otra limitante de la constituyente paralela, a la luz de la ciudadanía independiente, es mantener y consolidar la estructura de los partidos políticos que hay. Su convocatoria se hace, sobre todo, por postulación partidaria que admite subsidiariamente la libre postulación.
Bajo estas condiciones, la iniciativa de convocar a una constituyente paralela más que una solución es una distracción que mantendrá el vicio de la partidocracia desprestigiada para elegir al Presidente de la República. Igual expectativa tuvo Martín Torrijos cuando acordó con el gobierno arnulfista la fórmula de la constituyente paralela para adormecer la necesidad de refundir el Estado panameño con una constituyente soberana. Hoy, el problema es semejante al comprometerse el mandatario electo con reformas a la Constitución.
¿Qué hacer en las actuales circunstancias? Tomar el texto de reformas que los “notables” entregaron a Martinelli y aprobarlos en esta y la próxima Asamblea y así ahorrarnos dos años de elecciones y debates. Esto no funcionaría. Sería una prepotencia más de los gobernantes y una burla cruel a la ciudadanía.
Por el contrario, reformar el artículo 314 de la Constitución parece ser la medida más eficaz en este período de transición. En efecto, se puede lograr, empinándose sobre los errores del pasado y, sobre todo, anticipando el fracaso de una constituyente con dominio total de los partidos políticos, tanto en su origen, desarrollo como en su aplicación práctica.
Los plazos apremian y la magia del mandatario electo puede desaparecer, una vez que inicie su gestión gubernamental. La hostilidad del gobierno saliente y el apetito de negociación de los jefes partidistas y de sus presuntos leales diputados irán creciendo. Juan Carlos Varela tiene que anticipar ahora su ímpetu de adecentamiento de lo público y lo político y apostar a que la Asamblea Nacional realice una reforma constitucional expedita, que establezca una constituyente electa por libre postulación y que compromete a la ciudadanía escogida a servir a la nación, no a los partidos políticos ni a los poderosos contribuyentes.
Estas expeditas reformas deberán garantizar además que el texto aprobado en la constituyente tenga efectos jurídicos inmediatos, sin someterla a un referendo popular aprobatorio o revocatorio, como se hizo en el año 2004.
Somos del criterio de que una constituyente expresa la voluntad soberana del Estado más que las fórmulas partidistas que establece la actual Constitución presidencialista de 1972. Se admite que una constituyente no usurpe funciones de gobierno, sino que se concentre en cimentar los pilares de un Estado democrático participativo de derecho que garantice una convivencia equitativa.
Esta expectativa ciudadana solo será posible en las actuales circunstancias de sustitución de gobiernos, si Martinelli, Navarro y Varela, como jefes de sus respectivos partidos políticos, se atreven a fundamentar procedimentalmente los cambios futuros necesarios para lograr un Panamá con ingresos decentes y una ciudadanía que resista a la demagogia y a los populismos que enfrentan a pueblo contra pueblo.
http://www.prensa.com/impreso/opinion/constituyente-alternativa-nacional-roberto-arosemena-jaen/331881
martes, 27 de mayo de 2014
sábado, 17 de mayo de 2014
Para renovar la filosofía en la UP
Ruling Barragán
Desde hace un tiempo, docentes y estudiantes vemos con preocupación la situación del Departamento de Filosofía de la Universidad de Panamá (UP). Con dos licenciaturas bajo su administración, “Historia y Filosofía” y “Filosofía, Ética y Valores”, de escasa matrícula y cuyos planes de estudio no parecen ir acorde al mercado laboral, más allá de la labor docente.
Si bien se ha planteado y discutido en muchas ocasiones la renovación o actualización de los planes de estudio de estas licenciaturas, la toma de decisiones al respecto es difícil. Una parte del problema consiste en la falta de consenso sobre cómo deberían configurarse estos planes. Así, por ejemplo, no hay acuerdos entre todos sobre qué cursos se podrían eliminar o reducir en horas, cuáles añadir en reemplazo, o si se debiese prescindir definitivamente de una de las licenciaturas. Con relación a esta falta de consenso, ayudaría mucho abandonar la idea de que debe haber un acuerdo total con cada quien en esta discusión. No creo que podemos esperar eso, siempre habrá algún disenso e inconformidad. Para fines prácticos, bastaría con que se aprobase lo que decidiera la mayoría de los involucrados, tal como sucede en todo mecanismo democrático.
Tal vez, el único acuerdo en este asunto sea que el principal afectado es el estudiantado del Departamento de Filosofía. Si la carrera no se renueva pronto, de manera pertinente y eficiente, los nuevos egresados pudieran ser marginados o excluidos de un mercado laboral cada vez más dinámico, diversificado y competitivo.
Otra parte del problema podría ser el perfil laboral con que se ha identificado al egresado de filosofía: demasiadas veces se le ha limitado a la docencia en premedia y media, cuando en realidad –como ocurre en muchos países– su ámbito laboral es mucho mas amplio y diverso. Sea a nivel de pregrado o posgrado, los graduados en filosofía hallan oportunidades laborales en el área de comunicación, periodismo, promoción cultural, derechos humanos y casi cualquier espacio que requiera del análisis (o tan siquiera del comentario bien informado) social y político, por ejemplo.
¿Por qué seguimos limitando su campo laboral con planes de estudios básicamente diseñados para que sean profesores de secundaria, sin prestar mayor atención a otros campos o áreas profesionales? Es bien sabido que la enseñanza de asignaturas filosóficas en la educación media (y también a nivel superior) se reduce cada vez más. En este contexto, resulta razonable y saludable redescubrir que los espacios laborales en que tienen cabida los egresados de filosofía están más allá del colegio o la academia. En consecuencia, sus planes de estudios a nivel universitario deberían responder a esta realidad. Estos podrían maximizar habilidades comunicativas, analíticas y argumentativas, especialmente valoradas en el contexto político, económico, social y cultural del país.
