Roberto Arosemena Jaén
Las encuestas no mienten ni pronostican el resultado de las elecciones. Solo indican, cuando son fiables y válidas, la forma en que el votante anticipa que votará. Precisamente, el motivo que aduce el Tribunal Electoral para prohibir encuestas días antes de las elecciones es la carga de publicidad engañosa que contienen y que afecta al grupo de adictos al poder mediático. El caso reciente de Costa Rica subraya el distanciamiento entre lo que se dice en la encuesta y lo que se hace el día del sufragio.
Nadie puede afirmar, por más “juega vivo” que sea, que el panameño se vende, se negocia, se corrompe o se hipoteca con un jamón, una promesa o una ilusión de más plata en el bolsillo. Ante esa duda, el politiquero afirma que “elige quien escruta”. Es decir, la elección del próximo presidente de la República al final dependerá del Tribunal Electoral y del poder constituido.
¿Quién fue elegido en las elecciones de 1984? Por supuesto, el candidato del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Nicolás Ardito Barletta. ¿Quién fue elegido en 1989? Ninguno, porque no convenía a los intereses del partido dominante.
La polarización, según las encuestas, se da entre el candidato del partido Cambio Democrático (CD) y el del PRD. La opinión pública de un sector dominante mediático establece que CD es una amenaza a la democracia y que el PRD lo derrotará en las urnas. Cambio Democrático, en cinco años, ha suscitado el temor que le costó al PRD cerca de 10 años, al transformarse desde 1980 en el trapo sucio de los cuarteles. Bajo esta hipótesis Ricardo Martinelli tiene la facultad de hacer lo que hizo el PRD y Manuel A. Noriega en 1984 y en 1989.
Si Martinelli y el CD no están en capacidad de hacer fraude o eliminar las elecciones, como sucedió en la década de 1980, la consigna “todos a votar por quien puede derrotar a Martinelli” es solo parte de una propaganda política más.
De cualquier modo, la sociedad panameña tiene que elegir la mejor propuesta y si ninguna es creíble, rechazarla en las urnas con el voto en blanco. Nos referimos al voto presidencial, por supuesto. Las consideraciones sobre diputados es otra. El bipartidismo tránsfuga en esta ocasión y el voto selectivo benefician a los independientes.
De todos modos, la ciudadanía tiene que enfrentarse no solo a la transparencia e inmediatez del escrutinio sino estar preparada para la resistencia democrática a cualquier intento de fraude. Luego, se tendrá que ejercer vigilancia continua y permanente para que cualquiera que sea el próximo Presidente se someta a la Constitución.
Inmediatamente, constituida la Asamblea, la ciudadanía tendrá que movilizarse para que no se repita el crimen político de los gobiernos postinvasión de comprar y dominar al poder legislativo mediante la autocracia presidencial. El adefesio de Asamblea Nacional ha permitido que un minúsculo partido, Cambio Democrático, que en 2004 era una ridícula ambición, después de 10 años es un peligro por su identificación con la partidocracia liberal.
¡Hasta cuándo la revocatoria del mandato presidencial va a estar en la Asamblea Nacional y no en la ciudadanía!
El próximo gobierno, dada la correlación aparente del electorado, tendrá que ser controlado por la nueva democracia participativa, ante la tremenda debilidad y desprestigio del actual esquema democrático representativo.
Esta democracia participativa debe levantar el compromiso del voto ciudadano en favor de la mejor alternativa, sin excluir el rechazo a la partidocracia y a la búsqueda de una constituyente que reconoce lo inviable de la representación partidista en el próximo quinquenio.
http://www.prensa.com/impreso/opinion/gobierno-2014-2019-roberto-arosemena-jaen/303185
viernes, 4 de abril de 2014
miércoles, 2 de abril de 2014
Culpa y racionalización
Pedro Luis Prados S.
Asumir la responsabilidad de sus actos es una de las experiencias morales más difíciles para el ser humano, porque todo acto libremente elegido remite a la responsabilidad por la comisión del mismo y revela nuestro carácter frente a los demás. Son la sumatoria de lo que somos y lo que seremos, y como dijera André Malraux: “Un hombre es lo que sus actos han hecho de él”. Si dichos actos corresponden a preceptos morales y convicciones fundadas, hablan de la personalidad y bonhomía de sus actores; si por el contrario se orientan a mezquinos intereses, al cohecho y a la corrupción son reveladores de la distorsión y carencia de autoestima de sus gestores. Son, en definitiva, el estandarte con que anunciamos ante los otros la intimidad de nuestra conciencia. No podemos desprendernos de ellos y se adhieren, como una corteza, que dice lo que somos ante la mirada de los demás.