Así, por ejemplo, los nuevos planes podrían hacer énfasis en “filosofías aplicadas” como filosofía del derecho, filosofía política, o ética de las empresas, entre otras. Asimismo, en refuerzo de esas habilidades, cursos de lenguas modernas –en particular el inglés y/o francés– solicitados en muchos organismos, empresas e instituciones. Confío en que algo de lo expresado aquí contribuya a la renovación de los planes de estudios, y al bienestar académico y laboral de los futuros egresados. Quizá no sea demasiado tarde y la renovación de la filosofía en la Universidad de Panamá pueda hacerse con prontitud y pertinencia, para bien de todos sus miembros, en especial, de los estudiantes.
https://impresa.prensa.com/opinion/renovar-filosofia-UP-Ruling-Barragan_0_3937106314.html
Desde hace un tiempo, docentes y estudiantes vemos con preocupación la situación del Departamento de Filosofía de la Universidad de Panamá (UP). Con dos licenciaturas bajo su administración, “Historia y Filosofía” y “Filosofía, Ética y Valores”, de escasa matrícula y cuyos planes de estudio no parecen ir acorde al mercado laboral, más allá de la labor docente.
Si bien se ha planteado y discutido en muchas ocasiones la renovación o actualización de los planes de estudio de estas licenciaturas, la toma de decisiones al respecto es difícil. Una parte del problema consiste en la falta de consenso sobre cómo deberían configurarse estos planes. Así, por ejemplo, no hay acuerdos entre todos sobre qué cursos se podrían eliminar o reducir en horas, cuáles añadir en reemplazo, o si se debiese prescindir definitivamente de una de las licenciaturas. Con relación a esta falta de consenso, ayudaría mucho abandonar la idea de que debe haber un acuerdo total con cada quien en esta discusión. No creo que podemos esperar eso, siempre habrá algún disenso e inconformidad. Para fines prácticos, bastaría con que se aprobase lo que decidiera la mayoría de los involucrados, tal como sucede en todo mecanismo democrático.
Tal vez, el único acuerdo en este asunto sea que el principal afectado es el estudiantado del Departamento de Filosofía. Si la carrera no se renueva pronto, de manera pertinente y eficiente, los nuevos egresados pudieran ser marginados o excluidos de un mercado laboral cada vez más dinámico, diversificado y competitivo.
Otra parte del problema podría ser el perfil laboral con que se ha identificado al egresado de filosofía: demasiadas veces se le ha limitado a la docencia en premedia y media, cuando en realidad –como ocurre en muchos países– su ámbito laboral es mucho mas amplio y diverso. Sea a nivel de pregrado o posgrado, los graduados en filosofía hallan oportunidades laborales en el área de comunicación, periodismo, promoción cultural, derechos humanos y casi cualquier espacio que requiera del análisis (o tan siquiera del comentario bien informado) social y político, por ejemplo.
¿Por qué seguimos limitando su campo laboral con planes de estudios básicamente diseñados para que sean profesores de secundaria, sin prestar mayor atención a otros campos o áreas profesionales? Es bien sabido que la enseñanza de asignaturas filosóficas en la educación media (y también a nivel superior) se reduce cada vez más. En este contexto, resulta razonable y saludable redescubrir que los espacios laborales en que tienen cabida los egresados de filosofía están más allá del colegio o la academia. En consecuencia, sus planes de estudios a nivel universitario deberían responder a esta realidad. Estos podrían maximizar habilidades comunicativas, analíticas y argumentativas, especialmente valoradas en el contexto político, económico, social y cultural del país.
Así, por ejemplo, los nuevos planes podrían hacer énfasis en “filosofías aplicadas” como filosofía del derecho, filosofía política, o ética de las empresas, entre otras. Asimismo, en refuerzo de esas habilidades, cursos de lenguas modernas –en particular el inglés y/o francés– solicitados en muchos organismos, empresas e instituciones. Confío en que algo de lo expresado aquí contribuya a la renovación de los planes de estudios, y al bienestar académico y laboral de los futuros egresados. Quizá no sea demasiado tarde y la renovación de la filosofía en la Universidad de Panamá pueda hacerse con prontitud y pertinencia, para bien de todos sus miembros, en especial, de los estudiantes.
https://impresa.prensa.com/opinion/renovar-filosofia-UP-Ruling-Barragan_0_3937106314.html
viernes, 16 de mayo de 2014
La sociedad civil
Roberto Arosemena Jaén
Lo opuesto a sociedad partidista es la sociedad civil que no aspira al poder de turno en disputa. El triunfo de Juan Carlos Varela no se debe a los partidos que lo postularon –apenas llegan a los 300 mil inscritos– sino a los independientes que confiadamente votaron por él. Sorprende que la independiente de Ana Matilde Gómez sobrepasó los votos de los partidos panameñistas y popular para diputados en el circuito 8.7.
Interpretar correctamente el voto del 4 de mayo es una tarea imprescindible para el Ejecutivo electo. La sociedad civil panameña ha señalado que quiere cogobernar sin la mediación de los actuales partidos políticos. En la práctica, el nuevo gobierno debería ser leal a sus electores. Legislar teniendo en cuenta a la sociedad civil y convocar la próxima constituyente sin la representatividad de los partidos políticos.
Asumir este compromiso significa enfrentar las presiones partidistas en la Asamblea y tomar distancia de las reformas constitucionales de 2004, que autorizan el llamado a una Asamblea Nacional constituyente con los partidos políticos vigentes. Conclusiones duras en un país con una fuerte tradición partidista y un Ejecutivo que debe renunciar al “presidencialismo absolutista y corruptible”. Entre tanto, hay que enfrentar el período de transición. La tarea fundamental es lograr instalarse, eficazmente, en el poder Ejecutivo, con plena delegación de las obras en marcha y con toda la documentación pertinente.
En segundo lugar, prepararse con una fuerte alianza con la sociedad civil a lidiar con una Asamblea errática que presenció la manera como los presidentes de sus partidos fueron decapitados en las urnas y, al mismo tiempo, coexistir con una Contraloría, Ministerio Público y Corte Suprema de Justicia dependientes del gobierno saliente. ¿Permitirá, el Ejecutivo electo, la nueva y sorprendente beligerancia de la sociedad civil frente a los partidos políticos? ¿Podrán, los jefes políticos del nuevo Ejecutivo leer y entender la voluntad de sus electores independientes? Un gobierno de unidad nacional solo se constituye de acuerdo con la voluntad popular expresada en las pasadas elecciones.
No obstante, la partidocracia del candidato triunfante se percibe ganadora y la partidocracia de los perdedores se siente blindada, tanto en la Asamblea Nacional, las Alcaldías, los Consejos Municipales y los poderes públicos con brazos largos para los próximos meses y años.
La crisis de gobernabilidad tiene una hoja de ruta determinada por el gobierno electo. La solución a esta crisis de gobernabilidad se debería mover en el escenario que propusieron los electores independientes el pasado 4 de mayo. El modelo representativo fue desconocido y se impuso el modelo participativo a nivel del Ejecutivo. En los otros niveles, no hubo tiempo para discernir lo conveniente y tomar distancia del clientelismo utilitario. El clientelismo partidista dio, llegó y finalmente, se impuso.
La pelota está en el campo del Presidente electo. La sociedad civil espera y reaccionará en el momento que los acontecimientos lo requieran. Las formas lingüísticas de expresar el nuevo contexto social y cultural siguen en manos de los medios y de los estrategas de la publicidad y la propaganda.
En manos de la sociedad civil, inorgánica por el momento, está la realidad histórica que Panamá continúa viviendo y padeciendo. Por el contrario, la senda emancipadora está en la habilidad y en la sabiduría que pueda generar el nuevo equipo de gobierno, parte del cual, empezó a gobernar en el quinquenio pasado. Su desafío es grande y en esto se basa la oportunidad que la sociedad civil le ha puesto nuevamente en sus decisiones. El tiempo señalará los momentos del aplauso, de la crítica y de la escoba.
http://impresa.prensa.com/opinion/sociedad-civil-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3936356417.html
Lo opuesto a sociedad partidista es la sociedad civil que no aspira al poder de turno en disputa. El triunfo de Juan Carlos Varela no se debe a los partidos que lo postularon –apenas llegan a los 300 mil inscritos– sino a los independientes que confiadamente votaron por él. Sorprende que la independiente de Ana Matilde Gómez sobrepasó los votos de los partidos panameñistas y popular para diputados en el circuito 8.7.
Interpretar correctamente el voto del 4 de mayo es una tarea imprescindible para el Ejecutivo electo. La sociedad civil panameña ha señalado que quiere cogobernar sin la mediación de los actuales partidos políticos. En la práctica, el nuevo gobierno debería ser leal a sus electores. Legislar teniendo en cuenta a la sociedad civil y convocar la próxima constituyente sin la representatividad de los partidos políticos.
Asumir este compromiso significa enfrentar las presiones partidistas en la Asamblea y tomar distancia de las reformas constitucionales de 2004, que autorizan el llamado a una Asamblea Nacional constituyente con los partidos políticos vigentes. Conclusiones duras en un país con una fuerte tradición partidista y un Ejecutivo que debe renunciar al “presidencialismo absolutista y corruptible”. Entre tanto, hay que enfrentar el período de transición. La tarea fundamental es lograr instalarse, eficazmente, en el poder Ejecutivo, con plena delegación de las obras en marcha y con toda la documentación pertinente.
En segundo lugar, prepararse con una fuerte alianza con la sociedad civil a lidiar con una Asamblea errática que presenció la manera como los presidentes de sus partidos fueron decapitados en las urnas y, al mismo tiempo, coexistir con una Contraloría, Ministerio Público y Corte Suprema de Justicia dependientes del gobierno saliente. ¿Permitirá, el Ejecutivo electo, la nueva y sorprendente beligerancia de la sociedad civil frente a los partidos políticos? ¿Podrán, los jefes políticos del nuevo Ejecutivo leer y entender la voluntad de sus electores independientes? Un gobierno de unidad nacional solo se constituye de acuerdo con la voluntad popular expresada en las pasadas elecciones.
No obstante, la partidocracia del candidato triunfante se percibe ganadora y la partidocracia de los perdedores se siente blindada, tanto en la Asamblea Nacional, las Alcaldías, los Consejos Municipales y los poderes públicos con brazos largos para los próximos meses y años.
La crisis de gobernabilidad tiene una hoja de ruta determinada por el gobierno electo. La solución a esta crisis de gobernabilidad se debería mover en el escenario que propusieron los electores independientes el pasado 4 de mayo. El modelo representativo fue desconocido y se impuso el modelo participativo a nivel del Ejecutivo. En los otros niveles, no hubo tiempo para discernir lo conveniente y tomar distancia del clientelismo utilitario. El clientelismo partidista dio, llegó y finalmente, se impuso.