La responsabilidad por la libre escogencia del acto conlleva a la culpa cuando entran en conflicto los fundamentos valorativos con la finalidad del acto. Al descarnar al acto de sus motivaciones y exponerlo como una decisión intransferible, la culpa toma posesión de la conciencia y corroe los cimientos de la moralidad personal. Así, desamparado y culpable el hombre se debate entre el peso de sus acciones y la necesidad de aceptación de los demás, por eso busca la expiación de la culpa de múltiples maneras, desde la penitencia religiosa hasta el encubrimiento de la falta. La confesión, la penitencia, al igual que la racionalización, son vías utilizadas para descargar la culpa y aligerar su peso, con la diferencia de que en la expiación religiosa se presume una auténtica compensación por vías de la fe, mientras que en la racionalización se articula un encubrimiento por camino de la justificación.
Fue Ernest Jones, discípulo de Freud, quien tipificó esta conducta y logró la descripción psicoanalítica de su evolución, diferenciándola de la mentira como forma de coludir una acción. A diferencia de la mentira, articulada para engañar a los demás por interés o necesidad, y de la cual su emisor tiene pleno conocimiento de la falsedad de sus presupuestos, la racionalización está sujeta a un discurso lógico elaborado para convencer a los demás de los motivos de la acción o para trasladar la responsabilidad a otros. De esta manera la racionalización se convierte en una justificación organizada intelectualmente para convencer a los demás partiendo del convencimiento personal del argumento. Se miente a sí mismo para mentir a los demás, con el resultado de la interiorización y asimilación de la “veracidad” del discurso. Se precipita en lo que Jean Paul Sartre denomina “mala fe” como existencia inauténtica.
El mayor riesgo de la racionalización es la posibilidad de desembocar en el delirio, con el cual se revelan rasgos esquizoides en el sujeto empeñado en convencer a los demás de sus argumentos. Posesionado de su verdad reitera, desdobla y añade nuevos elementos a su elaboración lógica provocando tal acumulación discursiva que dificulta su credibilidad, lo que conduce a actitudes histéricas y muchas veces a la pérdida de realidad. Entre más se empeña en convencer a los demás, menos credibilidad logra en su cometido, llevando su representación a manifestaciones histriónicas y al ridículo.
Por ser una conducta extendida entre los panameños, consecuencia de su precario nivel cultural y la inconsistencia de su patrones éticos, la mentira tiene carta de naturaleza y se practica como una forma de convivencia. En muchas ocasiones ni siquiera la confrontamos y nos basta una sonrisa irónica o un movimiento de cabeza para expresar nuestra incredulidad. Sin embargo, la racionalización ha sido asumida como una conducta inherente al ejercicio político, con la cual no solo se quiere exculpar la responsabilidad de los actos, sino convencer a los demás de la bondad de los mismos, haciendo uso de los más variados recursos mediáticos.
Como una enfermedad en plena evolución vemos políticos abanicarse con fajos de billetes argumentando que ese dinero era para obras de su comunidad; diputados tránsfugas explicando que su salto se debe a que el partido escogido refleja sus ideales de juventud; funcionarios judiciales desgañitarse explicando que el cierre de un expediente impide cualquiera reconsideración moral sobre lo actuado; dignatarios con el rostro enrojecido y los ojos entrecerrados ante las cámaras de televisión denunciando la calumnia de sus adversarios ante la falta de transparencia de sus actuaciones.
En fin, ante la cotidianeidad de la mentira y la abrumadora persistencia de la racionalización, es mejor que los panameños aprendamos a tolerar la primera porque en su espontaneidad y convivencia popular podemos descubrirla, ironizarla y divertirnos. Sin embargo, debemos ser muy cuidadosos con la racionalización, pues su extensión puede llevarnos al delirio colectivo.
http://www.prensa.com/impreso/opinion/culpa-y-racionalizacion-pedro-luis-prados-s/302015
Asumir la responsabilidad de sus actos es una de las experiencias morales más difíciles para el ser humano, porque todo acto libremente elegido remite a la responsabilidad por la comisión del mismo y revela nuestro carácter frente a los demás. Son la sumatoria de lo que somos y lo que seremos, y como dijera André Malraux: “Un hombre es lo que sus actos han hecho de él”. Si dichos actos corresponden a preceptos morales y convicciones fundadas, hablan de la personalidad y bonhomía de sus actores; si por el contrario se orientan a mezquinos intereses, al cohecho y a la corrupción son reveladores de la distorsión y carencia de autoestima de sus gestores. Son, en definitiva, el estandarte con que anunciamos ante los otros la intimidad de nuestra conciencia. No podemos desprendernos de ellos y se adhieren, como una corteza, que dice lo que somos ante la mirada de los demás.
La responsabilidad por la libre escogencia del acto conlleva a la culpa cuando entran en conflicto los fundamentos valorativos con la finalidad del acto. Al descarnar al acto de sus motivaciones y exponerlo como una decisión intransferible, la culpa toma posesión de la conciencia y corroe los cimientos de la moralidad personal. Así, desamparado y culpable el hombre se debate entre el peso de sus acciones y la necesidad de aceptación de los demás, por eso busca la expiación de la culpa de múltiples maneras, desde la penitencia religiosa hasta el encubrimiento de la falta. La confesión, la penitencia, al igual que la racionalización, son vías utilizadas para descargar la culpa y aligerar su peso, con la diferencia de que en la expiación religiosa se presume una auténtica compensación por vías de la fe, mientras que en la racionalización se articula un encubrimiento por camino de la justificación.