La pelota está en el campo del Presidente electo. La sociedad civil espera y reaccionará en el momento que los acontecimientos lo requieran. Las formas lingüísticas de expresar el nuevo contexto social y cultural siguen en manos de los medios y de los estrategas de la publicidad y la propaganda.
En manos de la sociedad civil, inorgánica por el momento, está la realidad histórica que Panamá continúa viviendo y padeciendo. Por el contrario, la senda emancipadora está en la habilidad y en la sabiduría que pueda generar el nuevo equipo de gobierno, parte del cual, empezó a gobernar en el quinquenio pasado. Su desafío es grande y en esto se basa la oportunidad que la sociedad civil le ha puesto nuevamente en sus decisiones. El tiempo señalará los momentos del aplauso, de la crítica y de la escoba.
http://impresa.prensa.com/opinion/sociedad-civil-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3936356417.html
martes, 29 de abril de 2014
La democracia estéril
Roberto Arosemena Jaén
No estoy escribiendo sobre la esterilidad democrática. Esto sería un argumento totalitario y militarista. Reflexiono sobre la estéril democracia panameña. Esa de tipo electoral que se implantó con la fuerza invasora el 20 de diciembre y que hoy nos ofrece cuatro candidatos partidistas y uno independiente de la partidocracia liberal y “amplia”, para usar la terminología de Genaro López.
¿Es la democracia electoral panameña estéril, en el sentido que no ofrece alternativas políticas? Se tiene que responder que sí. Por ejemplo, ¿cómo puede ser democrática una Constitución que define ciudadanía como el derecho a elegir y ser elegido, pero descarta la capacidad de revocar el mandato a esos que han elegido popularmente al mandatario de turno?
Si somos capaces de elegir presidente a cualquier ciudadano panameño, también debemos ser capaces de revocar su mandato. ¿Por qué negarnos este poder soberano y delegarlo en los diputados que se venden al gobierno de turno? ¿Hasta cuándo se permitirá la vigencia del artículo 160 de la Constitución Nacional, que permite “juzgar al presidente solo a la Asamblea Nacional, y el artículo 177 que autoriza al soberano solo a elegir al Presidente de la República por sufragio popular directo y por la mayoría de votos, condenándolo, además, a soportar a un presidente inepto, corrupto e irrespetuoso por cinco años.
Se dice que la impunidad es la madre de la corrupción en las democracias actuales y que la certeza del castigo es el mejor elemento de contención y disuasión. Se dice pero no se cree en lo que se dice.
En otro orden de ideas, ¿contribuye a la fecundidad o a la esterilidad de la democracia las intervenciones “salvadoras” del Gobierno y Embajada de Estados Unidos, como lo hizo Jonathan Farrar en su intempestiva visita al Tribunal Electoral (TE)?
Estas intervenciones se vienen dando de manera grosera, desde los gobiernos de Porras, Remón Cantera, Torrijos y los gobernantes pasajeros, de 1989 a 2014.
¿Cómo no aceptar la institucionalidad democrática del gobierno de Ricardo Martinelli, ante un TE que “es buen ejemplo de una institución independiente” (La Prensa, 23/04/14, pág. 1A) sin atreverse a mencionar la “probidad” del fiscal electoral?
Lo irresponsable de esta afirmación no es que la haga un aliado de la partidocracia panameña desde el Gobierno de Estados Unidos, sino que sectores de opinión nacional la secunden a sabiendas de que los pilares del TE están constituidos tanto por el fiscal electoral como por los magistrados electorales. ¿Cómo se atreve J. Farrar a tener “mucha confianza” en ese TE, que ya está permitiendo el fraude ante la omisión de las funciones de investigar y documentar los delitos electorales.
Es inútil que los magistrados del ente publiquen páginas enteras en los medios de comunicación para señalar que nadie elegido, popularmente, puede usar las obras del gobierno para campaña electoral, si no investiga la conducta del presidente Ricardo Martinelli. La ciudadanía no puede aceptar la política del avestruz ni la moral del impotente, que desconoce el fraude que ya se ha cometido en exceso por la arbitrariedad del gobierno actual. Señor embajador no juegue a ganador con el pueblo panameño.
Lo significativo es que vamos al 4 de mayo, como burro amarrado con tigre suelto. Pero eso sí, con el convencimiento que Panamá tiene derecho a una democracia fecunda y no estéril como la que nos legó la invasión del 20 de diciembre de 1989.
Cualquiera que sea el elegido para el quinquenio 2014-2019 tendrá que ser competente constitucionalmente, tendrá que rendir cuentas hasta que la ciudadanía logre de forma directa elegir y revocar al presidente de turno, para erradicar la impunidad de los corruptos y la certeza del castigo, que con mano dura se aplicará no a los niños sino a los presidentes que delincan.
Por una democracia fecunda, mi voto es por una constituyente soberana.
http://www.prensa.com/impreso/opinion/democracia-esteril-roberto-arosemena-jaen/316827
No estoy escribiendo sobre la esterilidad democrática. Esto sería un argumento totalitario y militarista. Reflexiono sobre la estéril democracia panameña. Esa de tipo electoral que se implantó con la fuerza invasora el 20 de diciembre y que hoy nos ofrece cuatro candidatos partidistas y uno independiente de la partidocracia liberal y “amplia”, para usar la terminología de Genaro López.
¿Es la democracia electoral panameña estéril, en el sentido que no ofrece alternativas políticas? Se tiene que responder que sí. Por ejemplo, ¿cómo puede ser democrática una Constitución que define ciudadanía como el derecho a elegir y ser elegido, pero descarta la capacidad de revocar el mandato a esos que han elegido popularmente al mandatario de turno?
Si somos capaces de elegir presidente a cualquier ciudadano panameño, también debemos ser capaces de revocar su mandato. ¿Por qué negarnos este poder soberano y delegarlo en los diputados que se venden al gobierno de turno? ¿Hasta cuándo se permitirá la vigencia del artículo 160 de la Constitución Nacional, que permite “juzgar al presidente solo a la Asamblea Nacional, y el artículo 177 que autoriza al soberano solo a elegir al Presidente de la República por sufragio popular directo y por la mayoría de votos, condenándolo, además, a soportar a un presidente inepto, corrupto e irrespetuoso por cinco años.
Se dice que la impunidad es la madre de la corrupción en las democracias actuales y que la certeza del castigo es el mejor elemento de contención y disuasión. Se dice pero no se cree en lo que se dice.
En otro orden de ideas, ¿contribuye a la fecundidad o a la esterilidad de la democracia las intervenciones “salvadoras” del Gobierno y Embajada de Estados Unidos, como lo hizo Jonathan Farrar en su intempestiva visita al Tribunal Electoral (TE)?
Estas intervenciones se vienen dando de manera grosera, desde los gobiernos de Porras, Remón Cantera, Torrijos y los gobernantes pasajeros, de 1989 a 2014.
¿Cómo no aceptar la institucionalidad democrática del gobierno de Ricardo Martinelli, ante un TE que “es buen ejemplo de una institución independiente” (La Prensa, 23/04/14, pág. 1A) sin atreverse a mencionar la “probidad” del fiscal electoral?
Lo irresponsable de esta afirmación no es que la haga un aliado de la partidocracia panameña desde el Gobierno de Estados Unidos, sino que sectores de opinión nacional la secunden a sabiendas de que los pilares del TE están constituidos tanto por el fiscal electoral como por los magistrados electorales. ¿Cómo se atreve J. Farrar a tener “mucha confianza” en ese TE, que ya está permitiendo el fraude ante la omisión de las funciones de investigar y documentar los delitos electorales.
Es inútil que los magistrados del ente publiquen páginas enteras en los medios de comunicación para señalar que nadie elegido, popularmente, puede usar las obras del gobierno para campaña electoral, si no investiga la conducta del presidente Ricardo Martinelli. La ciudadanía no puede aceptar la política del avestruz ni la moral del impotente, que desconoce el fraude que ya se ha cometido en exceso por la arbitrariedad del gobierno actual. Señor embajador no juegue a ganador con el pueblo panameño.
Lo significativo es que vamos al 4 de mayo, como burro amarrado con tigre suelto. Pero eso sí, con el convencimiento que Panamá tiene derecho a una democracia fecunda y no estéril como la que nos legó la invasión del 20 de diciembre de 1989.
Cualquiera que sea el elegido para el quinquenio 2014-2019 tendrá que ser competente constitucionalmente, tendrá que rendir cuentas hasta que la ciudadanía logre de forma directa elegir y revocar al presidente de turno, para erradicar la impunidad de los corruptos y la certeza del castigo, que con mano dura se aplicará no a los niños sino a los presidentes que delincan.
Por una democracia fecunda, mi voto es por una constituyente soberana.
http://www.prensa.com/impreso/opinion/democracia-esteril-roberto-arosemena-jaen/316827
domingo, 27 de abril de 2014
Elecciones: programas, políticos y participación sin poder
Urania Atenea Ungo M.
Desde una cierta perspectiva, todo fenómeno que concite atención y estudio puede ser considerado un objeto poligonal —con muchos lados y ángulos—.
Ello significa que es posible verlo desde un conjunto de puntos y desde cada uno de ellos, abrir el foco, ampliar el ángulo y observar el todo. Es importante distinguir siempre desde dónde se hace la reflexión.
LOS PUNTOS DE PARTIDA
Así desde cierto punto y mirada somos un país afortunado: administra una ‘democracia’, tiene un gasto público social importante, se rige por leyes modernas y con políticas públicas dirigidas a la población más vulnerable, sin ejército que pueda alterar la voluntad y soberanía popular. Es de los más ‘globalizados’ de la región e incluso se dice en un Reporte Mundial de la Felicidad 2013 del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, USA, que somos el número 15 de los países más felices del mundo.
http://laestrella.com.pa/panama/politica/elecciones-programas-politicos-participacion-poder/23452861
Desde una cierta perspectiva, todo fenómeno que concite atención y estudio puede ser considerado un objeto poligonal —con muchos lados y ángulos—.
Ello significa que es posible verlo desde un conjunto de puntos y desde cada uno de ellos, abrir el foco, ampliar el ángulo y observar el todo. Es importante distinguir siempre desde dónde se hace la reflexión.
LOS PUNTOS DE PARTIDA
Así desde cierto punto y mirada somos un país afortunado: administra una ‘democracia’, tiene un gasto público social importante, se rige por leyes modernas y con políticas públicas dirigidas a la población más vulnerable, sin ejército que pueda alterar la voluntad y soberanía popular. Es de los más ‘globalizados’ de la región e incluso se dice en un Reporte Mundial de la Felicidad 2013 del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, USA, que somos el número 15 de los países más felices del mundo.
http://laestrella.com.pa/panama/politica/elecciones-programas-politicos-participacion-poder/23452861
viernes, 4 de abril de 2014
Gobierno 2014-2019
Roberto Arosemena Jaén
Las encuestas no mienten ni pronostican el resultado de las elecciones. Solo indican, cuando son fiables y válidas, la forma en que el votante anticipa que votará. Precisamente, el motivo que aduce el Tribunal Electoral para prohibir encuestas días antes de las elecciones es la carga de publicidad engañosa que contienen y que afecta al grupo de adictos al poder mediático. El caso reciente de Costa Rica subraya el distanciamiento entre lo que se dice en la encuesta y lo que se hace el día del sufragio.