Fue Ernest Jones, discípulo de Freud, quien tipificó esta conducta y logró la descripción psicoanalítica de su evolución, diferenciándola de la mentira como forma de coludir una acción. A diferencia de la mentira, articulada para engañar a los demás por interés o necesidad, y de la cual su emisor tiene pleno conocimiento de la falsedad de sus presupuestos, la racionalización está sujeta a un discurso lógico elaborado para convencer a los demás de los motivos de la acción o para trasladar la responsabilidad a otros. De esta manera la racionalización se convierte en una justificación organizada intelectualmente para convencer a los demás partiendo del convencimiento personal del argumento. Se miente a sí mismo para mentir a los demás, con el resultado de la interiorización y asimilación de la “veracidad” del discurso. Se precipita en lo que Jean Paul Sartre denomina “mala fe” como existencia inauténtica.
El mayor riesgo de la racionalización es la posibilidad de desembocar en el delirio, con el cual se revelan rasgos esquizoides en el sujeto empeñado en convencer a los demás de sus argumentos. Posesionado de su verdad reitera, desdobla y añade nuevos elementos a su elaboración lógica provocando tal acumulación discursiva que dificulta su credibilidad, lo que conduce a actitudes histéricas y muchas veces a la pérdida de realidad. Entre más se empeña en convencer a los demás, menos credibilidad logra en su cometido, llevando su representación a manifestaciones histriónicas y al ridículo.
Por ser una conducta extendida entre los panameños, consecuencia de su precario nivel cultural y la inconsistencia de su patrones éticos, la mentira tiene carta de naturaleza y se practica como una forma de convivencia. En muchas ocasiones ni siquiera la confrontamos y nos basta una sonrisa irónica o un movimiento de cabeza para expresar nuestra incredulidad. Sin embargo, la racionalización ha sido asumida como una conducta inherente al ejercicio político, con la cual no solo se quiere exculpar la responsabilidad de los actos, sino convencer a los demás de la bondad de los mismos, haciendo uso de los más variados recursos mediáticos.
Como una enfermedad en plena evolución vemos políticos abanicarse con fajos de billetes argumentando que ese dinero era para obras de su comunidad; diputados tránsfugas explicando que su salto se debe a que el partido escogido refleja sus ideales de juventud; funcionarios judiciales desgañitarse explicando que el cierre de un expediente impide cualquiera reconsideración moral sobre lo actuado; dignatarios con el rostro enrojecido y los ojos entrecerrados ante las cámaras de televisión denunciando la calumnia de sus adversarios ante la falta de transparencia de sus actuaciones.
En fin, ante la cotidianeidad de la mentira y la abrumadora persistencia de la racionalización, es mejor que los panameños aprendamos a tolerar la primera porque en su espontaneidad y convivencia popular podemos descubrirla, ironizarla y divertirnos. Sin embargo, debemos ser muy cuidadosos con la racionalización, pues su extensión puede llevarnos al delirio colectivo.
http://www.prensa.com/impreso/opinion/culpa-y-racionalizacion-pedro-luis-prados-s/302015
domingo, 23 de marzo de 2014
Una mirada a las tecnohumanidades
Francisco Díaz Montilla
Señala el Banco Mundial que “vivimos en una economía basada en el conocimiento (...). Tener conocimientos y saber qué hacer con ellos es sumamente importante, sobre todo, para las personas pobres que quedan al margen de esta economía del conocimiento”. Se trata, pues, de un escenario en que el conocimiento “está siendo sistemáticamente incorporado a la producción de bienes y servicios, transformando procesos no solo económicos sino sociales”. (Dulce María Herrera: La economía basada en el conocimiento). La educación ha de contribuir a ello, sobre todo en el nivel superior.
Podemos, entonces, preguntar ¿cuál es el rol de las llamadas humanidades en ese proceso? Al parecer ninguno, pues –como apunta Martha Nussbaum (Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades)– dichas disciplinas son “concebidas como ornamentos inútiles por quienes definen las políticas estatales en un momento en que las naciones deben eliminar todo lo que no tenga ninguna utilidad para ser competitivas en el mercado global”.
¿Hay alguna salida? Depende. Parte del problema es que con el tiempo las humanidades han devenido en presa de sus propios mitos: Son imprescindibles para una educación integral; son liberadoras; existe una naturaleza/esencia humana que ellas cultivan, perfeccionan y dotan de sentido, mientras que la tecno-ciencia la distorsiona y socava, entre otros.