Nadie puede afirmar, por más “juega vivo” que sea, que el panameño se vende, se negocia, se corrompe o se hipoteca con un jamón, una promesa o una ilusión de más plata en el bolsillo. Ante esa duda, el politiquero afirma que “elige quien escruta”. Es decir, la elección del próximo presidente de la República al final dependerá del Tribunal Electoral y del poder constituido.
¿Quién fue elegido en las elecciones de 1984? Por supuesto, el candidato del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Nicolás Ardito Barletta. ¿Quién fue elegido en 1989? Ninguno, porque no convenía a los intereses del partido dominante.
La polarización, según las encuestas, se da entre el candidato del partido Cambio Democrático (CD) y el del PRD. La opinión pública de un sector dominante mediático establece que CD es una amenaza a la democracia y que el PRD lo derrotará en las urnas. Cambio Democrático, en cinco años, ha suscitado el temor que le costó al PRD cerca de 10 años, al transformarse desde 1980 en el trapo sucio de los cuarteles. Bajo esta hipótesis Ricardo Martinelli tiene la facultad de hacer lo que hizo el PRD y Manuel A. Noriega en 1984 y en 1989.
Si Martinelli y el CD no están en capacidad de hacer fraude o eliminar las elecciones, como sucedió en la década de 1980, la consigna “todos a votar por quien puede derrotar a Martinelli” es solo parte de una propaganda política más.
De cualquier modo, la sociedad panameña tiene que elegir la mejor propuesta y si ninguna es creíble, rechazarla en las urnas con el voto en blanco. Nos referimos al voto presidencial, por supuesto. Las consideraciones sobre diputados es otra. El bipartidismo tránsfuga en esta ocasión y el voto selectivo benefician a los independientes.
De todos modos, la ciudadanía tiene que enfrentarse no solo a la transparencia e inmediatez del escrutinio sino estar preparada para la resistencia democrática a cualquier intento de fraude. Luego, se tendrá que ejercer vigilancia continua y permanente para que cualquiera que sea el próximo Presidente se someta a la Constitución.
Inmediatamente, constituida la Asamblea, la ciudadanía tendrá que movilizarse para que no se repita el crimen político de los gobiernos postinvasión de comprar y dominar al poder legislativo mediante la autocracia presidencial. El adefesio de Asamblea Nacional ha permitido que un minúsculo partido, Cambio Democrático, que en 2004 era una ridícula ambición, después de 10 años es un peligro por su identificación con la partidocracia liberal.
¡Hasta cuándo la revocatoria del mandato presidencial va a estar en la Asamblea Nacional y no en la ciudadanía!
El próximo gobierno, dada la correlación aparente del electorado, tendrá que ser controlado por la nueva democracia participativa, ante la tremenda debilidad y desprestigio del actual esquema democrático representativo.
Esta democracia participativa debe levantar el compromiso del voto ciudadano en favor de la mejor alternativa, sin excluir el rechazo a la partidocracia y a la búsqueda de una constituyente que reconoce lo inviable de la representación partidista en el próximo quinquenio.
http://www.prensa.com/impreso/opinion/gobierno-2014-2019-roberto-arosemena-jaen/303185
Las encuestas no mienten ni pronostican el resultado de las elecciones. Solo indican, cuando son fiables y válidas, la forma en que el votante anticipa que votará. Precisamente, el motivo que aduce el Tribunal Electoral para prohibir encuestas días antes de las elecciones es la carga de publicidad engañosa que contienen y que afecta al grupo de adictos al poder mediático. El caso reciente de Costa Rica subraya el distanciamiento entre lo que se dice en la encuesta y lo que se hace el día del sufragio.
Nadie puede afirmar, por más “juega vivo” que sea, que el panameño se vende, se negocia, se corrompe o se hipoteca con un jamón, una promesa o una ilusión de más plata en el bolsillo. Ante esa duda, el politiquero afirma que “elige quien escruta”. Es decir, la elección del próximo presidente de la República al final dependerá del Tribunal Electoral y del poder constituido.
¿Quién fue elegido en las elecciones de 1984? Por supuesto, el candidato del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Nicolás Ardito Barletta. ¿Quién fue elegido en 1989? Ninguno, porque no convenía a los intereses del partido dominante.
La polarización, según las encuestas, se da entre el candidato del partido Cambio Democrático (CD) y el del PRD. La opinión pública de un sector dominante mediático establece que CD es una amenaza a la democracia y que el PRD lo derrotará en las urnas. Cambio Democrático, en cinco años, ha suscitado el temor que le costó al PRD cerca de 10 años, al transformarse desde 1980 en el trapo sucio de los cuarteles. Bajo esta hipótesis Ricardo Martinelli tiene la facultad de hacer lo que hizo el PRD y Manuel A. Noriega en 1984 y en 1989.
Si Martinelli y el CD no están en capacidad de hacer fraude o eliminar las elecciones, como sucedió en la década de 1980, la consigna “todos a votar por quien puede derrotar a Martinelli” es solo parte de una propaganda política más.