La apología de las humanidades han profundizado distinciones que no tienen sentido, así vemos la “cultura humanística contra la científica”, como si la ciencia (y por extensión la tecnología) fuesen prácticas desvinculadas de lo humano. Incluso una autora tan lúcida como la propia Nussbaum contribuye a ello al hablar, por ejemplo, de “educación para la renta”, como algo opuesto a “educación para la democracia”. Si la democracia es un asunto ciudadano de carta mayor, no menos lo es la renta (economía) de las personas, cuya solución garantiza la estabilidad de aquella. Es falsa la oposición educar para la renta-educar para la democracia, pues las capacidades (libertades) políticas de las personas en democracia tienen muy poco sentido sin el respaldo en capacidades (libertades) económicas (de renta).
Discursos como estos tienen impacto mínimo, si no es que nulo, en los tomadores de decisiones educativas. Y es evidente que un discurso que no tiene mayores efectos ha de replantearse o reformularse.
En este sentido, lo tecno-científico es un escenario ideal para abordar la condición humana actual. A esta síntesis (tecno-ciencia y condición humana) la denominamos tecno humanidades. Su finalidad sería no tanto advertir peligros a los que nos abocamos, o el abismo inevitable que nos espera, o la crisis insuperable en la que estamos inmersos, pues –por aplicación del principio de Copérnico– no hay razones para pensar que hoy las cosas son radicalmente distintas a cualquier punto arbitrario del pasado. Se trata más bien de evaluar las posibilidades actualizadas por las que transitamos tecnológica y científicamente, y sus consecuencias en nuestras vidas.
http://impresa.prensa.com/opinion/mirada-tecnohumanidades-Francisco-Diaz-Montilla_0_3895860513.html
Señala el Banco Mundial que “vivimos en una economía basada en el conocimiento (...). Tener conocimientos y saber qué hacer con ellos es sumamente importante, sobre todo, para las personas pobres que quedan al margen de esta economía del conocimiento”. Se trata, pues, de un escenario en que el conocimiento “está siendo sistemáticamente incorporado a la producción de bienes y servicios, transformando procesos no solo económicos sino sociales”. (Dulce María Herrera: La economía basada en el conocimiento). La educación ha de contribuir a ello, sobre todo en el nivel superior.
Podemos, entonces, preguntar ¿cuál es el rol de las llamadas humanidades en ese proceso? Al parecer ninguno, pues –como apunta Martha Nussbaum (Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades)– dichas disciplinas son “concebidas como ornamentos inútiles por quienes definen las políticas estatales en un momento en que las naciones deben eliminar todo lo que no tenga ninguna utilidad para ser competitivas en el mercado global”.
¿Hay alguna salida? Depende. Parte del problema es que con el tiempo las humanidades han devenido en presa de sus propios mitos: Son imprescindibles para una educación integral; son liberadoras; existe una naturaleza/esencia humana que ellas cultivan, perfeccionan y dotan de sentido, mientras que la tecno-ciencia la distorsiona y socava, entre otros.
La apología de las humanidades han profundizado distinciones que no tienen sentido, así vemos la “cultura humanística contra la científica”, como si la ciencia (y por extensión la tecnología) fuesen prácticas desvinculadas de lo humano. Incluso una autora tan lúcida como la propia Nussbaum contribuye a ello al hablar, por ejemplo, de “educación para la renta”, como algo opuesto a “educación para la democracia”. Si la democracia es un asunto ciudadano de carta mayor, no menos lo es la renta (economía) de las personas, cuya solución garantiza la estabilidad de aquella. Es falsa la oposición educar para la renta-educar para la democracia, pues las capacidades (libertades) políticas de las personas en democracia tienen muy poco sentido sin el respaldo en capacidades (libertades) económicas (de renta).
Discursos como estos tienen impacto mínimo, si no es que nulo, en los tomadores de decisiones educativas. Y es evidente que un discurso que no tiene mayores efectos ha de replantearse o reformularse.
En este sentido, lo tecno-científico es un escenario ideal para abordar la condición humana actual. A esta síntesis (tecno-ciencia y condición humana) la denominamos tecno humanidades. Su finalidad sería no tanto advertir peligros a los que nos abocamos, o el abismo inevitable que nos espera, o la crisis insuperable en la que estamos inmersos, pues –por aplicación del principio de Copérnico– no hay razones para pensar que hoy las cosas son radicalmente distintas a cualquier punto arbitrario del pasado. Se trata más bien de evaluar las posibilidades actualizadas por las que transitamos tecnológica y científicamente, y sus consecuencias en nuestras vidas.
http://impresa.prensa.com/opinion/mirada-tecnohumanidades-Francisco-Diaz-Montilla_0_3895860513.html
lunes, 3 de marzo de 2014
Nueva etapa
Francisco Díaz Montilla
Una mirada fugaz al Departamento de Filosofía de la UP es suficiente para llegar a la conclusión de que se trata de una instancia académica que sencillamente se ha quedado rezagada; los hechos, el presente, nos han superado. Incluso decir que "marchamos" por inercia pudiera resultar una osadía.
Tal vez cada uno de nostros pueda explicar qué ha sucedido y enumerar mil y una razón sobre el particular. Pero eso serviría de muy poco, si de lo que se trata es de superar el actual estado de cosas.