De cualquier modo, la sociedad panameña tiene que elegir la mejor propuesta y si ninguna es creíble, rechazarla en las urnas con el voto en blanco. Nos referimos al voto presidencial, por supuesto. Las consideraciones sobre diputados es otra. El bipartidismo tránsfuga en esta ocasión y el voto selectivo benefician a los independientes.
De todos modos, la ciudadanía tiene que enfrentarse no solo a la transparencia e inmediatez del escrutinio sino estar preparada para la resistencia democrática a cualquier intento de fraude. Luego, se tendrá que ejercer vigilancia continua y permanente para que cualquiera que sea el próximo Presidente se someta a la Constitución.
Inmediatamente, constituida la Asamblea, la ciudadanía tendrá que movilizarse para que no se repita el crimen político de los gobiernos postinvasión de comprar y dominar al poder legislativo mediante la autocracia presidencial. El adefesio de Asamblea Nacional ha permitido que un minúsculo partido, Cambio Democrático, que en 2004 era una ridícula ambición, después de 10 años es un peligro por su identificación con la partidocracia liberal.
¡Hasta cuándo la revocatoria del mandato presidencial va a estar en la Asamblea Nacional y no en la ciudadanía!
El próximo gobierno, dada la correlación aparente del electorado, tendrá que ser controlado por la nueva democracia participativa, ante la tremenda debilidad y desprestigio del actual esquema democrático representativo.
Esta democracia participativa debe levantar el compromiso del voto ciudadano en favor de la mejor alternativa, sin excluir el rechazo a la partidocracia y a la búsqueda de una constituyente que reconoce lo inviable de la representación partidista en el próximo quinquenio.
http://www.prensa.com/impreso/opinion/gobierno-2014-2019-roberto-arosemena-jaen/303185
miércoles, 2 de abril de 2014
Culpa y racionalización
Pedro Luis Prados S.
Asumir la responsabilidad de sus actos es una de las experiencias morales más difíciles para el ser humano, porque todo acto libremente elegido remite a la responsabilidad por la comisión del mismo y revela nuestro carácter frente a los demás. Son la sumatoria de lo que somos y lo que seremos, y como dijera André Malraux: “Un hombre es lo que sus actos han hecho de él”. Si dichos actos corresponden a preceptos morales y convicciones fundadas, hablan de la personalidad y bonhomía de sus actores; si por el contrario se orientan a mezquinos intereses, al cohecho y a la corrupción son reveladores de la distorsión y carencia de autoestima de sus gestores. Son, en definitiva, el estandarte con que anunciamos ante los otros la intimidad de nuestra conciencia. No podemos desprendernos de ellos y se adhieren, como una corteza, que dice lo que somos ante la mirada de los demás.
La responsabilidad por la libre escogencia del acto conlleva a la culpa cuando entran en conflicto los fundamentos valorativos con la finalidad del acto. Al descarnar al acto de sus motivaciones y exponerlo como una decisión intransferible, la culpa toma posesión de la conciencia y corroe los cimientos de la moralidad personal. Así, desamparado y culpable el hombre se debate entre el peso de sus acciones y la necesidad de aceptación de los demás, por eso busca la expiación de la culpa de múltiples maneras, desde la penitencia religiosa hasta el encubrimiento de la falta. La confesión, la penitencia, al igual que la racionalización, son vías utilizadas para descargar la culpa y aligerar su peso, con la diferencia de que en la expiación religiosa se presume una auténtica compensación por vías de la fe, mientras que en la racionalización se articula un encubrimiento por camino de la justificación.
Fue Ernest Jones, discípulo de Freud, quien tipificó esta conducta y logró la descripción psicoanalítica de su evolución, diferenciándola de la mentira como forma de coludir una acción. A diferencia de la mentira, articulada para engañar a los demás por interés o necesidad, y de la cual su emisor tiene pleno conocimiento de la falsedad de sus presupuestos, la racionalización está sujeta a un discurso lógico elaborado para convencer a los demás de los motivos de la acción o para trasladar la responsabilidad a otros. De esta manera la racionalización se convierte en una justificación organizada intelectualmente para convencer a los demás partiendo del convencimiento personal del argumento. Se miente a sí mismo para mentir a los demás, con el resultado de la interiorización y asimilación de la “veracidad” del discurso. Se precipita en lo que Jean Paul Sartre denomina “mala fe” como existencia inauténtica.
El mayor riesgo de la racionalización es la posibilidad de desembocar en el delirio, con el cual se revelan rasgos esquizoides en el sujeto empeñado en convencer a los demás de sus argumentos. Posesionado de su verdad reitera, desdobla y añade nuevos elementos a su elaboración lógica provocando tal acumulación discursiva que dificulta su credibilidad, lo que conduce a actitudes histéricas y muchas veces a la pérdida de realidad. Entre más se empeña en convencer a los demás, menos credibilidad logra en su cometido, llevando su representación a manifestaciones histriónicas y al ridículo.
Por ser una conducta extendida entre los panameños, consecuencia de su precario nivel cultural y la inconsistencia de su patrones éticos, la mentira tiene carta de naturaleza y se practica como una forma de convivencia. En muchas ocasiones ni siquiera la confrontamos y nos basta una sonrisa irónica o un movimiento de cabeza para expresar nuestra incredulidad. Sin embargo, la racionalización ha sido asumida como una conducta inherente al ejercicio político, con la cual no solo se quiere exculpar la responsabilidad de los actos, sino convencer a los demás de la bondad de los mismos, haciendo uso de los más variados recursos mediáticos.
Como una enfermedad en plena evolución vemos políticos abanicarse con fajos de billetes argumentando que ese dinero era para obras de su comunidad; diputados tránsfugas explicando que su salto se debe a que el partido escogido refleja sus ideales de juventud; funcionarios judiciales desgañitarse explicando que el cierre de un expediente impide cualquiera reconsideración moral sobre lo actuado; dignatarios con el rostro enrojecido y los ojos entrecerrados ante las cámaras de televisión denunciando la calumnia de sus adversarios ante la falta de transparencia de sus actuaciones.
En fin, ante la cotidianeidad de la mentira y la abrumadora persistencia de la racionalización, es mejor que los panameños aprendamos a tolerar la primera porque en su espontaneidad y convivencia popular podemos descubrirla, ironizarla y divertirnos. Sin embargo, debemos ser muy cuidadosos con la racionalización, pues su extensión puede llevarnos al delirio colectivo.
http://www.prensa.com/impreso/opinion/culpa-y-racionalizacion-pedro-luis-prados-s/302015
Asumir la responsabilidad de sus actos es una de las experiencias morales más difíciles para el ser humano, porque todo acto libremente elegido remite a la responsabilidad por la comisión del mismo y revela nuestro carácter frente a los demás. Son la sumatoria de lo que somos y lo que seremos, y como dijera André Malraux: “Un hombre es lo que sus actos han hecho de él”. Si dichos actos corresponden a preceptos morales y convicciones fundadas, hablan de la personalidad y bonhomía de sus actores; si por el contrario se orientan a mezquinos intereses, al cohecho y a la corrupción son reveladores de la distorsión y carencia de autoestima de sus gestores. Son, en definitiva, el estandarte con que anunciamos ante los otros la intimidad de nuestra conciencia. No podemos desprendernos de ellos y se adhieren, como una corteza, que dice lo que somos ante la mirada de los demás.
La responsabilidad por la libre escogencia del acto conlleva a la culpa cuando entran en conflicto los fundamentos valorativos con la finalidad del acto. Al descarnar al acto de sus motivaciones y exponerlo como una decisión intransferible, la culpa toma posesión de la conciencia y corroe los cimientos de la moralidad personal. Así, desamparado y culpable el hombre se debate entre el peso de sus acciones y la necesidad de aceptación de los demás, por eso busca la expiación de la culpa de múltiples maneras, desde la penitencia religiosa hasta el encubrimiento de la falta. La confesión, la penitencia, al igual que la racionalización, son vías utilizadas para descargar la culpa y aligerar su peso, con la diferencia de que en la expiación religiosa se presume una auténtica compensación por vías de la fe, mientras que en la racionalización se articula un encubrimiento por camino de la justificación.
Fue Ernest Jones, discípulo de Freud, quien tipificó esta conducta y logró la descripción psicoanalítica de su evolución, diferenciándola de la mentira como forma de coludir una acción. A diferencia de la mentira, articulada para engañar a los demás por interés o necesidad, y de la cual su emisor tiene pleno conocimiento de la falsedad de sus presupuestos, la racionalización está sujeta a un discurso lógico elaborado para convencer a los demás de los motivos de la acción o para trasladar la responsabilidad a otros. De esta manera la racionalización se convierte en una justificación organizada intelectualmente para convencer a los demás partiendo del convencimiento personal del argumento. Se miente a sí mismo para mentir a los demás, con el resultado de la interiorización y asimilación de la “veracidad” del discurso. Se precipita en lo que Jean Paul Sartre denomina “mala fe” como existencia inauténtica.
El mayor riesgo de la racionalización es la posibilidad de desembocar en el delirio, con el cual se revelan rasgos esquizoides en el sujeto empeñado en convencer a los demás de sus argumentos. Posesionado de su verdad reitera, desdobla y añade nuevos elementos a su elaboración lógica provocando tal acumulación discursiva que dificulta su credibilidad, lo que conduce a actitudes histéricas y muchas veces a la pérdida de realidad. Entre más se empeña en convencer a los demás, menos credibilidad logra en su cometido, llevando su representación a manifestaciones histriónicas y al ridículo.
Por ser una conducta extendida entre los panameños, consecuencia de su precario nivel cultural y la inconsistencia de su patrones éticos, la mentira tiene carta de naturaleza y se practica como una forma de convivencia. En muchas ocasiones ni siquiera la confrontamos y nos basta una sonrisa irónica o un movimiento de cabeza para expresar nuestra incredulidad. Sin embargo, la racionalización ha sido asumida como una conducta inherente al ejercicio político, con la cual no solo se quiere exculpar la responsabilidad de los actos, sino convencer a los demás de la bondad de los mismos, haciendo uso de los más variados recursos mediáticos.
Como una enfermedad en plena evolución vemos políticos abanicarse con fajos de billetes argumentando que ese dinero era para obras de su comunidad; diputados tránsfugas explicando que su salto se debe a que el partido escogido refleja sus ideales de juventud; funcionarios judiciales desgañitarse explicando que el cierre de un expediente impide cualquiera reconsideración moral sobre lo actuado; dignatarios con el rostro enrojecido y los ojos entrecerrados ante las cámaras de televisión denunciando la calumnia de sus adversarios ante la falta de transparencia de sus actuaciones.
En fin, ante la cotidianeidad de la mentira y la abrumadora persistencia de la racionalización, es mejor que los panameños aprendamos a tolerar la primera porque en su espontaneidad y convivencia popular podemos descubrirla, ironizarla y divertirnos. Sin embargo, debemos ser muy cuidadosos con la racionalización, pues su extensión puede llevarnos al delirio colectivo.
http://www.prensa.com/impreso/opinion/culpa-y-racionalizacion-pedro-luis-prados-s/302015
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