Muchas son las interrogantes que hay que atender: el sentido de las disciplinas filosóficas, su enseñanza, la pertinencia de la investigación en nuestro medio, entre otras. Lamentablemente, no hemos tenido la oportunidad de debatir estas y otras cuestiones.
Por eso, estamos convencidos de que Facebook constituye una maravillosa oportunidad para el debate de ideas, libre, sin precondiciones, para la (re)vitalización de la reflexión filosófica. Ese es el fin de este espacio que ahora el Departamento de Filosofía presenta a quienes por distintas razones les interesa el hacer filosófico.
Hemos creído conveniente el diseño de un plan de acción estructurado a partir de seis ejes:
Una mirada fugaz al Departamento de Filosofía de la UP es suficiente para llegar a la conclusión de que se trata de una instancia académica que sencillamente se ha quedado rezagada; los hechos, el presente, nos han superado. Incluso decir que "marchamos" por inercia pudiera resultar una osadía.
Tal vez cada uno de nostros pueda explicar qué ha sucedido y enumerar mil y una razón sobre el particular. Pero eso serviría de muy poco, si de lo que se trata es de superar el actual estado de cosas.
Muchas son las interrogantes que hay que atender: el sentido de las disciplinas filosóficas, su enseñanza, la pertinencia de la investigación en nuestro medio, entre otras. Lamentablemente, no hemos tenido la oportunidad de debatir estas y otras cuestiones.
Por eso, estamos convencidos de que Facebook constituye una maravillosa oportunidad para el debate de ideas, libre, sin precondiciones, para la (re)vitalización de la reflexión filosófica. Ese es el fin de este espacio que ahora el Departamento de Filosofía presenta a quienes por distintas razones les interesa el hacer filosófico.
Hemos creído conveniente el diseño de un plan de acción estructurado a partir de seis ejes:
- Actualización de los planes y programas de estudios de filosofía.
- Perfeccionamiento y actualización de los profesionales de la filosofía.
- Fortalecimiento de las relaciones con egresados.
- Fortalecimiento de las relaciones interdepartamentales e interinstitucionales.
- Promoción y divulgación de la filosofía.
- Inserción de la filosofía en la comunidad.
sábado, 8 de febrero de 2014
Frente a la propaganda, reflexión
Roberto Arosemena Jaén
La política conduce a la desesperación cuando se desconoce la historia y no se goza de un fuerte sentido de moral pública. La sociedad alemana sucumbió a la propaganda nazista, solo se liberaron los que tenían alta cultura y fortaleza moral. La muchedumbre es sometida desde adentro, psicológicamente, pero hay individuos que logran blindarse. En esto consiste la esperanza.
Panamá está a punto de sucumbir a los mazazos publicitarios del equipo de Ricardo Martinelli. Estos son de dos tipos: lo concerniente a las elecciones del 4 de mayo próximo, y lo relacionado a la disolución del contrato entre Grupo Unidos por el Canal (GUPC) y la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).
Los mazazos publicitarios para ganar las elecciones presidenciales de mayo se reducen a una publicidad atractiva, con base a consejos, obras y fantasías de “Martinelli presidente” y a encuestas sobre el “Mimito presidente”. Con estas tácticas propagandísticas, analistas y experimentados políticos partidistas van cayendo en el derrotismo contagioso. El triunfalismo de CD es creciente y se va consolidando el mito de que ganará el que está dando y corrompiendo.
El mazazo publicitario de la ACP se desató cuando Martinelli dijo, palabras más, palabras menos: “El contrato se cumple o se van. Panamá no cede al chantaje”. Desde ese momento la ACP repitió no cederemos al chantaje y el Canal tiene la plata para terminar el trabajo de la ampliación.
Las prácticas del buen negocio se olvidaron y surge el pugilato de quien grita más. En instantes, España regresó con los espejitos que se habían roto en 1821. La muchedumbre exaltada repitió: “Si el contrato no se cumple, viva Panamá”. El enemigo común, propio del nazismo, se creó en semanas.
Todavía no se sabe cuánto costará reincidir el contrato de marras. Jorge Quijano se dio cuenta en el último momento que más valía la sangre fría y, desde entonces, crece la voz de abandonar la demagogia de la religión de todos los panameños y sacar la calculadora para comparar los costos y el tiempo de la “Alternativa B”. Si es que hay algo más económico que la alternativa en marcha.
Los que conocen el tratado de funcionamiento del Canal, el mismo que el de neutralidad, saben que los peajes –que pagan las navieras– se destinan para el funcionamiento ininterrumpido del Canal de esclusas, y que si hay excedentes, solo si hay, estos pasan al Tesoro Nacional o al manejo presupuestario del gobierno de turno. Cuidado que no alcancen ni siquiera para cubrir el pago por tonelaje neto que se recibió en 1999.
En términos prácticos esto significa que la ampliación del Canal la pagan los usuarios y cualquier sobrecosto de la obra afectará los peajes y las transferencias que se hagan al Tesoro Nacional. Este es el problema que desató la impetuosidad del Presidente de cerrar cualquier arreglo fuera de la letra del contrato, sin considerar un acuerdo para finalizar la obra al menor costo y al menor tiempo. ¿ Y los candidatos que hablaron con Joe Biden, al respecto?
Lo cierto de estos mazazos a la estabilidad social, en este período, es que el escenario electoral está modificándose, día a día. Hay que empezar a preguntar si el continuismo del gobierno Martinelli es la mejor garantía para el aumento de peajes y para mantener los aportes al Tesoro.
¿Será el colapso de las festividades del centenario del Canal de esclusas razón para que el electorado y los financistas de la partidocracia opten por nuevas alternativas y desplacen sus contribuciones secretas hacia otros candidatos?
Por el momento, se puede manejar la hipótesis de que Martinelli no meterá las manos en la ACP, que la sociedad panameña deje de ser manipulada por querellas contractuales y que la administradora del funcionamiento del negocio canalero resuelva su problema de sobrecostos sin perjudicar los pagos al erario.
http://impresa.prensa.com/opinion/Frente-propaganda-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3863613670.html
La política conduce a la desesperación cuando se desconoce la historia y no se goza de un fuerte sentido de moral pública. La sociedad alemana sucumbió a la propaganda nazista, solo se liberaron los que tenían alta cultura y fortaleza moral. La muchedumbre es sometida desde adentro, psicológicamente, pero hay individuos que logran blindarse. En esto consiste la esperanza.
Panamá está a punto de sucumbir a los mazazos publicitarios del equipo de Ricardo Martinelli. Estos son de dos tipos: lo concerniente a las elecciones del 4 de mayo próximo, y lo relacionado a la disolución del contrato entre Grupo Unidos por el Canal (GUPC) y la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).
Los mazazos publicitarios para ganar las elecciones presidenciales de mayo se reducen a una publicidad atractiva, con base a consejos, obras y fantasías de “Martinelli presidente” y a encuestas sobre el “Mimito presidente”. Con estas tácticas propagandísticas, analistas y experimentados políticos partidistas van cayendo en el derrotismo contagioso. El triunfalismo de CD es creciente y se va consolidando el mito de que ganará el que está dando y corrompiendo.
El mazazo publicitario de la ACP se desató cuando Martinelli dijo, palabras más, palabras menos: “El contrato se cumple o se van. Panamá no cede al chantaje”. Desde ese momento la ACP repitió no cederemos al chantaje y el Canal tiene la plata para terminar el trabajo de la ampliación.
Las prácticas del buen negocio se olvidaron y surge el pugilato de quien grita más. En instantes, España regresó con los espejitos que se habían roto en 1821. La muchedumbre exaltada repitió: “Si el contrato no se cumple, viva Panamá”. El enemigo común, propio del nazismo, se creó en semanas.
Todavía no se sabe cuánto costará reincidir el contrato de marras. Jorge Quijano se dio cuenta en el último momento que más valía la sangre fría y, desde entonces, crece la voz de abandonar la demagogia de la religión de todos los panameños y sacar la calculadora para comparar los costos y el tiempo de la “Alternativa B”. Si es que hay algo más económico que la alternativa en marcha.
Los que conocen el tratado de funcionamiento del Canal, el mismo que el de neutralidad, saben que los peajes –que pagan las navieras– se destinan para el funcionamiento ininterrumpido del Canal de esclusas, y que si hay excedentes, solo si hay, estos pasan al Tesoro Nacional o al manejo presupuestario del gobierno de turno. Cuidado que no alcancen ni siquiera para cubrir el pago por tonelaje neto que se recibió en 1999.
En términos prácticos esto significa que la ampliación del Canal la pagan los usuarios y cualquier sobrecosto de la obra afectará los peajes y las transferencias que se hagan al Tesoro Nacional. Este es el problema que desató la impetuosidad del Presidente de cerrar cualquier arreglo fuera de la letra del contrato, sin considerar un acuerdo para finalizar la obra al menor costo y al menor tiempo. ¿ Y los candidatos que hablaron con Joe Biden, al respecto?
Lo cierto de estos mazazos a la estabilidad social, en este período, es que el escenario electoral está modificándose, día a día. Hay que empezar a preguntar si el continuismo del gobierno Martinelli es la mejor garantía para el aumento de peajes y para mantener los aportes al Tesoro.
¿Será el colapso de las festividades del centenario del Canal de esclusas razón para que el electorado y los financistas de la partidocracia opten por nuevas alternativas y desplacen sus contribuciones secretas hacia otros candidatos?
Por el momento, se puede manejar la hipótesis de que Martinelli no meterá las manos en la ACP, que la sociedad panameña deje de ser manipulada por querellas contractuales y que la administradora del funcionamiento del negocio canalero resuelva su problema de sobrecostos sin perjudicar los pagos al erario.
http://impresa.prensa.com/opinion/Frente-propaganda-Roberto-Arosemena-Jaen_0_3863613670.html
viernes, 7 de febrero de 2014
Racionalidad económica y control de precios
Francisco Díaz Montilla
Siguiendo a Max Weber (Economía y sociedad: Esbozo de sociología comprensiva), el adjetivo “económico” y el sustantivo “economía” podrían entenderse desde un punto de vista formal y/o sustantivo. Mientras que el primer sentido se refiere a una modalidad de la conducta (las acciones motivadas por el cálculo racional que busca maximizar el beneficio u optimizar los medios en relación a los fines), el segundo se refiere a un sector de la cultura (actividades, indicadores o procesos que tienen que ver con la creación, distribución o consumo de bienes y servicios).
A ambos sentidos corresponden especies distintas (complementarias según algunos) de racionalidad: la formal y la material. Según Weber, la racionalidad formal de una gestión económica es “el grado de cálculo que le es técnicamente posible y que aplica realmente”. Mientras que la racionalidad material es “el grado en que el abastecimiento de bienes dentro de un grupo de hombres (cualesquiera que sean sus límites) tiene lugar por medio de una acción social de carácter económico, orientada por determinados postulados de valor (cualquiera que sea su clase), de suerte que en aquella acción fue contemplada, lo será o puede serlo, desde la perspectiva de tales postulados de valor”.
Desde el punto de vista weberiano, la racionalidad económica no solo se refiere a la optimización de medios y fines, sino también al “abastecimiento de bienes dentro de un grupo orientado por postulados de valor”. Ambas racionalidades admiten cálculo, pero mientras que la primera atiende solo a la satisfacción de necesidades individuales, la segunda considera exigencias éticas y políticas. Esta distinción es particularmente importante en la actual coyuntura panameña.
Desde el punto de vista liberal, el “espacio” en el que la racionalidad formal se explaya sería el mercado, en tanto que es una consecuencia natural de necesidades que satisfacer bajo parámetros de optimización, tanto por los demandantes como por lo oferentes. Bajo este supuesto, la consecuencia lógica sería la funcionalidad del mercado; que –bajo dichos criterios– se puede considerar máximamente consistente (estable). Esa consistencia colapsaría cuando elementos ajenos a tales parámetros son agregados.
¿Pero no es eso en lo que desemboca la racionalidad sustantiva o material a la que se refiere Weber? Una estrategia de control de precios, por ejemplo, aspira a que el abastecimiento de bienes tenga lugar por medio de una acción social orientada por determinados postulados de valor, algunos –tal vez– más demagógicos que otros (v.g., la justicia social o económica, poner alto a la especulación, etc.).
¿No obstante, se logran realmente dichos postulados? Pienso que no; de hecho los efectos suelen ser los opuestos: menos producción, menos acceso a productos, precios más altos, entre otros. Por esto, las consecuencias prácticas inmediatas son al menos dos: la primera, los sectores sociales a los que esas estrategias pretenden amparar terminan siendo más perjudicados. La segunda, el sistema económico es menos estable en un contexto de control de precios (léase de intervención gubernamental) a uno en el que la dinámica de las relaciones económicas está determinada por las capacidades reales y potenciales de los individuos; en cuyo caso, serían más los perjudicados que los beneficiados.
http://impresa.prensa.com/opinion/Racionalidad-economica-Francisco-Diaz-Montilla_0_3862863769.html
Siguiendo a Max Weber (Economía y sociedad: Esbozo de sociología comprensiva), el adjetivo “económico” y el sustantivo “economía” podrían entenderse desde un punto de vista formal y/o sustantivo. Mientras que el primer sentido se refiere a una modalidad de la conducta (las acciones motivadas por el cálculo racional que busca maximizar el beneficio u optimizar los medios en relación a los fines), el segundo se refiere a un sector de la cultura (actividades, indicadores o procesos que tienen que ver con la creación, distribución o consumo de bienes y servicios).
A ambos sentidos corresponden especies distintas (complementarias según algunos) de racionalidad: la formal y la material. Según Weber, la racionalidad formal de una gestión económica es “el grado de cálculo que le es técnicamente posible y que aplica realmente”. Mientras que la racionalidad material es “el grado en que el abastecimiento de bienes dentro de un grupo de hombres (cualesquiera que sean sus límites) tiene lugar por medio de una acción social de carácter económico, orientada por determinados postulados de valor (cualquiera que sea su clase), de suerte que en aquella acción fue contemplada, lo será o puede serlo, desde la perspectiva de tales postulados de valor”.
Desde el punto de vista weberiano, la racionalidad económica no solo se refiere a la optimización de medios y fines, sino también al “abastecimiento de bienes dentro de un grupo orientado por postulados de valor”. Ambas racionalidades admiten cálculo, pero mientras que la primera atiende solo a la satisfacción de necesidades individuales, la segunda considera exigencias éticas y políticas. Esta distinción es particularmente importante en la actual coyuntura panameña.
Desde el punto de vista liberal, el “espacio” en el que la racionalidad formal se explaya sería el mercado, en tanto que es una consecuencia natural de necesidades que satisfacer bajo parámetros de optimización, tanto por los demandantes como por lo oferentes. Bajo este supuesto, la consecuencia lógica sería la funcionalidad del mercado; que –bajo dichos criterios– se puede considerar máximamente consistente (estable). Esa consistencia colapsaría cuando elementos ajenos a tales parámetros son agregados.
¿Pero no es eso en lo que desemboca la racionalidad sustantiva o material a la que se refiere Weber? Una estrategia de control de precios, por ejemplo, aspira a que el abastecimiento de bienes tenga lugar por medio de una acción social orientada por determinados postulados de valor, algunos –tal vez– más demagógicos que otros (v.g., la justicia social o económica, poner alto a la especulación, etc.).
¿No obstante, se logran realmente dichos postulados? Pienso que no; de hecho los efectos suelen ser los opuestos: menos producción, menos acceso a productos, precios más altos, entre otros. Por esto, las consecuencias prácticas inmediatas son al menos dos: la primera, los sectores sociales a los que esas estrategias pretenden amparar terminan siendo más perjudicados. La segunda, el sistema económico es menos estable en un contexto de control de precios (léase de intervención gubernamental) a uno en el que la dinámica de las relaciones económicas está determinada por las capacidades reales y potenciales de los individuos; en cuyo caso, serían más los perjudicados que los beneficiados.
http://impresa.prensa.com/opinion/Racionalidad-economica-Francisco-Diaz-Montilla_0_3862863769.html
miércoles, 5 de febrero de 2014
Comunicado Contra la violencia fascista en Venezuela
Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad
Desde hace varias semanas la derecha fascista en Venezuela ha venido llevando a cabo un conjunto de acciones de desestabilización, orquestadas en acompañamiento con las agencias de inteligencia del imperialismo. El plan tiene como principal objetivo generar situaciones de violencia en las calles, especialmente en los Estados fronterizos con la República de Colombia. Dentro de estas acciones se sitúa el asedio y ataque a la Residencia del Gobernador José Vielma Mora en el Estado Táchira, del cual fueron víctimas su esposa, hijos y niños en condiciones especiales que reciben allí tratamiento médico. Lideradas y aupadas por partidos de extrema derecha como Voluntad Popular, estas acciones se repitieron en otras ciudades del país provocando heridos, cierre de calles, destrucción de propiedad pública y privada, así como actos de provocación a las fuerzas policiales; hasta que en el día de ayer, 12 de Febrero, fecha en la que se realizaban los actos en conmemoración del Bicentenario de la Batalla de La Victoria y Día de la Juventud, la violencia hizo máxima eclosión tras sendas manifestaciones pacíficas de parte de jóvenes revolucionarios y de oposición, con un saldo terrible de tres personas muertas, la quema de cinco vehículos oficiales, la destrucción de la fachada de la sede principal de la Fiscalía General de la República, y el asedio e intento de destrucción de varias oficinas de instancias judiciales y gubernamentales, que hacen pensar en un plan de tipo ucraniano. Todo ello en coincidencia con el continuo llamado público de Leopoldo López y María Corina Machado de “salir a la calle sin retorno”, hasta lograr que el Presidente de la República renuncie.
http://segundacita.blogspot.com/2014/02/comunicado-de-la-red-de-intelectuales.html
Desde hace varias semanas la derecha fascista en Venezuela ha venido llevando a cabo un conjunto de acciones de desestabilización, orquestadas en acompañamiento con las agencias de inteligencia del imperialismo. El plan tiene como principal objetivo generar situaciones de violencia en las calles, especialmente en los Estados fronterizos con la República de Colombia. Dentro de estas acciones se sitúa el asedio y ataque a la Residencia del Gobernador José Vielma Mora en el Estado Táchira, del cual fueron víctimas su esposa, hijos y niños en condiciones especiales que reciben allí tratamiento médico. Lideradas y aupadas por partidos de extrema derecha como Voluntad Popular, estas acciones se repitieron en otras ciudades del país provocando heridos, cierre de calles, destrucción de propiedad pública y privada, así como actos de provocación a las fuerzas policiales; hasta que en el día de ayer, 12 de Febrero, fecha en la que se realizaban los actos en conmemoración del Bicentenario de la Batalla de La Victoria y Día de la Juventud, la violencia hizo máxima eclosión tras sendas manifestaciones pacíficas de parte de jóvenes revolucionarios y de oposición, con un saldo terrible de tres personas muertas, la quema de cinco vehículos oficiales, la destrucción de la fachada de la sede principal de la Fiscalía General de la República, y el asedio e intento de destrucción de varias oficinas de instancias judiciales y gubernamentales, que hacen pensar en un plan de tipo ucraniano. Todo ello en coincidencia con el continuo llamado público de Leopoldo López y María Corina Machado de “salir a la calle sin retorno”, hasta lograr que el Presidente de la República renuncie.
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